jueves, 2 de febrero de 2012


Bernardo Rafael Álvarez responde a Bonifacio


1)                 ¿Tienes alguna objeción contra el mar?
Contra el mar, ninguna. Todo lo contrario. Me alegra saber que no solo somos tierra, que hay una inmensidad salada, azul, intranquila que choca con el cielo y a veces es parte de él, al menos en nuestros ojos. Mi reproche, más bien, se dirige contra mí mismo por no saber nadar y no poder zambullirme en sus profundidades pobladas de luz y colores que pugnan por emerger.

2)                 ¿En qué partes de la Tierra crees que se podría plantar árboles de poesía?
Yo los plantaría justo allí donde debió haber sido plantado el "árbol de la ciencia del bien y del mal": en el filo de la navaja. Al costado podría un letrerito, como aquellos que prohíben pisar el césped, en el que diga: "Este es el árbol del bien. Lo demás es abismo."

3)                 ¿Es la soledad principio o fin de todo lo que existe?
Es el principio y es el fin. Pero a veces, muchas veces, se comporta como una compañía protectora y nutritiva de la existencia. Como lo he escrito en un poema, la soledad ya no es, ahora, lo que era antes: “ya no es un desierto, ahora es un bosque”. La tecnología ha hecho eso. Las “redes sociales” ha creado el regocijo de la bulliciosa soledad compartida.

4)                 ¿Qué prefieres ser: buen escritor pero desdichado o uno mediocre o pasable pero feliz?
Quisiera ser un buen escritor, pero no desdichado. Solo me he quedado en ser humano medianamente feliz. Creo que aún tengo, al menos, un cuarto de hora por delante para lograr hacer realidad mis deseos.

5)                 ¿Es la locura un ingrediente básico del verdadero genio?
Creo, más bien, que la genialidad podría ser un ingrediente básico de la locura: Porque la genialidad, si bien no implica una vocación por el deicidio, sí es una virtual suplantación de Dios. Y esto es, pues, una reverenda y bendita locura. Pero, claro, hay genios y genios: hay el genio de razón y pasión, y hay el genio de mente.

6)                 Sinceramente, ¿qué piensas de todos aquellos que te rodean y que no escriben o no se dedican a ninguna actividad artística?
Pienso que son más valiosos que yo, o, para no ser tan patético, menos inútiles. No hay ley (ni de Dios ni de los hombres) que mande, ni necesidad que obligue, a que todos sean escritores o artistas. Quienes me rodean son mis seres queridos. Y eso me hace dichoso.

7)                 ¿Has dicho la verdad cuando has mentido o mentido cuando hablabas en serio?
El hecho de dedicarme a escribir poemas ya es razón para pensar que, efectivamente, miento y digo la verdad en un zas. Pero, ojo, la mentira del poeta o del artista no es lo mismo que la mentira de un político, pues la de este es mendacidad; por eso, aún bien bañado, hiede. La poesía es aroma, a pesar de su drama.

8)                 ¿Qué o a quién no soportas?
Son insoportables las personas que insultan. Acepto discrepancias, pero jamás insultos. Porque yo no insulto a nadie. Como reza el dicho, respetos guardan respetos.

9)                 ¿Cuál es tu principal fobia o miedo, cuál tu principal placer o amor?
Mi principal placer el amor, mi principal amor, el de mis hijos. ¿Fobia? Más que fobia, cólera: cuando veo que apedrean a los perros por el solo hecho de ladrar, como si esperaran que en lugar de emitir ladridos estos animales piaran graznaran relincharan o rebuznaran. Pero, sí, tengo alguna fobia: subir por los cerros.

10)             Si alguien te dijera que en realidad no le gusta tu trabajo literario, del tipo que sea, aunque muchos digan lo contrario, ¿cómo te sentirías y qué le dirías?
Me alegraría, porque así tendría yo la certeza de que alguien, al menos, me ha leído y ha tenido el cuidado de poner atención en mis escritos. Es insoportable (ojo: he aquí otra cosa que no soporto) que todo el mundo te diga, “oye, qué bacán tu poesía”, solo para complacerte sin siquiera haberla leído, lo cual, además, en lugar de ayudarte, te adormece, no te estimula.

11)             ¿Alguna opinión sobre los políticos y la política de tu medio?
¿Sobre los políticos y nuestra política? Pues doy gracias a Dios por su existencia (la de los políticos, digo), porque gracias a ellos tenemos humor del bueno los fines de semana.

12)             ¿Por qué no has leído todos los libros que reposan en tu biblioteca? ¿Haces poda periódica de ellos?
Alguien me contó alguna vez que un Presidente -probablemente Miguel Iglesias- le preguntó a don Ricardo Palma, al ver su frondosa biblioteca, si había leído todos los libros que allí se encontraban. El genial tradicionista respondió: “Sí, dos veces”. Mi biblioteca es microscópica en comparación a la de nuestro escritor miraflorino (apenas dos mil o algo más de volúmenes), pero algunos libros solo los he hojeado, eso: dos veces. Hace muchos años cogí unos libros que me parecieron deleznables y los llevé a Tacora; pedí una cantidad por ellos y me ofrecieron la quinta parte afirmando, por añadidura, que se trataba de “librejos”. Avergonzado, regresé a casa con la bolsa de mercado, ese día llena de cultura, y nunca más me atreví a cometer semejante torpeza. Pero hay algunos libros que di en préstamo a más de un amigo. Nunca me los devolvieron. Muy tarde conocí esta gran verdad: zonzo es quien presta libros, pero más zonzo es el que los devuelve.

13)             ¿Crees que ya has llegado a escribir el libro que querías?
Los libros que he escrito son los que he querido escribir. Que hayan salido con yaya, con un dedo demás o con los ojos saltados, es otra cosa.

14)             De lo anterior, ¿por qué seguir escribiendo si, en su momento, ya se dijo bien lo que se tenía que decir? ¿Por qué seguir usando las palabras?
Bueno, es la verdad, ya “se dijo bien lo que se tenía que decir”, y esto ha ocurrido no solo en uno sino en muchos momentos a través de la historia. La razón de ser y de sobrevivir de la literatura no está, precisamente, en aceptar que las cosas se dijeron y que por ello ya no hace falta repetirlas, sino en decirlas y volver a decirlas de un modo diferente, desde una óptica diversa y con un propósito distinto. Las palabras debemos seguir empleándolas, porque gracias a la palabra es que somos. ¿Alguien se ha puesto a pensar qué sería del mundo, de la humanidad, si despareciera la palabra?

15)             ¿Libros de cabecera, de sala, de micro, de metro, de baño?
Vallejo, sin dudas ni murmuraciones: desconcertante y muy familiar: Poemas humanos. El otoño del patriarca y Cien años de soledad de Gabo. De cabecera, de sala, de micro, de metro. ¿De baño? Juez justo, la revista.

16)             ¿Qué sucedería si no existieran las ostras y las uvas Malbec?
Existirían los chochos de Huaraz y los cuyes de Pallasca. Un vaso de chicha de jora para el brindis. Y la vida continuaría.

17)             Si no fueras humano, ¿qué cosa concreta o abstracta te gustaría ser?
Abstracta y concreta: la Torre de Babel, para comprender la confusión medio apocalíptica del mundo.

18)             ¿Has amado u odiado más de lo debido?
Puede amarse más de lo debido y es probable que yo aún no haya hecho eso. Pero, ¿odiar más de lo debido? Nadie debe odiar. Resentirse, patalear, pero nunca odiar.

19)             ¿Piensas que el mundo sería distinto si no existiera la poesía?
Cada día el mundo es distinto, con la poesía o a pesar de la poesía. El mundo, con sus dramas, alegrías y locuras, es quien hace que la poesía cambie. La poesía nos hace bien, pero no nos transforma. Es una actividad humana, nada más. No es la razón de ser del mundo.

20)             ¿Qué prefieres: al poeta o su poesía?
Sin pensarlo dos veces: la poesía. El poeta es uno más de los seres humanos, con lucidez o locuras, pero uno más, con errores o aciertos, pero uno más. Es falso aquello de la tan mentada “consecuencia”. Eso es una falacia. No hay nada que obligue al poeta se como su poesía. El poeta es un hacedor, como lo es un escultor, un fabricante de carteras, de tazas, etc. Importa lo que hace, no lo que es.

21)             Los artistas, como ellos así lo creen, sufren y gozan más intensamente que los demás mortales?
Todos somos distintos e iguales al mismo tiempo. Nadie tiene el privilegio del sufrimiento. Hay poetas que comen cuatro veces al día y otros que apenas sobreviven. Igual pasa con los demás seres humanos. Los poetas no somos una clase diferente, ni una raza, ni una casta. Menos un gueto.

22)             ¿Algún problema con el suicidio?
Es una estupidez.

23)             ¿Qué tanto de lo que crees que proyectas en los demás consideras cierto en ti?
Casi nada, creo que casi nada. Soy consciente de que a pesar de sus verdades, la poesía es producto de una suerte de burla que ejercemos los poetas contra el mundo, porque no lo aceptamos como tal. Por eso existen las metáforas, como una rebelión contra la “normalidad” y su monotonía. Una mentira cierta, verdadera.

24)             ¿Cuál ha sido tu déjà vu más persistente?
Esta pregunta me causa gracia, no por ella misma sino porque me he dado cuenta de que ha desconcertado a más de uno; alguien incluso, según he comprobado, tuvo que recurrir a “Wikipedia” para no pecar de ignorante respecto de la sugestiva expresión francesa. ¿Mi déjà vu? Levantarme a medianoche y a partir de un simple impulso, levantar los brazos y volar por encima de la ciudad, mientras los demás duermen o se emborrachan. 

25)             Si hoy a la medianoche fuera el fin del mundo, ¿exactamente qué es lo que harías?
Me bajaría en la esquina más cercana, correría en busca de mis hijos y los abrazaría como jamás abracé a nadie. Y cerraría los ojos.


BERNARDO RAFAEL ÁLVAREZ, poeta peruano

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