jueves, 2 de febrero de 2012


Daniel Freidemberg responde a Bonifacio


1.               ¿Tienes alguna objeción contra el mar?
Siempre recomenzado el mar, ¿qué podría importarle cualquier objeción que se me ocurriera hacerle? ¿Qué podría importarles al cielo, al fuego, al sol, a la noche, a la muerte lo que yo les quiera objetar? Ahí están, preguntándonos, insistiéndonos para ver qué pueden ante ellos nuestras palabras. Y, en el caso del mar, en particular, metiéndose cada vez que puede en mis poemas, sin preguntarme, como alegoría o metáfora del mundo, del tiempo o de alguna otra cosa, y algunas veces como mar, simplemente.

2.               ¿En qué partes de la Tierra crees que se podría plantar árboles de poesía?
La poesía no se planta.

3.               ¿Es la soledad principio o fin de todo lo que existe?
Es condición de todo lo que existe. Por eso necesitamos tanto de los otros.

4.               ¿Qué prefieres ser: buen escritor pero desdichado o uno mediocre o pasable pero feliz?
¿Cómo podría ser feliz si fuera mediocre o “pasable”? No soy muy feliz, de todos modos, pero entre las veces que pude conocer algo del orden de la felicidad estuvieron muchos encuentros con la escritura, de otros o, inexplicablemente, mía.

5.               ¿Es la locura un ingrediente básico del verdadero genio?
¿Qué es “el verdadero genio”? ¿De alguien se puede decir que carezca de locura?

6.               Sinceramente, ¿qué piensas de todos aquellos que te rodean y que no escriben o no se dedican a ninguna actividad artística?
No sé qué pensar de esa gente. Son para mí enigmas. Como los que se dedican a actividades artísticas o escriben.

7.               ¿Has dicho la verdad cuando has mentido o mentido cuando hablabas en serio?
Sí, siempre, cada vez que hablo. ¿Alguien puede decir que es dueño completamente de sus palabras? ¿Alguien puede con seguridad afirmar que es verdad lo que cree que es verdad? Al menos trato de engañarme lo menos posible.

8.               ¿Qué o a quién no soportas?
Al sujeto que me tocó ser, como todo el mundo. Pero estoy aprendiendo a soportarlo.

9.               ¿Cuál es tu principal fobia o miedo, cuál tu principal placer o amor?
¿Principal? No sé. ¿Para qué preguntármelo? Toda fobia es la primera fobia, todo miedo es el primero, todo placer, todo amor son los primeros, los únicos, no se comparan.


10.           Si alguien te dijera que en realidad no le gusta tu trabajo literario, del tipo que sea, aunque muchos digan lo contrario, ¿cómo te sentirías y qué le dirías?
No me gustaría, por supuesto. Le agradecería la sinceridad, si es por sinceridad que lo dice y no por otro motivo, y nada más. ¿Qué podría decirle? “Buenas tardes, que duerma bien”, “saludos a la familia”.

11.           ¿Alguna opinión sobre los políticos y la política de tu medio?
Vivo en la Argentina, un país donde muchos pudimos asistir a una suerte de milagro, casi inconcebible: el sensato, justificado y afianzado escepticismo político que uno había venido atesorando durante décadas debió rendirse ante la evidencia concreta de la realidad que estamos viviendo. Por un lado, volvió a ser posible la pasión política que lleva a cada uno a dejar de vivir encerrado en sus propios y mezquinos intereses, a juntarse y a sentir que se comparte algo importante. Y, por el otro, la política volvió a ser lo que debió haber sido siempre: no algo que se delega en “los políticos” sino un componente fuerte y riquísimo de la vida cotidiana, que sobre todo implica que cada uno sienta que tiene en sus manos las posibilidades de actuar y cambiar las cosas. A la vez que en la propia conducción del Estado fue cambiando el modo de entender la política, que empezó a dejar de ser la profesión de una casta de administradores para convertirse en instrumento para el bien público, capaz, por lo tanto, de poner límites –y a veces enfrentar– a las acciones depredadoras y asesinas del gran capital concentrado y el poder financiero, únicamente interesados en acumular ganancias a cualquier costo. Pero, aun en el caso de los parasitarios integrantes de la “casta política”, no me gusta la tendencia a que todo el desprecio y los ataques recaigan sobre ellos, los políticos, cuando no son más que sirvientes de intereses más poderosos, que son los que tienen el poder real y no necesitan ser votados porque imponen sus reglas a todos los gobiernos, como sucede en Europa, Estados Unidos y algunos otros países. Cuando el odio a los políticos impide que quede en la mira ese poder real, apenas sirve para que las víctimas descarguen su furia con miserables chivos expiatorios y los principales culpables sigan intactos ejerciendo el dominio de siempre.

12.           ¿Por qué no has leído todos los libros que reposan en tu biblioteca? ¿Haces poda periódica de ellos?
Porque soy presa de la superstición (o el vicio) según la cual un libro se tiene cuando se lo tiene en la biblioteca, y no cuando se lo tiene en el recuerdo o la experiencia. Hago poda, sí, cuando consigo juntar el suficiente valor y tomar conciencia de que ni el tiempo ni el espacio de los que uno dispone son ilimitados.

13. ¿Crees que ya has llegado a escribir el libro que querías?
No: cuando lo que conseguí escribir es realmente un libro de poesía, cuando merece ser considerado “poesía” eso que hay en el libro, nunca es lo que quería, por suerte.

14. De lo anterior, ¿por qué seguir escribiendo si, en su momento, ya se dijo bien lo que se tenía que decir? ¿Por qué seguir usando las palabras?
Para eso escribo, para averiguar por qué. Nunca lo consigo averiguar, por supuesto, pero mientras tanto logro experimentar esa tarea o juego de andar entre las palabras, y ya es mucho. En realidad, si uno supiera para qué usa las palabras, no escribiría poesía. O aunque lo supiera, no tiene importancia.

15. ¿Libros de cabecera, de sala, de micro, de metro, de baño?
Cualquiera al que valga la pena dedicar mi atención en ese momento, donde sea.

16. ¿Qué sucedería si no existieran las ostras y las uvas Malbec?
A mí, nada. O casi nada. Hay tantas cosas en el mundo.

17. Si no fueras humano, ¿qué cosa concreta o abstracta te gustaría ser?
Ojalá algún día aprenda de verdad a ser humano, con toda la debilidad, la falibilidad y la tontería que eso implica.

18. ¿Has amado u odiado más de lo debido?
Nunca he podido amar lo suficiente, sigo intentándolo. Siempre que odié, odié más de lo debido, el odio hace mal al que odia, si lo toma muy en serio. Claro que, para cualquiera que no sea un santo, es imposible no odiar, así que mejor es que, cuando el odio sobreviene, dejarlo que llegue y vivir el chispazo de odio que irrumpe inevitable como quien vive un resfrío o un dolor de cabeza, y ocuparse de otra cosa. O mantenerlo, si no se va, ahí, a un costado, descansando, mientras uno se ocupa de cosas más agradables e interesantes.

19. ¿Piensas que el mundo sería distinto si no existiera la poesía?
Sí, claro. Le faltaría la poesía, nada menos. Muchos no se darían cuenta, pero el mundo no espera a que las personas se den cuenta de cómo es para ser como es. Aunque, si lo pensamos bien, es imposible un mundo con seres humanos y sin poesía: algo en una conversación, un canturreo, una frase anotada al pasar, va a aparecer, sin duda, lo quieran o no, a modo de resplandor o chispazo, o como ambigua sensación indefinible. La evidencia de la imposibilidad de conformarnos con las significaciones establecidas, la irrupción de la posibilidad de ver de otros modos las palabras y aquello que queda iluminado en y con y entre las palabras.

20. ¿Qué prefieres: al poeta o su poesía?
Sin la poesía no existiría el poeta. Es la poesía la que importa, la que hace que alguien que escribió algo pueda ser considerado poeta. Siempre que se trate de uno de esos textos que para mí tienen cierto tipo de riqueza, o extrañeza o “grano de verdad”, que se me vuelven necesarios cuando pienso en “lo poético”. Si no lo tienen, no me importan ni la poesía ni el poeta.

21. Los artistas, como ellos así lo creen, sufren y gozan más intensamente que los demás mortales?
Esos son los que se creen o quieren creerse artistas y andan representando públicamente ese papel. Que, al tenerlos tan ocupados, no les deja tiempo ni energías para dedicarlos en serio al arte.

22. ¿Algún problema con el suicidio?
Sí, que uno se muere.

23. ¿Qué tanto de lo que crees que proyectas en los demás consideras cierto en ti?
Demasiado. Trato, por eso, de no proyectar.

24. ¿Cuál ha sido tu déjà vu más persistente?
No recuerdo déjà vus, aunque algunos debo de haber tenido, hace mucho. Más me interesa lo que nunca vi, nunca leí, nunca viví. Y más aún lo que ya vi, ya viví y ya leí pero puedo de pronto volver a ver, leer o vivir por primera vez, no volviendo a sentir lo mismo que antes, sino descubriendo lo que no estaba o no era capaz de ver.

25. Si hoy a la medianoche fuera el fin del mundo, ¿exactamente qué es lo que harías?
Me buscaría otro mundo.


DANIEL FREIDEMBERG, poeta argentino

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