Daniel
Freidemberg responde a Bonifacio
1.
¿Tienes alguna objeción contra el mar?
Siempre recomenzado el mar, ¿qué podría importarle cualquier objeción que se
me ocurriera hacerle? ¿Qué podría importarles al cielo, al fuego, al sol, a la
noche, a la muerte lo que yo les quiera objetar? Ahí están, preguntándonos, insistiéndonos
para ver qué pueden ante ellos nuestras palabras. Y, en el caso del mar, en
particular, metiéndose cada vez que puede en mis poemas, sin preguntarme, como
alegoría o metáfora del mundo, del tiempo o de alguna otra cosa, y algunas
veces como mar, simplemente.
2.
¿En qué partes de la Tierra crees que se podría plantar árboles de poesía?
La poesía no se planta.
3.
¿Es la soledad principio o fin de todo lo que existe?
Es condición de todo lo que existe. Por eso necesitamos tanto de los otros.
4.
¿Qué prefieres ser: buen escritor pero desdichado o uno mediocre o pasable
pero feliz?
¿Cómo podría ser feliz si fuera mediocre o “pasable”? No soy muy feliz, de
todos modos, pero entre las veces que pude conocer algo del orden de la
felicidad estuvieron muchos encuentros con la escritura, de otros o,
inexplicablemente, mía.
5.
¿Es la locura un ingrediente básico del verdadero genio?
¿Qué es “el verdadero genio”? ¿De alguien se puede decir que carezca de locura?
6.
Sinceramente, ¿qué piensas de todos aquellos que te rodean y que no
escriben o no se dedican a ninguna actividad artística?
No sé qué pensar de esa gente. Son para mí enigmas. Como los que se dedican
a actividades artísticas o escriben.
7.
¿Has dicho la verdad cuando has mentido o mentido cuando hablabas en serio?
Sí, siempre, cada vez que hablo. ¿Alguien puede decir que es dueño
completamente de sus palabras? ¿Alguien puede con seguridad afirmar que es
verdad lo que cree que es verdad? Al menos trato de engañarme lo menos posible.
8.
¿Qué o a quién no soportas?
Al sujeto que me tocó ser, como todo el mundo. Pero estoy aprendiendo a
soportarlo.
9.
¿Cuál es tu principal fobia o miedo, cuál tu principal placer o amor?
¿Principal? No sé. ¿Para qué preguntármelo? Toda fobia es la primera fobia,
todo miedo es el primero, todo placer, todo amor son los primeros, los únicos, no
se comparan.
10.
Si alguien te dijera que en realidad no le gusta tu trabajo literario, del
tipo que sea, aunque muchos digan lo contrario, ¿cómo te sentirías y qué le
dirías?
No me gustaría, por supuesto. Le agradecería la sinceridad, si es por
sinceridad que lo dice y no por otro motivo, y nada más. ¿Qué podría decirle? “Buenas
tardes, que duerma bien”, “saludos a la familia”.
11.
¿Alguna opinión sobre los políticos y la política de tu medio?
Vivo en la Argentina, un país donde muchos pudimos asistir a una suerte de
milagro, casi inconcebible: el sensato, justificado y afianzado escepticismo
político que uno había venido atesorando durante décadas debió rendirse ante la
evidencia concreta de la realidad que estamos viviendo. Por un lado, volvió a
ser posible la pasión política que lleva a cada uno a dejar de vivir encerrado
en sus propios y mezquinos intereses, a juntarse y a sentir que se comparte
algo importante. Y, por el otro, la política volvió a ser lo que debió haber sido
siempre: no algo que se delega en “los políticos” sino un componente fuerte y
riquísimo de la vida cotidiana, que sobre todo implica que cada uno sienta que
tiene en sus manos las posibilidades de actuar y cambiar las cosas. A la vez
que en la propia conducción del Estado fue cambiando el modo de entender la
política, que empezó a dejar de ser la profesión de una casta de
administradores para convertirse en instrumento para el bien público, capaz,
por lo tanto, de poner límites –y a veces enfrentar– a las acciones depredadoras
y asesinas del gran capital concentrado y el poder financiero, únicamente
interesados en acumular ganancias a cualquier costo. Pero, aun en el caso de
los parasitarios integrantes de la “casta política”, no me gusta la tendencia a
que todo el desprecio y los ataques recaigan sobre ellos, los políticos, cuando
no son más que sirvientes de intereses más poderosos, que son los que tienen el
poder real y no necesitan ser votados porque imponen sus reglas a todos los
gobiernos, como sucede en Europa, Estados Unidos y algunos otros países. Cuando
el odio a los políticos impide que quede en la mira ese poder real, apenas
sirve para que las víctimas descarguen su furia con miserables chivos
expiatorios y los principales culpables sigan intactos ejerciendo el dominio de
siempre.
12.
¿Por qué no has leído todos los libros que reposan en tu biblioteca? ¿Haces
poda periódica de ellos?
Porque soy
presa de la superstición (o el vicio) según la cual un libro se tiene cuando se
lo tiene en la biblioteca, y no cuando se lo tiene en el recuerdo o la
experiencia. Hago poda, sí, cuando consigo juntar el suficiente valor y tomar
conciencia de que ni el tiempo ni el espacio de los que uno dispone son
ilimitados.
13. ¿Crees que ya has llegado a escribir el
libro que querías?
No: cuando lo que conseguí escribir es realmente
un libro de poesía, cuando merece ser considerado “poesía” eso que hay en el
libro, nunca es lo que quería, por suerte.
14. De lo anterior, ¿por qué seguir escribiendo
si, en su momento, ya se dijo bien lo que se tenía que decir? ¿Por qué seguir
usando las palabras?
Para eso escribo, para averiguar por qué. Nunca
lo consigo averiguar, por supuesto, pero mientras tanto logro experimentar esa
tarea o juego de andar entre las palabras, y ya es mucho. En realidad, si uno
supiera para qué usa las palabras, no escribiría poesía. O aunque lo supiera,
no tiene importancia.
15. ¿Libros de cabecera, de sala, de micro, de
metro, de baño?
Cualquiera al que valga la pena dedicar mi
atención en ese momento, donde sea.
16. ¿Qué sucedería si no existieran las ostras y
las uvas Malbec?
A mí, nada. O casi nada. Hay tantas cosas en el
mundo.
17. Si no fueras humano, ¿qué cosa concreta o
abstracta te gustaría ser?
Ojalá algún día aprenda de verdad a ser humano,
con toda la debilidad, la falibilidad y la tontería que eso implica.
18. ¿Has amado u odiado más de lo debido?
Nunca he podido amar lo suficiente, sigo
intentándolo. Siempre que odié, odié más de lo debido, el odio hace mal al que
odia, si lo toma muy en serio. Claro que, para cualquiera que no sea un santo,
es imposible no odiar, así que mejor es que, cuando el odio sobreviene, dejarlo
que llegue y vivir el chispazo de odio que irrumpe inevitable como quien vive
un resfrío o un dolor de cabeza, y ocuparse de otra cosa. O mantenerlo, si no
se va, ahí, a un costado, descansando, mientras uno se ocupa de cosas más
agradables e interesantes.
19. ¿Piensas que el mundo sería distinto si no
existiera la poesía?
Sí, claro. Le faltaría la poesía, nada menos. Muchos
no se darían cuenta, pero el mundo no espera a que las personas se den cuenta
de cómo es para ser como es. Aunque, si lo pensamos bien, es imposible un mundo
con seres humanos y sin poesía: algo en una conversación, un canturreo, una
frase anotada al pasar, va a aparecer, sin duda, lo quieran o no, a modo de
resplandor o chispazo, o como ambigua sensación indefinible. La evidencia de la
imposibilidad de conformarnos con las significaciones establecidas, la irrupción
de la posibilidad de ver de otros modos las palabras y aquello que queda
iluminado en y con y entre las palabras.
20. ¿Qué prefieres: al poeta o su poesía?
Sin la poesía no existiría el poeta. Es la
poesía la que importa, la que hace que alguien que escribió algo pueda ser
considerado poeta. Siempre que se trate de uno de esos textos que para mí
tienen cierto tipo de riqueza, o extrañeza o “grano de verdad”, que se me
vuelven necesarios cuando pienso en “lo poético”. Si no lo tienen, no me
importan ni la poesía ni el poeta.
21. Los artistas, como ellos así lo creen,
sufren y gozan más intensamente que los demás mortales?
Esos son los que se creen o quieren creerse artistas
y andan representando públicamente ese papel. Que, al tenerlos tan ocupados, no
les deja tiempo ni energías para dedicarlos en serio al arte.
22. ¿Algún problema con el suicidio?
Sí, que uno se muere.
23. ¿Qué tanto de lo que crees que proyectas en
los demás consideras cierto en ti?
Demasiado. Trato, por eso, de no proyectar.
24. ¿Cuál ha sido tu déjà vu más
persistente?
No recuerdo déjà vus, aunque algunos debo de haber tenido, hace
mucho. Más me interesa lo que nunca vi, nunca leí, nunca viví. Y más aún lo que
ya vi, ya viví y ya leí pero puedo de pronto volver a ver, leer o vivir por
primera vez, no volviendo a sentir lo mismo que antes, sino descubriendo lo que
no estaba o no era capaz de ver.
25. Si hoy a la medianoche fuera el fin del
mundo, ¿exactamente qué es lo que harías?
Me buscaría otro mundo.
DANIEL FREIDEMBERG, poeta argentino
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