domingo, 19 de agosto de 2012


Andrea Cabel responde a Bonifacio




  1. ¿Tienes alguna objeción contra el mar?
No, me afecta que partes de este sean propiedades privadas de gente con cierto poder adquisitivo que le pone un precio a fuerzas naturales que nacen, crecen y se reproducen -como el mar- para ser libres y dar libertad, entre otras cosas. Otra objeción que podría tener, es que parte del cuerpo del mar, alberga especies que están muriendo y que no volverán a nacer como lo hicieron en otros momentos, porque cada vida es única y cada muerte también lo es. Pero contra el mar, el mar en sí, no tengo una objeción concreta, sino más bien una impotencia quizás. Aún no sé nadar como lo haría el mismo mar.

  1. ¿En qué partes de la Tierra crees que se podría plantar árboles de poesía?
¿Existen los arboles de poesía? ¿Dónde podría conseguir uno? ¿Qué tipos de frutos o flores da? ¿Si son “de poesía” entonces, no deberían crecer en cualquier tipo de lugar? ¿En un espacio coloidal, en un pedazo de cemento, en un trozo de techo blanco de cualquier habitación, es decir, como criatura viva, ¿de qué se alimentaría si es que su nombre lo sentencia a la poesía? Me atrevo a responder la pregunta, entonces, centrándome en la Tierra. Creo que los arboles de poesía son seres extraños, porque son un nombre que no designa una realidad concreta como sucedería con cualquier otro nombre. Puede ser un diente de león un árbol de poesía, creo. Eso, si pensamos desde la poesía, claro. Para mí sería una lupuna colorada. Y creo que podría crecer en lugares amplios y llenos de fuerza y energía, no en lugares “civilizados” como los nuestros, de gente que sabe de escritores extranjeros y de idiomas distintos. Creo que estos árboles, que para mí se parecerían mucho a la lupuna colorada, podrían ser felices en la selva. Quizás en la peruana, por su temperatura, variedad de especies, variedad de otros seres vivos, incluyendo a las numerosas comunidades indígenas y mestizas, el árbol podría ser feliz, después de todo, tendría cerca mas árboles misteriosos, sabios, amplios, como él, y no se sentiría solo. Por otro lado, aunque muchos piensen que la poesía no sirva para ser feliz sino para desahogar intentos de felicidad o algo así, el árbol no tendría nada que ver para mí, con este tema. Finalmente, no imagino un lugar con más poesía que la selva, donde la sabiduría no está en la palabra, ni en la letra escrita, sino en el gesto.

  1. ¿Es la soledad principio o fin de todo lo que existe?
La soledad es nuestra compañera, compartimos el pan con ella sino siempre, casi siempre. Y los días existen, ergo, se acaban, y si se acaban es porque han comenzado en algún momento; otra cosa es detectar ese momento. La soledad no es un principio ni un fin, entonces, creo, es la compañera de un camino. No necesariamente del de la vida, pero sí, es como una continuación, más que como una marca de inicio o final.

4.- ¿Qué prefieres ser: buen escritor pero desdichado o uno mediocre o pasable pero feliz?

Prefiero ser una persona feliz, así, a secas. No un escritor con tantas categorías (como las de bueno, malo, mediocre, pasable, etc.)  Cuando un escritor ama su trabajo y se dedica y se toma la molestia de creer en lo que más le gusta y por lo que vive, es difícil ser infeliz. La infelicidad nace con nosotros, se instala dentro, crea una familia, se relaciona con nosotros. Los escritores, creo, aprendemos a vivir sabiendo que nuestra marca en la frente, es el estigma de la falta de un trabajo estable, o de que el nuestro no sea valorado como otros; del mismo modo, los escritores de cualquier “tipo” (las categorías ya mencionadas) sufren en algún grado usualmente, de la envidia o del ego roto por las criticas y todo eso, pero… Creo, finalmente, que ser mediocre o ser pasable son “categorías” burlescas que aplicadas a cualquier tipo de trabajo, oficio o pasión, no deberían existir. Yo quiero ser feliz, siendo escritora o no.
  
5.  ¿Es la locura un ingrediente básico del verdadero genio?

Depende qué entendamos por locura, pero eso es un debate larguísimo y hay mucho por decir. Si nos ponemos simples, por ejemplo, disparar a tu amante por estar en plena sobredosis y ser un genio porque luego de eso te inspiras y escribes un libro que marca la vida de miles de personas y etc., la verdad, esa locura, no me convence mucho. Por otro lado, leo demasiada palabra fuerte junta: locura + ingrediente + verdadero + genio; todas ellas son muchas palabras que no sé si lo que hagan sea más ruido que otra cosa. Un “verdadero genio” podría inventar su propia receta para reproducir su genialidad y así progresivamente crear y recrear miles de cosas que los mortales no sabemos, porque la genialidad no solo existe o existiría en la poesía y en las artes; evidentemente, en todo caso, creo que para ser un “verdadero genio” el ingrediente básico sería tener una personalidad capaz de amar su locura y cuidarla. No creo que la locura per se sea el ingrediente básico, creo que lo que es básico es saber cuidarla, quererla y hacerla crecer con naturalidad. Porque si de locuras no se hace el mundo y el universo, y el amor, y la muerte, ¿de qué se hace? 
  
6.- Sinceramente, ¿qué piensas de todos aquellos que te rodean y que no escriben o no se dedican a ninguna actividad artística?

Que tienen otro tipo de talento y que si son felices haciendo lo que es gusta hacer, y que además lo hacen bien, genial. Si tengo amigos doctores, de hecho hay por ahí un poquito de provecho en ello (uno nunca sabe cuándo se enferma y si alcanza el presupuesto para pagarse la tos y la gripe y los largos etcéteras). Si tengo amigos que saben salvar el disco duro de mi computadora cuando acabo de escribir un poemario y zas!, no se guarda, entonces bendigo esa profesión. Cuando no sé cuadrar mis balances y comienza la burocracia y tengo un amigo contador que me hace el favor de traducirme todo eso, bueno, ni qué decir, no encuentro verso que cuele en algo tan concreto y tan tedioso como la burocracia de los contadores que finalmente, me salva mes a mes. Y de mis amigos abogados, tan gentiles y sabios sobre muchos temas que para mí están en otro idioma… bueno, habría que dejar de ensalzar tanto la poesía y el oficio del arte para darnos cuenta de que en gran parte nosotros sobrevivimos (y en el mejor de los casos, vivimos) con –y de-  nuestro oficio, por aquellos que no se dedican a él. 
  
7.- ¿Has dicho la verdad cuando has mentido o mentido cuando hablabas en serio?

Sí, por supuesto, ambos casos. 

8.- ¿Qué o a quién no soportas?

A la gente pedante, arribista, incapaz de querer aprender algo del resto. A las personas egoístas que tiran para su lado olvidándose de que no hay lados sino que hay un gran magma de conexiones en donde la gracia es ser capaz de mirar al futuro sin dejar de ver el pasado, como lo hizo, en mi opinión, Churata, y Baudelaire. 

9.- ¿Cuál es tu principal fobia o miedo, cuál tu principal placer o amor?

Mi principal fobia: ratas.
Mi principal miedo: la muerte de mi madre.
Mi principal placer o amor: Brenda Teruya. 

10.- Si alguien te dijera que en realidad no le gusta tu trabajo literario, del tipo que sea, aunque muchos digan lo contrario, ¿cómo te sentirías y qué le dirías?

Me ha pasado mil veces. Me sentí muchas veces triste, luego preste atención y me sentí interesada en las opiniones que me daba esa persona; me parecían comentarios constructivos, inteligentes y que me ayudarían a hacer algo mejor luego. Así que lo que le dije esa vez, que es la que más claramente recuerdo fue: MUCHAS GRACIAS, tienes razón. Otras veces me he quedado en silencio tratando de ver más allá de mis narices y tratando de que la mala leche de la otra persona no opaque lo que podría servirme más adelante.
  
11.- ¿Alguna opinión sobre los políticos y la política de tu medio?

Muchas, pero no me alcanzan para escribirlas aquí. No soy apolítica, todo lo contrario; hay muchísimo por decir, pero siento que no acabaría L 

12.- ¿Por qué no has leído todos los libros que reposan en tu biblioteca? ¿Haces poda periódica de ellos?

No hago poda periódica de ellos; de hecho, me quedo con mucha de la poda que hacen otros J. Luego, no los he leído todos porque la verdad, por razones algunas un poco tontas, muchos viajes en donde no cabían mis libros, sino materiales para la supervivencia más concreta y vital, otros viajes en donde prefería cargar más comida que textos, y mi resistencia al uso del kindle también.  Pero eso es fácil de vencer. He leído casi todo lo que tengo, que no es mucho, pero es algo. Y he leído casi todo de las bibliotecas de otros amigos, ¿eso cuenta?
  
13.- ¿Crees que ya has llegado a escribir el libro que querías?

NO. No. No... no.
  
14.- De lo anterior, ¿por qué seguir escribiendo si, en su momento, ya se dijo bien lo que se tenía que decir? ¿Por qué seguir usando las palabras?  

Porque somos seres humanos. Personas. Si no usamos palabras, ¿qué usaríamos? Además, siempre está el ego, la necesidad de expresión, la ambición, las pasiones. Ciertamente, no hay nada nuevo bajo este sol, pero… siempre puede haber algún rinconcito que se haya escapado a los rayos; quién sabe, es un asunto de fe también. Y por alguna razón yo aún le tengo fe, una extraña fe a las palabras y en los idiomas que se reproducen y que se apagan.
  
15.- ¿Libros de cabecera, de sala, de micro, de metro, de baño?

De baño, no tengo.
De metro, no hay metro donde vivo.
De micro, en el micro no leo, paro las orejas para que no me roben, ni me empujen demasiado, y para que cuando choque no me magulle demasiado.
De cabecera, varios, es decir, Varios.
De sala: mmmm… no hay libros en mi sala.
A los que vuelvo tercamente y constantemente y los tengo a la mano: "Crimen y castigo", "La hora de la estrella", "Los ríos profundos", "El obsceno pájaro de la noche", "Pedro Páramo", "Yo, el supremo", "Ciudad de cristal", "El proceso", "América", "Sobre héroes y tumbas", "A paixão Segundo G.H", "Os sertões", "Gran Sertón: Veredas", "Macunaima", "Ficciones", "En breve cárcel", "2666", "Los detectives salvajes", "El cuerpo de Giulia-no", "Esperando a Godot", "Noche de epifanía", "El lazarillo de los ciegos caminantes", todos los poemas de Salvatore Quasimodo, la poesía de Mallarmé, los poemas proféticos y prosas de William Blake, "Memoria de elefante", "Os cus de Judas", "Tratado das paixőes da alma", "Ontem Não Te Vi Em Babilónia" de Lobo Antunes; y… algunos más J. 

16.- ¿Qué sucedería si no existieran las ostras y las uvas Malbec?

Creo que podríamos sobrevivir muy digna y felizmente sin ellas. 

17.- Si no fueras humano, ¿qué cosa concreta o abstracta te gustaría ser?

Cosa concreta: un beso apasionado.
Cosa abstracta: un poema. 

18.- ¿Has amado u odiado más de lo debido?

Ambas cosas. Siempre. Siempre. 

19.- ¿Piensas que el mundo sería distinto si no existiera la poesía?

No tanto. 

20.- ¿Qué prefieres: al poeta o su poesía?

Al poeta. 

21.- Los artistas, como ellos así lo creen, ¿sufren y gozan más intensamente que los demás mortales?

No lo creo. Pueden ser personas que son más sensibles y que por ello perciben más claramente y con mayor agudeza hechos y sucesos, pero ¿qué sabemos nosotros de los demás mortales para hablar de ellos? (una sonrisa irónica).

22.- ¿Algún problema con el suicidio?

Ninguno. 

23.- ¿Qué tanto de lo que crees que proyectas en los demás consideras cierto en ti?

Bastante. 

24.- ¿Cuál ha sido tu déjà vu más persistente?

Mi déjà vu más persistente… llego al agua y siento una felicidad extrañísima, como si hubiera estado ahí siempre, y salir fuese lo raro. Como si no perteneciera al mundo donde las piernas son útiles para caminar. 

25.- Si hoy a la medianoche fuera el fin del mundo, ¿exactamente qué es lo que harías?

Cogería mi bici y me iría volando a buscar a Brenda. Y exactamente, espero, encontrarla y salir a tomar helados. Los helados podrían hacer que el fin del mundo sea el comienzo de otro. 


ANDREA CABEL, poeta peruana. 


Bonifacio

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