viernes, 17 de agosto de 2012


Jack Farfán responde a Bonifacio




1. ¿Tienes alguna objeción contra el mar?

Miedo, más bien. Esta matriz verde moco, cual la describe Joyce en el Ulises, es de temer que atribuye sustancias interminablemente oleaginosas en los reinos de la imaginación distendida. Representa el caldo efervescente, femenino, el hado subrepticio que nos maneja o nos conduce a la locura fragorosa, al horno amado. Hacia él, jamás nuestras ofensas; y si lo hemos maldecir por accidente, ese sólido escupitajo en la cara insoportable, nos ha de padecer, como lo que no se escupe al cielo, si se pisa; peor para nosotros, cuando sumergidos en el mar, habitamos pálidamente el eterno cielo que en nada nos levita. Será la representación más desesperante que cabe todos nuestros demoñuelos anteriores.

2. ¿En qué partes de la Tierra crees que se podría plantar árboles de poesía?

En los lugares más inhóspitos, en los cráteres frívolos que sostienen sin arrepentirse los egoístas, los ensimismados en que la culpa es de otro y que la mano de palo egoísta resta protagonismos a nuestro malvado de cuja. Podría decirse que un atado de pajarillos veloces (gorriones serranos, si se quiere), heredará suficiente mies a un niño muy de su tierra, regador él, labrador de una comarca donde lejos del tiempo y desertificaciones reciba como pago fructífero una lluvia musical, y la llana perfección de la memoria. Por lo demás, adviene buen consejo, aceptar al malvado como punto de partida de un milagro brotado entre las manos.

3. ¿Es la soledad principio o fin de todo lo que existe?

Hacia el exilio de las guerras, la soledad es la atalaya borboteante, ese aceite esencial, creativo, donde parte y acaba un mundo al que asiste, imborrable, huella de lugar, música de las copas roncas, la línea musical del verso que no fuiste.  

4. ¿Qué prefieres ser: buen escritor pero desdichado o uno mediocre o pasable pero feliz?

Me tinca que la felicidad es tibia; y que su invento merece ser relegado a un impostor demiurgo, en falsete, habitado en el eco que no repetirá lo genuino si te callas y sufres. Convendrá entonces que el inmortal se crea agrio dios de sus sabios padecimientos. O que vuelva la pata a su bípedo pateando un planeta más, o meteoro, al cósmico encuentro de los pesimistas.

5. ¿Es la locura un ingrediente básico del verdadero genio?
Es un hecho. Sino cómo explicar la ruda paradoja, de que unos pocos tienen la razón bajo llave y desquicio de los descubrimientos más maravillados a que se resigna un reino esculpiendo sus instantes, para unos pocos honrados con la presea del último instante, que es exclusivo del que parte con su dicha mordiéndole los labios, de risa.

6. Sinceramente, ¿qué piensas de todos aquellos que te rodean y que no escriben o no se dedican a ninguna actividad artística?

Por los muchos, saber comprenderlos; son materia y difícil designio, veta de nuestro bogar por praderas o páginas, sedientas, interminables de lo creativo. Por los apenas contados, que coinciden con el ejercicio de inventar, de fraguar precipicios para jaulas y fronteras, por ellos late el hilo del mundo, esa debilitada arteria por la que músicas y materias palpitan en pie hasta reconocer que por unos cuantos insensatos aun no se ha hundido el árbol llameante de la maravilla.  

7. ¿Has dicho la verdad cuando has mentido o mentido cuando hablabas en serio?

Hay tantas farsas, y tantos alarifes que las honran, que el profeta ahora, puede pasar como estafador, el Mesías como ratero; y el poeta, como un soñador más de parecida calaña. Pero que no se pierda esperanzas, los perdidos que buscan hallarán su verdad dejada pasar hace un momento, por ese ladrón de miradas desconfiadas.

8. ¿Qué o a quién no soportas?

A los tibios; de ellos será el reino de la indiferencia.

9. ¿Cuál es tu principal fobia o miedo, cuál tu principal placer o amor?

Despertar un día sin nada arriba, sin dada por la diestra o siniestra, sin albor, sin oscuro. Quizá habrá llegado mi castigo por ceder a la indiferencia ante lo sucedido, y que estaba en mis manos que no siga su decurso. Mi placer en ese entonces, podrá ser abrir los ojos al próximo sueño.

10. Si alguien te dijera que en realidad no le gusta tu trabajo literario, del tipo que sea, aunque muchos digan lo contrario, ¿cómo te sentirías y qué le dirías?

Sólo una persona —muy católica ella— me dijo que no le había gustado mi trabajo; fue cuando le cobré por un libro que hace meses se resistía pagármelo, con el cuento ese de que los de su legión mariana se tomaban muy a pecho lo de perdonarse sus deudas. Finalmente, todos los que han disentido de mi obra, han sido, son y serán quienes más empuje me han dado… en este valle de insinceridades.

11. ¿Alguna opinión sobre los políticos y la política de tu medio?

Pienso que el mejor lugar de los políticos está en su lugar, como cada cosa en su tacho.

12. ¿Por qué no has leído todos los libros que reposan en tu biblioteca? ¿Haces poda periódica de ellos?

Quizá porque deba restar horas de sueño a mi rata ociosa, roedora de estantería. La mejor poda de libros inconvenientes en nuestra biblioteca, es la que rinde usufructos al tacho de basura (o del reciclaje); o en su defecto, la mejor poda por la que convendríamos, puede ser granjearnos un sencillo, vendiéndoselos a los libreros del subsuelo, con esto de que dinero fácil…

13. ¿Crees que ya has llegado a escribir el libro que querías?

El infinito es imposible de reescribirse.

14. De lo anterior, ¿por qué seguir escribiendo si, en su momento, ya se dijo bien lo que se tenía que decir? ¿Por qué seguir usando las palabras?

Alguna frase, pasaje, línea, me recuerdan que aquél memorioso que lo ha dicho todo como debiera escribirlo; es decir, habiendo rozado la perfección, en el más prodigioso de los casos, ése aun no le ha dado la posta al nuevo y vivo sol, aeda que bajo esta nueva variación viene volando por ventura.

15. ¿Libros de cabecera, de sala, de micro, de metro, de baño?

La cabecera sirve para recostar la cabeza; la sala, para escanciar unas copas con los amigos que llegan a hablar de otra cosa que nos es literatura, pero que igualmente inspira tal dicha; el micro es un móvil verde que sirve para maravillarnos con los astros que nos rastrean, tristes, sudorosos, a que los eternicemos en una palabra fulgente; y el baño, el baño es el espacio adecuado para desaguarnos los impresos del despojo. Ante todo, creo que la biblioteca es el sitio solitario de los mundos encontrados; el único, cual un cubículo laboral donde se desperdician las horas creativas.

16. ¿Qué sucedería si no existieran las ostras y las uvas Malbec?

Sucedería que habría que conformarse con el pisco Vargas y las dulces palabritas.

17. Si no fueras humano, ¿qué cosa concreta o abstracta te gustaría ser?

Nacionalizarme culebra, me daría frío; político, a peores infiernos me he conformado. Durante el espasmo de la fiebre o el discurso interior, me gustaría ser ese dios que decide los más oscuros, voluptuosos y eróticos o maculados pensamientos, en sus víctimas poseídas por el oscuro dominio de la mente controlada: la Literatura.

18. ¿Has amado u odiado más de lo debido?

Cometí el error de odiar tanto como para ser ignorado por mis enemigos, y de amar hasta el límite de volatilizar mi fetiche: en las nubes que iba fraguando como un herrero que prende el humo de los anhelos volátiles.  

19. ¿Piensas que el mundo sería distinto si no existiera la poesía?

Si no existiera la Poesía, el mundo sería ese ostento que les sucede a los insensatos mientras se ocupan de vaciarse en tanto creen divertirse.

20. ¿Qué prefieres: al poeta o su poesía?

A su poesía. Es extraño encontrar al poeta en alguno de sus inhóspitos reinos a donde cree aproximarse. Es tan difícil comprenderlo…

21. Los artistas, como ellos así lo creen, ¿sufren y gozan más intensamente que los demás mortales?

Definitivamente, sí. La diferencia con las otras ruinas, es que los precipicios del artista siempre son débil candil o llama completa que evoca incendios estrepitosos o hecatombes de luciérnagas o constelaciones completas aterrizando en el cielorraso de su cuarto.

22. ¿Algún problema con el suicidio?

No lo pudo definir mejor aquel demiurgo y pesimista rumano, Emil Cioran: “Vivir con la idea del suicidio es estimulante”. —Empero, su llegada siempre opera tarde en el por fin decidido suicida. Por otro lado, se halla en las dos antípodas existenciales del hombre: es de valientes, por el acto decisivo que ello sugiere; es de cobardes por hacer huir a su títere sufrido de los más gozosos sufrimientos, materia y levitación de libros inimaginables que ya no celebrará el suicidado, ¡por muerto! 

23. ¿Qué tanto de lo que crees que proyectas en los demás consideras cierto en ti?

Al menos rescato de sus exageraciones, el reflejo que he proyectado sobre ellos; que con eso basta, que al menos un diferente no apaga la chispa contagiante del entusiasmo que sostiene al mundo.

24. ¿Cuál ha sido tu déjà vu más persistente?

Constantemente me asalta la idea que lo escapado al término de los sueños, va escribiendo a través de su vehículo humano, la obra onírica de las certezas veladas.

25. Si hoy a la medianoche fuera el fin del mundo, ¿exactamente qué es lo que harías?

Contemplar las dichas caducas, soltar las culpas cimentadas. Contemplar con Neruda ese momento que todos parecemos llevarnos, y que nos paladeamos entre risueños, dormidos: 
“Nada ha pasado a nadie, no estoy en parte alguna…”


JACK FARFÁN CEDRÓN, poeta peruano.

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