viernes, 17 de agosto de 2012


Roberto Forns responde a Bonifacio  





1. ¿Tienes alguna objeción contra el mar? 

En mis pesadillas más recurrentes, moja mis libros, se desborda por las calles, me hace sentir esas fuerzas que no se pueden medir ni siquiera desde un bote, aunque el mar lo trate como una pluma insignificante, pertenecen a las grandes escalas del universo que mueven continentes, constelaciones, galaxias.

2. ¿En qué partes de la Tierra crees que se podría plantar árboles de poesía? 

En la zona del miedo, en la región más seca del corazón. O cerca de los que se preocupan por los árboles que sueñan con ser árboles. Parece que lo único que quieren esos árboles es zafarse de sus ramas y no crecer. Para aliviar esas pesadillas de los árboles que sueñan con ser árboles habría que plantar ríos de poesía y también raíces aéreas de los incesantes ciclos poéticos. En algunas grandes ciudades como New York, he visto que han plantado pequeños poemas en las paredes del metro. He pintado un verso de Juarroz en mi carro: “Queda solo encontrar el plural”

3. ¿Es la soledad principio o fin de todo lo que existe? 

Intuyo que nuestro origen es plural como nuestro destino. La soledad siempre la he entendido como una ficción muy atractiva. Será por eso que cuando morimos muchos piensan en la soledad como un desprendimiento total. Pero yo pienso en ese momento final como una desintegración que también es regeneración.

4. ¿Qué prefieres ser: buen escritor pero desdichado o uno mediocre o pasable pero feliz? 

Prefiero la desdicha si ello implica haber escrito algo parecido al Quijote.

5. ¿Es la locura un ingrediente básico del verdadero genio? 

Si se descompone para nutrir, si se vive a favor de la corriente creativa, pienso que la locura sirve para acercarse a lo que la mayoría se empecina en perder: amor, amistad, alegría, espontaneidad, algo de los papeles de ruta de Cervantes, Luis Hernández, Kerouac.

6. Sinceramente, ¿qué piensas de todos aquellos que te rodean y que no escriben o no se dedican a ninguna actividad artística? 

Muchos de ellos regalan al mundo, mejor de lo que uno se imagina, asombrosas energías creativas. Al menos me gusta imaginarme a los demás en esa luz. A lo mejor no me equivoco.

7. ¿Has dicho la verdad cuando has mentido o mentido cuando hablabas en serio? 

Quizás ha sido la experiencia de la incertidumbre que me hace incapaz de formular la verdad. Sin embargo, esa actitud de estar abierto en el camino permite madurar y comprender las insinuaciones de alguna verdad de la vida que surja sobre la marcha.

8. ¿Qué o a quién no soportas? 

Al que me sonríe pero me piensa tonto y no muestra la más mínima empatía por la vida. Por supuesto al que carece de sentido del humor y se parece a una pared que no escucha.

9. ¿Cuál es tu principal fobia o miedo, cuál tu principal placer o amor? 

Odio cualquier manifestación del egoísmo, cualquier tendencia a dar la espalda a la plural realidad de la vida. Me atrae cualquier corriente explosiva o callada de la vida, ya sea en las personas o las cosas. El mar, por ejemplo, es un amor increíble para mí, con su infinita capacidad de reír y vacilarse.

10. Si alguien te dijera que en realidad no le gusta tu trabajo literario, del tipo que sea, aunque muchos digan lo contrario, ¿cómo te sentirías y qué le dirías? 

No sé cómo me sentiría. No le haría mucho caso.especialmente si no pudiera haber amistad- y le preguntaría por sus gustos literarios sólo por curiosidad. Estoy seguro de que ello sería una oportunidad nueva de descubrir conexiones o desvíos que podrían ser interesantes.

11. ¿Alguna opinión sobre los políticos y la política de tu medio? 

Me encantaría que se revalorase el servicio público. La mayoría de los políticos lamentablemente se dedican a brindar discursos o a buscar prebendas, y en ese contexto me molesta que se evada el asunto pues implica empeorar la situación política. Donde vivo, que es un condado de Denver con ciertos sectores golpeados por la crisis económica, la política local es gobernada por aparatos corporativos y la maquinaria política de demócratas y republicanos. Sin embargo, las organizaciones parroquiales y no-gubernamentales, que se conocen muy poco fuera de sus límites locales, me hacen pensar más bien que la dimensión de servicio es el rasgo fundamental de la política. O por lo menos en su sentido.

12. ¿Por qué no has leído todos los libros que reposan en tu biblioteca? ¿Haces poda periódica de ellos? 

Funciono por asociación, por estímulos que provienen de viajes, amistades, buenas recomendaciones, buenas películas, sueños, también de otros libros, entonces nunca pienso en la propia biblioteca como un adorno, sino más bien como una fuente plural de ideas y perspectivas que sabe esperar. A veces podar significa prestar libros, ya que nunca son devueltos. Y desde que uso mucho las bibliotecas públicas y las bibliotecas universitarias, he reducido tremendamente el hábito de comprarme libros, lo que equivale a una especie de poda por adelantado y una apuesta personal muy respetable por la memoria. Y por eso multiplico y me rodeo de libretas y cuadernos.

13. ¿Crees que ya has llegado a escribir el libro que querías? 

No como lo hubiera querido. Sin embargo, desde que leí "Diccionario para ociosos", pasando por "Fragmentos de un discurso amoroso", hasta el "ABC" de Milosz, quise escribir lo que acaba de editar Renato Sandoval en Nido de Cuervos, "Nudos como estrellas. ABC de la imaginación ecológica en nuestras Américas". O sea, quería escribir un diccionario, lo hice. Pero me he quedado corto, con muchas ganas de expulgar la carga académica de mi escritura.

14. De lo anterior, ¿por qué seguir escribiendo si, en su momento, ya se dijo bien lo que se tenía que decir? ¿Por qué seguir usando las palabras? 

Nunca se termina de explorar, pues escribir para mí es eso, seguir cavando hondo, plantar nuevas raíces, hallar puentes inesperados, ser capaz de escuchar y comulgar con las diversas fuentes de vida que no se limitan al mundo humano. Escribir para ser versátil, prolífico, poético, abierto al cambio. Escribir para convertirse en el animal que regala nuevas armas y nuevos alcances, en el insecto que no se preocupa en desentonar con el entorno social, en las partículas con las que respira la bacteria que limpia el óxido. Escribir para leer grietas e interpretar silencios: para oír el llamado del próximo cambio. 

15. ¿Libros de cabecera, de sala, de micro, de metro, de baño? 
Los de cabecera son tan queridos como los amigos: "Prosas apátridas", "El oficio de vivir", "Una forma de ser libre" de Ben Okri. Recuerdo haber leído una novela de Gide en el micro que tomaba hasta la avenida Bolívar. En los aviones leo novelas como las de Antonio Orejudo o diarios de Jack Kerouac; cuando leí "Ximena de dos caminos" olvidé en el avión un muy querido libro de poemas. En los baños si puedo leo cuentos.  A veces también leo poemas, ensayos, diarios.

16. ¿Qué sucedería si no existieran las ostras y las uvas Malbec? 

¿Sería posible que las ardillas dejaran de saquear la huerta? ¿Que Jack Kerouac y Alfredo Bryce Echenique dejaran la botella? ¿Que el mar peruano dejara de marcarse en el mapa como una zona insosteniblemente saqueada como muchas costas africanas? 

17. Si no fueras humano, ¿qué cosa concreta o abstracta te gustaría ser? 

Me gustaría ser una piedra bailarina que pudiese gozar de milenios, cambiar de forma a voluntad, super flexible, como para reírse de los huecos negros y crear vidas llenas de alegrías imperceptibles e impensables para los humanos que pudieran de pronto sentirse.

18. ¿Has amado u odiado más de lo debido? 

No creo que haya odiado siquiera un poco. Quizás no debiese odiar tan poco. Por otro lado, mi concepción del amor va por el terreno del compromiso incondicional en el que he amado mucho, muchísimo. Habría que aprender a fortalecer ese amor por los aires y las venas. Pero no me parece que eso sea demasiado.

19. ¿Piensas que el mundo sería distinto si no existiera la poesía? 

Además de impensable, ese mundo sin poesía sería demasiado reciente, sin huellas de sabiduría, demasiado sin vida, muy mecánico, poco plural. Podría ser una réplica de este mundo, pero sin alma.

20. ¿Qué prefieres: al poeta o su poesía? 

Depende de la imaginación: ¿cómo negar un paseo con Baudelaire por Paris o dejar solo a Whitman con los heridos de la guerra? ¿Cómo olvidar la generosa hospitalidad de Roberto Juarroz en su casita sostenida por libros? ¿Cómo dejar a un lado a la acogedora Olga Orozco? ¿O a Allen Ginsberg cantando un poema de William Blake enfrente de un auditorio en el desierto de Arizona?  Sin embargo, la poesía tiene mucha capacidad de acompañamiento y de música que la hace más indispensable que el pan o la fama.

21. Los artistas, como ellos así lo creen, ¿sufren y gozan más intensamente que los demás mortales? 

Es muy triste para mí pensar en los artistas separados de los demás mortales. Por eso, quizás respondería con una vaguedad: las intensidades no sólo están adentro. 

22. ¿Algún problema con el suicidio? 

Es una ruta desconocida que podría ser atractiva si perdiera lo básico de la motivación, la lealtad a la vida. Tendría que investigar mucho, sin embargo. Preguntarle al mar, a los precipicios, a los rascacielos, a los imprevistos de muchos laberintos.

23. ¿Qué tanto de lo que crees que proyectas en los demás consideras cierto en ti? 

Que somos más productivos y creativos de lo que nos pensamos de nosotros mismos.

24. ¿Cuál ha sido tu déjà vu más persistente? 

Nadar en diferentes mares. Soñar con eso, reconocerlo en una página o en una pantalla. O a veces sólo con la brisa, imaginarme el vaivén de las olas, la inmensidad del mar tratando de mostrar algo de su fondo marino.

25. Si hoy a la medianoche fuera el fin del mundo, ¿exactamente qué es lo que harías? 

Probablemente gozar lo mejor de ese día: Comer con las personas amadas, disfrutar quizás con mayor intensidad lo que contrarreste la inminencia del fin, alargar los besos y las bromas, afilar la conversación, improvisar una inesperada alegría, quizás escribir un poquito, leer en voz alta poemas para la ocasión, seleccionar algunas escenas apropiadas al
 instante de abandonar para siempre el control y también, si alcanza el tiempo,  despedirme de lo más amado sin tristezas ni reparos, resaltando lo más positivo del pasado y lo que puede funcionar en el momento.

ROBERTO FORNS, poeta y ensayista peruano.


BONIFACIO

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