jueves, 8 de noviembre de 2012


 Alex Fleites responde a Bonifacio
 
 
 
 
 
1.    ¿Tienes alguna objeción contra el mar?
 
Que me produce unos deseos irrefrenables de tener branquias.
 
2.    ¿En qué partes de la Tierra crees que se podría plantar árboles de poesía?
 
En las cárceles, en las salas de terapia intensiva, en los ministerios, en los conventos y en los servicios de inmigración y extranjería. Esto, de manera urgente.
 
3.    ¿Es la soledad principio o fin de todo lo que existe?
 
¿Cuál soledad? La que amo es la que me permite descender dentro de mí, cuando la gente querida está a la mano. Recuerdo una canción de Pablo Milanés; dice en una de sus partes: “la soledad a veces tiene gana de acompañar…” Es, definitivamente, principio y fin la soledad.
 
4.    ¿Qué prefieres ser: buen escritor pero desdichado o uno mediocre o pasable pero feliz?
 
No se trata de preferencias. El arte es una fatalidad. Y uno trata de vivir en él, de él, por él, de la mejor manera posible, arrastrando esplendores y fantasmas. No creo en la felicidad con mayúscula, que es la condición natural de los idiotas. Nadie que sea lúcido puede ser feliz. Y la poesía, como diría Eliseo Diego, “es el acto de atender en toda su pureza”. La lucidez duele, desgarra, obliga a mirar de frente al horror. Quisiera ser un escritor honesto –que eso sí depende de mí– y tocar la plenitud –como ya he hecho tangencial y esporádicamente– en el vivir.
 
5.    ¿Es la locura un ingrediente básico del verdadero genio?
 
Cito a Chico Buarque de memoria: “Ni toda locura es genial ni todo estado de lucidez, mediocre”. El ingrediente básico del genio es el egoísmo, su capacidad de echar mano a cuanto hay alrededor para lograr sus fines. Los genios vampirizan a sus familiares y amigos. Hay, seguramente, excepciones. Carlos Marx y Picasso son la regla.
 
6.    Sinceramente, ¿qué piensas de todos aquellos que te rodean y que no escriben o no se dedican a ninguna actividad artística?
 
Que conocen la vida a un nivel larvario. Para mí lo artístico es hacer con verdadera pasión algo para ofrendar a los otros. Y eso es posible en muchos campos, más allá de las llamadas artes tradicionales. Conozco excelentes escritores que no son artistas. Y también lo contrario.
 
7.    ¿Has dicho la verdad cuando has mentido o mentido cuando hablabas en serio?
 
He dicho mi verdad, que a otros les ha parecido inverosímil o inaceptable. Pero juro que en el proceso de comunicación, en ese fugaz momento, esa, la mía, era la verdad. La mentira nunca es seria, sino paródica.
 
8.    ¿Qué o a quién no soportas?
 
A los pagados de sí, a los estúpidos, a los arribistas, a los megalómanos  y a los genuflexos. Tampoco soporto el ruido, el excesivo calor ni las consignas que truncan el sano acto de pensar.
 
9.    ¿Cuál es tu principal fobia o miedo, cuál tu principal placer o amor?
 
Mi principal miedo es no alcanzar a ser amigo de mis hijos.
Fobias no tengo. Mi principal placer se asocia a una mujer desnuda. Mi amor es mi familia, dispersa por el mapa.
 
10.    Si alguien te dijera que en realidad no le gusta tu trabajo literario, del tipo que sea, aunque muchos digan lo contrario, ¿cómo te sentirías y qué le dirías?
 
Cuando era muy joven, sufría y disfrutaba las opiniones de los otros. Escribo, como todos, para que la gente me quiera, para tender puentes, para acercar al prójimo a la brasa de mi amor. Hoy me interesa más quedar complacido con lo que hago que complacer a otros.
 
Respeto la opinión de cada cual. Nunca me he sentido excluido de una antología, pues no pienso que forzosamente debo estar. Siempre me sorprende que alguien hable bien de mi trabajo; es algo que me azora y me atribula. La poesía, para mí, es una secreción del espíritu, un fluido corporal. Es extraño que alguien alabe o rechace, pongamos por caso, tu semen, tus lágrimas o tu linfa.
 
He notado que la mayor fidelidad a ti mismo es directamente proporcional a la aceptación de los otros. Recientemente, luego de una lectura de poemas, una muchacha se acercó y me dio un largo abrazo. No me dijo cuáles ni por qué le habían emocionado mis palabras. Es una experiencia gratificante, ya que siempre estoy hambriento de un abrazo de muchacha.
 
A quien me diga que no le gustan mis poemas le respondería que a mí tampoco.
 
11.  ¿Alguna opinión sobre los políticos y la política de tu medio?
 
En mi medio sólo hay un político y una política desde hace más de 50 años. El resto son amplificadores más o menos mediocres. El sustantivo y el adjetivo “político” no tienen muy buena prensa hoy. ¿Alguna vez la han tenido? Te digo, Bonifacio, cómo yo quisiera que fueran los políticos: gente generosa y honrada que uno contrata para que lo ayude a ordenar la convivencia con los otros. Política como sinónimo de servicio justo y leal.
 
12. ¿Por qué no has leído todos los libros que reposan en tu biblioteca? ¿Haces poda periódica de ellos?
 
No los he leído todos por la absurda idea de que alguna vez habrá tiempo suficiente y condiciones ideales para hacerlo. Para algunos como yo, la vida es un eterno ejercicio de postergar. Desde hace tiempo no compro libros, porque cuando los necesito no los encuentro. Y si compro alguno y me gusta, inmediatamente lo regalo, para amplificar la alegría del descubrimiento. Leo vorazmente lo que me prestan los amigos. Y siempre devuelvo los libros, pues necesito que me sigan prestando. Mi biblioteca se conforma, mayormente, de los poetas a los que siempre vuelvo, algunos libros de consulta, otros de arte que me gusta mirar de vez en cuando, y mi escasa egoteca.
 
13.  ¿Crees que ya has llegado a escribir el libro que querías?
 
No escribo libros, sino textos aislados que alguna vez se alinean y salen juntos a “la calle”. Y no, no escribo lo que quiero, sino lo que puedo. Por lo general los poemas nos escriben a nosotros. Entre la emoción entrevista y la plasmada hay un hondo abismo de frustración. 
 
14. De lo anterior, ¿por qué seguir escribiendo si, en su momento, ya se dijo bien lo que se tenía que decir? ¿Por qué seguir usando las palabras?
 
Porque, como dije, es una fatalidad; algo que no puedes dejar de hacer. Y porque es embriagador sentirse un pequeño demiurgo. Y porque no sabría qué hacer con el tiempo, sobre todo mental, que dedico a la escritura. Y porque, qué sé yo…
 
15.  ¿Libros de cabecera, de sala, de micro, de metro, de baño?
 
En la cabecera, los poetas de siempre, con Vallejo en primera línea, y una larga comparsa donde hacen trencito Rilke y Rimbaud, Baudelaire y Eliot, Machado y Neruda, Bandeira y Gelman, Lezama y Guillén...
 
En la sala, los libros de arte llamados coffee table; los que he editado yo y los de los grandes pintores de todos los tiempos que me prestan y hasta regalan los amigos. Es bueno, sobre todo, hojearlos a prima hora, con una tacita de café humeante en la mano, y los vecinos durmiendo la algarabía de la noche anterior.
 
En los ómnibus cubanos (guaguas) no se puede leer. Van tan llenos que no alcanzas a alzar las manos a la altura de los ojos.
 
En el baño disfruto las revistas literarias.
 
16.  ¿Qué sucedería si no existieran las ostras y las uvas Malbec?
 
La gente seguiría atareada con la dura tarea del vivir. Esto los cubanos lo hemos probado con largueza.
 
17.  Si no fueras humano, ¿qué cosa concreta o abstracta te gustaría ser?
 
Un árbol: un baobab o un secoya. No por sus imponentes portes, sino porque tienen mucha sombra que ofrecer.
 
18.  ¿Has amado u odiado más de lo debido? 
 
He amado más de lo que me han amado. Creo que eso le sucede a casi todo el mundo. Quizás hubiera debido odiar más, pero esa es una tarea muy ardua. Y la pereza es el rasgo distintivo de mi personalidad.  
 
19.  ¿Piensas que el mundo sería distinto si no existiera la poesía?
 
Totalmente. Sobre todo para los poetas, que andarían dándose cabezazos por los rincones, sin nadie que los invitara a encuentros, festivales y congresos… Bromas aparte, un mundo sin poesía sería un mundo donde ya todo, lo divino y lo humano, estuviera nombrado. Y eso, afortunadamente, no va a pasar mientras el hombre dure.
 
20.  ¿Qué prefieres: al poeta o su poesía?
 
Su poesía, obviamente. Es lo que podría, en definitiva, vencer a la muerte material del poeta.
 
21.  Los artistas, como ellos así lo creen, ¿sufren y gozan más intensamente que los demás mortales?
 
Padecen de cierta hiperestesia. De eso no hay la menor duda.
 
22. ¿Algún problema con el suicidio?
 
¿El mío probable? ¿El cierto de los otros? El suicidio es una puerta. Transponerla o no es una acto de soberanía individual.
 
23. ¿Qué tanto de lo que crees que proyectas en los demás consideras cierto en ti?
 
La calidez, la melancolía, la terrenalidad y la cercanía. 
 
24. ¿Cuál ha sido tu déjà vu más persistente?
 
Andar por cualquier calle del mundo por primera vez con la certeza de haber estado antes allí.
 
25. Si hoy a la medianoche fuera el fin del mundo, ¿exactamente qué es lo que harías?
 
Llamaría a mis tres hijos para recordarles que los he amado mucho, besaría a todas las mujeres que me gustan y pescaría una borrachera descomunal, pues ya no habría que temer a la pendiente infernal de la resaca.
 
 
ALEX FLEITES, poeta cubano.

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