sábado, 20 de octubre de 2012



Rubén Eduardo Gómez responde a Bonifacio




  1. ¿Tienes alguna objeción contra el mar?
Sí, al mar no le gusta que lo navegue.

  1. ¿En qué partes de la Tierra crees que se podría plantar árboles de poesía?
Árboles de poesía serían capaces de brotar incluso desde el centro de una piedra.

  1. ¿Es la soledad principio o fin de todo lo que existe?
La soledad no es principio ni fin de nada. Hay una canción del grupo Serú Girán que dice “No estás solo si es que sabes que muy solo estás. No estás ciego si no ves donde no hay nada…”

  1. ¿Qué prefieres ser: buen escritor pero desdichado o uno mediocre o pasable pero feliz?
Ninguna de las dos cosas puedo elegir. Puedo tratar de ser buen escritor y puedo hacer lo posible por ser feliz, lo que no implica que no termine siendo un escritor mediocre y desdichado. Siempre prefiero ser feliz, claro; pero también sé que es imposible.

  1. ¿Es la locura un ingrediente básico del verdadero genio?
No, no es un ingrediente básico.

  1. Sinceramente, ¿qué piensas de todos aquellos que te rodean y que no escriben o no se dedican a ninguna actividad artística?
Pienso que han encontrado en otras actividades lo que yo encuentro en el escribir y en el arte: placer, gozo, satisfacción…

  1. ¿Has dicho la verdad cuando has mentido o mentido cuando hablabas en serio?
Sí, he dicho la verdad cuando mentí y he mentido cuando dije la verdad.

  1. ¿Qué o a quién no soportas?
No soporto la estupidez, a los obcecados y a los hinchas de Boca.

  1. ¿Cuál es tu principal fobia o miedo, cuál tu principal placer o amor?
Tengo miedo a que la muerte me sorprenda sin haber terminado con todo lo que tengo que hacer. El mayor placer es disfrutar de mis hijos y verlos sonreír. Amo a mis hijos y a Nilda.

  1. Si alguien te dijera que en realidad no le gusta tu trabajo literario, del tipo que sea, aunque muchos digan lo contrario, ¿cómo te sentirías y qué le dirías?
Me sentiría contrariado, seguramente; pero también asombrado y sentiría curiosidad por saber qué lee. Los gustos no se discuten ni se cambian.

  1. ¿Alguna opinión sobre los políticos y la política de tu medio?
Muchas opiniones tengo sobre los políticos y la política. Pero estoy convencido de que todas las generalizaciones, incluso esta, son odiosas.

  1. ¿Por qué no has leído todos los libros que reposan en tu biblioteca? ¿Haces poda periódica de ellos?
Todos los libros que reposan en mi biblioteca han sido leídos. Los que no leí no están en ella, sino en otro lugar esperando su momento. La biblioteca suele ser mutante y hay libros que estarán siempre en ella y otros que no. Hago podas y dono los libros que ya no me interesan.

  1. ¿Crees que ya has llegado a escribir el libro que querías?
No, todavía no.

  1. De lo anterior, ¿por qué seguir escribiendo si, en su momento, ya se dijo bien lo que se tenía que decir? ¿Por qué seguir usando las palabras?
Tengo que seguir escribiendo porque seguramente otro ya lo ha dicho y mejor que yo, pero yo todavía no lo he hecho, todavía no he dicho bien todo lo que tengo que decir. Un escritor es aquella persona que aun sabiendo que no sabe escribir persiste en la tarea, por eso sigue usando las palabras.

  1. ¿Libros de cabecera, de sala, de micro, de metro, de baño?
Sí, y libros de mesa de luz, de cocina, de sala de espera, de convalecencia, de vacaciones, y libros para seducir, libros y libros y libros, sí, en todas partes.

  1. ¿Qué sucedería si no existieran las ostras y las uvas Malbec?
Se comerían más centollas y se disfrutaría mucho más el Cabernet Sauvignon.

  1. Si no fueras humano, ¿qué cosa concreta o abstracta te gustaría ser?
Ser humano ya me hace una cosa concreta y abstracta a la vez. Si no lo fuera, no me gustaría ser.

  1. ¿Has amado u odiado más de lo debido?
No.

  1. ¿Piensas que el mundo sería distinto si no existiera la poesía?
Para mí, el mundo es el mundo. La percepción y la sensibilidad de la poesía que late en él es inherente al poeta que la traduce como puede.

  1. ¿Qué prefieres: al poeta o su poesía?
A su poesía.

  1. Los artistas, como ellos así lo creen, ¿sufren y gozan más intensamente que los demás mortales?
No lo sé.

  1. ¿Algún problema con el suicidio?
No, para nada.

  1. ¿Qué tanto de lo que crees que proyectas en los demás consideras cierto en ti?
La verdad es que no sé qué proyecto en los demás. Tendría que saber eso primero para poder contestar esta pregunta.

  1. ¿Cuál ha sido tu déjà vu más persistente?
No tengo.

  1. Si hoy a la medianoche fuera el fin del mundo, ¿exactamente qué es lo que harías?
Descorcharía una botella de Cabernet Sauvignon y me sentaría a escribir como si fuera el fin del mundo, como si nadie más fuera a leer lo que escribo, como si nada fuera a pasar, porque sí.


RUBÉN EDUARDO GÓMEZ, poeta argentino.

Bonifacio

martes, 16 de octubre de 2012



Nilton Santiago responde a Bonifacio




  1. ¿Tienes alguna objeción contra el mar?
Sí. ¿Por qué los peces no pueden llorar bajo el agua?

  1. ¿En qué partes de la Tierra crees que se podría plantar árboles de poesía?
En lugar de árboles de poesía yo plantaría higueras, miles de higueras en los campos de golf. 

  1. ¿Es la soledad principio o fin de todo lo que existe?
La soledad nunca nos deja a solas. El “principio o el fin de todo”… creo que son como el amor o el infinito: el mismo malentendido, el mismo instante fugitivo.

  1. ¿Qué prefieres ser: buen escritor pero desdichado o uno mediocre o pasable pero feliz?
Esta pregunta habría que hacérsela a un escritor, creo yo. En cualquier caso y para no evitar la pregunta: Soy desdichadamente feliz y felizmente desdichado.

  1. ¿Es la locura un ingrediente básico del verdadero genio?
Artaud decía que lo importante no es el ser (un genio) sino “poder ir al baño”.

  1. Sinceramente, ¿qué piensas de todos aquellos que te rodean y que no escriben o no se dedican a ninguna actividad artística?
Bueno, creo que pertenezco a “ese bando”, así que paso de ejercer juicios de valor de los que escriben o ejercen actividades artísticas. En cualquier caso, creo que el hecho de haber escrito o publicado dos tonterías no me convierte en nada ni me pone en mejor ni peor posición que la gente que no lo hace; además, querido amigo, tengo que decirte que paso de las categorías sociópatas en la poesía (que no entiende de teorías clasificatorias ni de aritmética). Eso se lo dejo más bien a los antidisturbios y a los sastres de la imaginación: a los que nos gobiernan.  

  1. ¿Has dicho la verdad cuando has mentido o mentido cuando hablabas en serio?
Claro que sí. No obstante, de vez en cuando hay que decir la verdad para que te crean cuando mientes, como decía Renard, “pelo de zanahoria”.

  1. ¿Qué o a quién no soportas?
¿A quiénes? Pues quizá a los que han comprado el oráculo de Delfos y han hipotecado la Luna (¿sabías que la Luna pesa 81 billones de toneladas?). También a los que atrasan los relojes de arena de la justicia y a los que trafican con la sonrisa de las amas de casa y con la soledad de los taxistas. A los que financian los crímenes contra el planeta y comercian con la pobreza y hacen de las estrellas su botín. A los que dejaron morir a Robert Desnos, a los maltratadores y a ese padre de trillizas que dijo que una sola era de él. Vaya tío.

  1. ¿Cuál es tu principal fobia o miedo, cuál tu principal placer o amor?
Padezco hace algunos años de “banquerofobia” y a todo lo que tenga que ver con letras de cambio, cotizaciones, mercados bursátiles y dentistas. También padezco de  “Haoserafobia”, que es el extraño temor a buscar restaurantes chinos a domicilio. 
Respecto al amor y el placer… creo que es políticamente incorrecto decirlo en público, pero tiene que ver con leer libros líquidos.

  1. Si alguien te dijera que en realidad no le gusta tu trabajo literario, del tipo que sea, aunque muchos digan lo contrario, ¿cómo te sentirías y qué le dirías?
No me pasará nunca porque no creo en los “trabajos literarios”. En cualquier caso, le diría que a mí, por el contrario, me gusta su mujer.

  1. ¿Alguna opinión sobre los políticos y la política de tu medio?
Ninguna. Hoy por hoy, en el único “ismo” en el que creo es en el “ateísmo”. En todo caso, “el mal” necesita amigos, ¿cierto?

  1. ¿Por qué no has leído todos los libros que reposan en tu biblioteca? ¿Haces poda periódica de ellos?
Los leeré cuando los termine de pagar. ¿Si hago “poda”? Bueno, a veces les corto un poco las ramas para que entre más luz en casa.

  1. ¿Crees que ya has llegado a escribir el libro que querías?
Nunca he querido escribir un libro, solo sacar a pasear a los ángeles que malviven en los cajeros automáticos para protegerse del invierno.

  1. De lo anterior, ¿por qué seguir escribiendo si, en su momento, ya se dijo bien lo que se tenía que decir? ¿Por qué seguir usando las palabras?
Es que me compré el Word original… y hay que tratar de amortizar gastos, dice la Merkel. No, en serio, ¿qué por qué seguir escribiendo? Porque aún se comenten delitos.

  1. ¿Libros de cabecera, de sala, de micro, de metro, de baño?
Libros como arma de legítima defensa, libros atrapasueños, libros para traducir el silencio en todas las lenguas, libros generadores de luz lunar y de conciencia insurgente. Como ves, no he entendido la pregunta.

Si te refieres a qué libros estoy leyendo, ahora mismo estoy con algo de poesía Kitsch, con la mágica lectura de libros de amigos y con dos cosas que me tienen atrapado: la undécima relectura de El revólver de cabellos blancos, de André Breton y con vaya libro/cometa, vaya libro/supernova, vaya cataclismo estratosférico: La Bicicleta del panadero, de mi querido Juan Carlos Mestre. Ya sabes que para mí es como Elvis.

  1. ¿Qué sucedería si no existieran las ostras y las uvas Malbec?
Sin las ostras, el mar no tendría donde llevar su equipaje de mano y sin las Malbec, las hormigas serían una república socialista, más o menos. Pero sin los hermanos Castro.

  1. Si no fueras humano, ¿qué cosa concreta o abstracta te gustaría ser?
El pintalabios de Gisele Bündchen.

  1. ¿Has amado u odiado más de lo debido?
Para amar u odiar más de lo debido primero hay que leer a Marx.

  1. ¿Piensas que el mundo sería distinto si no existiera la poesía?
Sin la poesía no existirían las minifaldas ni las cosmogonías de los osos hormigueros. 

  1. ¿Qué prefieres: al poeta o su poesía?
A Joyce Mansour leyéndome en sueños La Tortuga Ecuestre.

  1. Los artistas, como ellos así lo creen, ¿sufren y gozan más intensamente que los demás mortales?
Sufre el que se ha dado cuenta que le debe dinero a Dios y los que creen en los políticos y sus amigos, esto es, los mercaderes, los banqueros y las grandes farmacéuticas: los traficantes del dolor humano.

  1. ¿Algún problema con el suicidio?
Creo que fue E. Cioran quien dijo eso de que sólo se suicidan los optimistas ¿cierto?. En cualquier caso, comulgo con mi adorado Carlos Edmundo de Ory: “Todo suicida es existicida”.

  1. .¿Qué tanto de lo que crees que proyectas en los demás consideras cierto en ti?
Esta es una pregunta muy complicada, ya que soy un total desconocido para mí mismo. No obstante, creo que lo máximo que proyecto es lo que los demás proyectan en mí: una sombra en forma de estrella de mar. A veces el mar se aleja, pero siempre vuelve.
 
  1. ¿Cuál ha sido tu déjà vu más persistente?
Que estoy siendo soñado por alguien con quien sueño cada noche.

  1. Si hoy a la medianoche fuera el fin del mundo, ¿exactamente qué es lo que harías?
Meterme a la cama a contar ovejas. Cada medianoche es el fin del mundo, pero no nos enteramos.


NILTON SANTIAGO, poeta peruano. Vive en España.

Bonifacio

jueves, 11 de octubre de 2012

Toño, nos vemos pronto / Toño, see you soon








“Qué duro es, Padre mío, escribir del lado de los vientos, tan presto como estoy a maldecir y ronco para el canto. Cómo hablar del amor, de las colinas blandas de tu Reino, si habito como un gato en una estaca rodeado por las aguas. Cómo decirle pelo al pelo / diente al diente / rabo al rabo/ y no nombrar la rata”. (A.C.)

A quien para algunos era el alto, imponente, gárrulo y altivo Toño, la penúltima vez que lo vi fue para encogerse por el asombro, callar de pronto por la sorpresa, paralizarse momentáneamente por la emoción. Fue a propósito de la inauguración del Primer Festival Internacional de Poesía de Lima (Fiplima) en abril pasado, en el Parque de la Exposición, ante más de 3500 personas que atiborraban el auditorio, que aplaudían a los poetas invitados como a megaestrellas de rock y a quienes escuchaban con profundo respeto y atención. Acompañado de Lêdo Ivo, el casi mítico vate brasileño, y flanqueado por poetas de varios países americanos y europeos, Toño, haciendo un esfuerzo para reaccionar y aclararse la garganta, empezó diciendo que nada le sorprendía más que ver en ese espacio a tanta gente congregada con la sola intención de escuchar poesía, que en su larga actuación pública nunca había tenido una audiencia tan numerosa, para terminar confesando que si él no hubiera estado ahí, no habría creído lo que sus ojos estaban viendo. Todo esto mientras los presentes lo aclamaban y le lanzaban piropos de todos los calibres que -al menos así me pareció- hicieron primero que se sonrojase y, después, que se deprimiese. Cuando acabó de leer en medio de vítores y de un larguísimo aplauso, levantó los brazos en señal de agradecimiento, tomó un poco de agua y, en vano, trató de disimular unas lágrimas que, impertinentes, empezaban a inundar sus ojos. Fue entonces cuando recordé, y entendí, la oración que encabeza estas líneas en el sentido de que al auténtico poeta como lo era él, aun en olor de multitud, no lo engañan el éxito ni las loas por más sinceras que estas sean, pues sabe que su paso por la tierra es ágil y leve, como el aroma de las flores o el salto del gato sobre la estaca.

Renato Sandoval Bacigalupo