martes, 16 de abril de 2013



         Aleyda Quevedo responde a Bonifacio





1.   ¿Tienes alguna objeción contra el mar?

Ninguna objeción. Adoro y necesito el mar. Aunque un mar calmado no hace marineros, yo lo amo calmo y brillante, picado y furioso, verde como el Pacífico ecuatoriano o turquesa como el Caribe dominicano. Aunque nací entre montañas, el mar me contiene y me da salud.


2.   ¿En qué partes de la Tierra crees que se podría plantar árboles de poesía?

En todas las terrazas de todos los edificios de las grandes ciudades se debería plantar árboles de poesía amorosa, y en las macetas de los balcones hay que plantar árboles pequeñitos, tipo bonsái con haikus, epigramas y décimas, y en cada jardín de cada casa presidencial de cada país del mundo, también hay que plantar árboles de poesía, especialmente de poesía sufí.


3.   ¿Es la soledad principio o fin de todo lo que existe?

En el universo de la poesía la soledad es el perfume que se aspira permanentemente como una religión, es una divinidad que acompaña.


4.   ¿Qué prefieres ser: buen escritor pero desdichado o uno mediocre o pasable pero feliz?

Pienso lo mismo que pensó el maestro Leónidas Lamborghini: “Hay en todo escritor un tipo que se inmola. Un sacrificio”.


5.   ¿Es la locura un ingrediente básico del verdadero genio?

La locura es un modo potencial de amar y a veces se necesita también para escribir, pero siempre, siempre para amar. La genialidad se alcanza, cuando estalla en armonía y en la misma dosis amor y locura.


6.   Sinceramente, ¿qué piensas de todos aquellos que te rodean y que no escriben o no se dedican a ninguna actividad artística?

Son personas que tienen muy pocas ventanas para encontrar respuestas. Alguien que no lee poesía o que no mira buen cine o, aun peor, alguien que se ha perdido de escuchar a gente espléndida como Madeleine Peyroux, Sharon Jones o a Aloe Blacc, es gente que la pasa muy mal por tanto aburrimiento de este ancho mundo.


7.   ¿Has dicho la verdad cuando has mentido o mentido cuando hablabas en serio?

Tengo un poema donde confieso que tuve que decir muchas mentiras verdaderas para seguir a una persona. Toda mentira es una verdad piadosa y viceversa. Muchas veces hay que mentir para llegar hasta la verdad, y aun así la verdad siempre escapa.


8.   ¿Qué o a quién no soportas?

No soporto la estupidez humana que desencadenó el genocidio en Ruanda en abril de 1994. No soportó pensar que murieron un millón de personas. No soportó la indiferencia de Occidente y de todas las superpotencias. No soportó el racismo.


9.   ¿Cuál es tu principal fobia o miedo, cuál tu principal placer o amor?

Tengo fobia a las alturas y a la astucia asquerosa de una rata gigante de alcantarilla que te enfrenta. Amo que me tomen por la cintura y me abracen mientras contemplo el mar, pocas cosas me dan tanto placer como esta.


10. Si alguien te dijera que en realidad no le gusta tu trabajo literario, del tipo que sea, aunque muchos digan lo contrario, ¿cómo te sentirías y qué le dirías?

Ya me ha pasado en algunas ocasiones. Al principio, cuando tenía 17 años y publiqué mi primer libro, me pasó y dolió. Una piensa que debe escribir para gustar a los demás. Afortunadamente, de esa enfermedad llamada juventud ya me estoy curando. El año pasado un poeta mexicano me dijo que no le gustaba lo que hago y la verdad no me importó ni un milímetro, me sentí orgullosa de salir de la enfermedad esa… Ahora me interesa escribir por mi propia salud.


11. ¿Alguna opinión sobre los políticos y la política de tu medio?

Antes del 2008, en el Ecuador era lo mismo decir: banqueros-políticos-corrupción. En el Ecuador de los últimos cinco años los políticos son otra cosa, están cambiando, mutan cada día hacia unos seres menos torpes y más comprometidos con la democracia. Ojalá lo logren....


12. ¿Por qué no has leído todos los libros que reposan en tu biblioteca? ¿Haces poda periódica de ellos?

Mi biblioteca es un espacio que hemos ido diseñando, construyendo y alimentando, a lo largo de 24 años, con mi esposo el poeta Edwin Madrid, así que como imaginarás, cuando tienes una biblioteca de dos poetas hay todo un universo. Calculamos que tenemos más de seis mil volúmenes, de ellos el 70% son libros de poesía, filosofía y novelas. Siempre podamos, pero es complejo leerse todo, al menos tratamos de leer lo que más placer estético y ético nos da; una debe ir priorizando.


13. ¿Crees que ya has llegado a escribir el libro que querías?

Me siento satisfecha con libros como Espacio Vacío, Soy mi Cuerpo y La Otra, la misma de Dios; quizá el libro que más quiero ahora mismo es el nuevo titulado Jardín de Dagas, pero aún me falta escribir un libro de hai-kus; ese será mi gran libro, y para llegar ahí me falta…


14. De lo anterior, ¿por qué seguir escribiendo si, en su momento, ya se dijo bien lo que se tenía que decir? ¿Por qué seguir usando las palabras?

Porque en cada época de lo que se trata de alcanzar con la escritura y con la poesía, es algo así como lo que planteaba Virginia Woolf: “Combinar viejas palabras en nuevos órdenes para que éstas sobrevivan y puedan crear belleza y comuniquen la verdad; esa es la cuestión que nos debe ocupar”. Ese nombrar la piedra con palabras que piensen e imágenes que emocionen, de eso va el misterio de escribir.


15. ¿Libros de cabecera, de sala, de micro, de metro, de baño?

De cabecera en este 2013 están todos los cinco libros que completan la autobiografía de Thomas Bernhard. Me encantan: El origen, Un niño, El sótano, El frío; no me separo de ellos. En mi sala está la obra poética completa de la Elizabeth Bishop, la Emily Dickinson y de la Marina Tsvietáieva; cuando viajo en el autobús hacia mi trabajo me llevo alguna de las novelas de dos grandes escritores que amo, desde hace cinco años, con mucha locura: Leonardo Padura y Horacio Castellanos Moya; y para el baño tengo siempre libros de poemas de Cendrars, Fonollosa, Eielson, Enrique Linh, Marosa di Giorgio, Reina María Rodríguez, Diana Bellessi, todos ellos me iluminan e inspiran en todos los momentos.


16. ¿Qué sucedería si no existieran las ostras y las uvas Malbec?

Ostras y vino, aunque más que el Malbec me gusta el Shiraz; pero sin ostras poco se entendería de qué mismo van los alimentos afrodisíacos, y sin vino, las celebraciones de vida y la amistad serían tristísimas…


17. Si no fueras humano, ¿qué cosa concreta o abstracta te gustaría ser?

Un tigre de bengala.


18. ¿Has amado u odiado más de lo debido?
Odio odiar, me salen arrugas. Pero amar más de lo debido, ese es siempre mi problema eterno; amo más de lo debido, siempre.


19. ¿Piensas que el mundo sería distinto si no existiera la poesía?

Absolutamente, sería un mundo patético, sin duda.


20. ¿Qué prefieres: al poeta o su poesía?

Siempre prefiero a la poesía. Pocas, poquísimas veces coincide que el poeta es tan bello y genial como su poesía.


21. Los artistas, como ellos así lo creen, ¿sufren y gozan más intensamente que los demás mortales?

Absolutamente. Hay que sufrir en extremo y gozar en la misma dosis de obsesión pura. Ese sufrimiento casi siempre es un camino hacia algo raro, único y especial.


22. ¿Algún problema con el suicidio?

El suicidio es una estrategia que me gusta mucho: planificado, estético, quizá en brazos del mar.


23. ¿Qué tanto de lo que crees que proyectas en los demás consideras cierto en ti?

La intensidad. Porque cada una de las 24 horas del día soy apasionada, fuerte y perseverante, mis amigas siempre me dicen: intensa.


24. ¿Cuál ha sido tu déjà vu más persistente?

Esa experiencia constante y luminosa, que se me ha repetido por siete veces, cuando recorro esa ciudad del Caribe que siento mía por sus olores y calles.


25. Si hoy a la medianoche fuera el fin del mundo, ¿exactamente qué es lo que harías?

Salir corriendo al mar para contemplarlo, destapar el vino tinto del que hablamos y las ostras aquellas, todo junto al hombre que amo desde hace 25 años.

        
         ALEYDA QUEVEDO, poeta ecuatoriana.
         

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