lunes, 30 de junio de 2014

"Ah de la vida" (Quevedo). 

La muerte diaria del prójimo nos aflige porque la creemos una verdadera desgracia, o nos alegra por encontrarla merecida o nos deja del todo indiferentes. Es como si solo los otros están llamados a perecer, inermes, humillados y por defecto. ¿Pero qué hay de esa muerte que habita en cada quien, instalada cómodamente en los años vividos y que un buen día se harta de todo y, sin explicación alguna, sale de escena dando un portazo?


De: "Bitácora de poeta" (En: tenordebrumas.blogspot.com)




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