viernes, 13 de junio de 2014

Un largo y alucinado poema del  canadiense Francis Catalano






                             Bocetos de Lima
                    (de la Ciudad de los Reyes)

Pero apúrese
porque las grúas altas y amarillas construyen otros edificios,
otros dioses,
otros Padres de Occidente –que también han de ser nuestros.


                                                              Antonio Cisneros


Y la hora actual, ¿cuándo es?
Y el oro y los huesos, ¿dónde están?
Un país donde se arrebata el oro
Si se lo reemplaza es como antes, no es
el Perú, donde eso se espera
Como en otras partes
las personas saquean por doquier
las canteras a tajo abierto,

No, sí, tal

vez, sin duda valen su peso en oro esos lingotes
en limusina. Que un cóndor se asiente en la burbuja de mi ser
siempre vuelvo en círculos contigo en la cabeza

Un flujo teñido de rojo
derramado en mi metonimia de plástico
asume la forma de la copa de mis versos

Lo lamento. Lamento
que ello provenga del lenguaje –
el único equipaje que sea una maleta más pequeña
dentro de una más grande,

                                               

                                                  (Hacia la lejanía)


 
Estoy a bordo del sueño fálico de un piloto a la espera de la emanación final al fondo de un corredor aéreo sin brillo, sin desplazamiento, sin dormir. Alzo mi copa a los estratos de cirros sin complejo alguno, brindo por las alas del avión que a todas luces es falsamente privado.



                                                   (Necesidad de aire)

 

con Air Canada
eslogan a lo largo de las alas de la nariz antes
de caer en mis fosas nasales, volar
respiro, mi rostro se desinfla –
no vamos a ninguna dirección si
no se está en todas a la vez
como un globo suelto y enloquecido
sobre el hemisferio sur,
cruzada esta línea
equinoccial – me
arremolino
en el sentido antiho-

rario, entre el hotel Bolívar y la catedral de Lima hay
un mundo, muchacha e imágenes santas, regateadas por
unos nueve soles, un enano vestido de rojo
empuja un carrito de golosinas una mujer
sombrero de hongo trenzas negras
atraviesa el secreto de las edades otra en su
vitrina desarma una a una las piezas
de una heladera


                                                         (En realidad)


Nos sentimos impotentes para detener la noche
que se escurre en un sueño inca un chico
de piel cobriza cae sobre su hermana ella llora y
la madre de ellos desde lo alto de su pirámide ve tristemente
que se produce este sacrificio, bufones públicos
marcados por el dinero se ponen en acción,



Iglesias sobrecargadas de equívocos sin importancia envueltas en sueños a su vez envueltos en hojas de coca, el ruido sordo que sobre el asfalto hacen las ruedas de una maleta. Una bolsa de basura despanzurrada entre el hotel Bolívar y la catedral de Lima, entre la Plaza San Martín y la Plaza de Armas los pesados electrones que forman el marco los taxis son autos chocones y se dan de golpes así como el sol y la luna se besuquean sobre las barriadas. Los arcoíris cortados en dados

ir por el lado oriental de la calle absolutamente hay que
escapar de los golpes del sol, Domingo de Ramos
con Carlo como cabellos de ángel
las iglesias se resquebrajan silenciosas
en su resanada blancura
peruanos con vidas amorosas y alambicadas
se iluminan al sol y en el sol a la espera de que
se presente la oportunidad de sus vidas

policías encandilados ascienden
por la hipotenusa de las paredes para gravitar
en la cumbre del superego a la sombra de los colores
vivos de una naturaleza
viva

pese a los pronósticos meteorológicos
la humedad está emplumada
mañana lloverá rodocrositas de jaspe
todas las veces que ha llovido jaspe
ellas nos mintieron

Muchos adolescentes con camisetas que se pretenden crucifixiones toman Inca Kola bajo los agujeros de ozono en Lima el clima sería lo que una llama es a su escupitajo el sol rueda por la piel cobriza de cajas claras odiseas de luz quiebran profundamente mis manos que equivalen a tres espigas vueltas hacia el sol ofrendas y anillo solares que enhebran los cinco mil dedos de la simplicidad,

El alma del bosque reencarnada en la flauta de Pan
gira en el aire con remo-
linos de cóndores,
torneos de rotores –

Ana María me susurra al oído:
    -La hoja de coca no es droga, es sagrada
Le respondo claro que sí
engullo de un trago mi pisco sour

se hace tures a viviendas de Miraflores
excavaciones de cemento
adyacentes a las pirámides inconclusas de –

Atraído por los peldaños del atrio
de la catedral
me desplomo

la totalidad me eclipsa detrás de la luna (un poco)

Una familia de indios atraviesa el bulevar
de golpe y porrazo, multitud de palomas ultrajadas
blancas bandadas
los cláxones emplean sin saberlo
el lenguaje de aves en llamas
el alto grito del carbono,

Las fachadas amarillas de los edificios autorizados
a autosacrificarse tienden a rejuvenecer
exacta la tradicional danza
de tijeras, a la vez juvenil y senil voy
por la cabeza por
estructuras
empinadas,

por cada ángel que nada en la noche, una vulva invertida
encalla en una iglesia,

En el pan se mordisquea la mano del maíz lo que se ha dicho no lo es todo porque no se ha vivido todo lo que se ha hecho no lo ha sido porque todo aún no ha sido pensado Una oración católica corta cabezas sin disculparse y sin embargo culpabiliza, las ciudades son las limaduras de un amante desvencijado, un hombre en la sombra bebe un jugo de mango y piña, un estudiante dibuja un edificio con la ayuda de un triángulo, turistas españoles juzgan severamente el Palacio de Justicia,


                 (Los poetas se levantan, el banquete ha acabado)

Todos los graffitis inscritos en las paredes del mundo, ¿llegarían a comunicar lo que sea sin el ciego ensañamiento de las caras de un poliedro para desautorizar sus aristas y vértices, y la pared, su base? Confusas las alpacas en los prados sincrónicos se santiguan en la naturaleza. Fluyen largas cosmogonías plisadas y de colores,

 

Traducción del francés de Renato Sandoval Bacigalupo. Pertenece a Au coeur des esquisses, Montreal, L'Hexagone, 2014.

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