viernes, 1 de agosto de 2014



Jairo Guzmán responde a Bonifacio

 
Foto de Felipe Orozco

¿Tienes alguna objeción contra el mar?

Ese cleptómano, le decía Erica Jong. Se te roba los anillos. También te embruja y te va llevando hasta que una corriente te desplaza desde las Antillas hasta Suráfrica. Aunque flotes, te traga si le da la acuática gana, la tsunami gana. Es triste cuando no hay barcos. Su superficie es un desierto. Tampoco tiene internet y las sirenas están muy saladas. El mar es orín de pelicano revuelto con lágrimas de pulpo, semen de delfín y popó de cachalote. El mar océano es confianzudo, no te pide permiso y si le da la gana se te lleva todo lo más querido. Cuando está crispado parece un puerco espín de mal genio.

Esto aparte, sólo admiración y respeto a ese Señor (si se trata de El Mar) o a esa Señora (si se trata de La Mar). El mar travesti lleno de penes de peces. Sabe demasiado, tal vez por eso el hombre le tiene bronca y le ha creído cloaca. Es la sal de la tierra y no alardea de ello. Se roba nuestra atención. Nos arroba y ante sus danzas es posible la epifanía. Tiene todos los secretos y se traga todos los tesoros.

¿En qué partes de la Tierra crees que se podría plantar árboles de poesía?

En los baldíos del espíritu. En las extensiones desérticas del alma humana. En esos parajes vacuos de las masas moviéndose, al unísono de las campanas de la producción en serie y del consumo desenfrenado. En el ojo del huracán de la devastación. En la tierra de nadie. En el hueco de la membrana de ozono. En la boca de los sin voz. En “los desiertos del amor”.

¿Es la soledad principio o fin de todo lo que existe?

El principio u origen de todo es el tedio de la nada, olvidada de sí. La soledad es un invento de los que van a cine, porque se asustan ante sí mismos. En el principio no hubo principio sino un motel donde todo estaba a punto de ser. Un coro de ombligos de luz que estaban incubándose en cáscaras de huevos negros.

¿Qué prefieres ser: buen escritor pero desdichado o uno mediocre o pasable pero feliz?

Eso de buen escritor pero desdichado, dejémoslo a Gérard de Nerval “El tenebroso, el viudo, el inconsolable, el príncipe de Aquitania, el de la torre abolida…”. Ahora, eso de ser un escritor mediocre o pasable pero feliz dejémoslo a: los poetas bufones, a los que escriben autoayuda y son exitosos en ventas y a todos los que escriben a la sombra de los dólares mal habidos, a expensas de los estafados en el turbio juego del consumo bestial de literatura para ir al spa. A los que les escriben discursos a los políticos de turno. O a los que con el cuento de la poesía se lucran con los slogans para las campañas de los políticos o para las multinacionales de la publicidad, del marketing y la ultra güevonada.


¿Es la locura un ingrediente básico del verdadero genio?

Cierto autismo experimental le ha sentado bien al genio. Cierta glosolalia y dislexia, cierta distorsión del common sense, cierto ridículo, cierta desviación de la campana de Gauss. Desde que la locura es un asunto en manos de los loqueros ya no hay genio. Ahora el loco es un angustiado, medicalizado, un “cerebro tostado”. Cuando Locura era hiper lucidez sacra, había genio. Ahora, hay interdisciplinariedad. Ahora el crimen perfecto es cometido en equipo. El genio es un copietas muy hábil al que se le iluminó el bombillo para darle la vuelta de tuerca a los destellos de algunos silenciosos, sin mucha nombradía.

Sinceramente, ¿qué piensas de todos aquellos que te rodean y que no escriben o no se dedican a ninguna actividad artística?

Pienso que son la médula radiante de la escritura poética. Son los interlocutores perfectos para aquel que escribe poesía porque si poeta es el que le devuelve a la tribu la palabra purificada, entonces el poeta tiene mucho que agradecerles ya que son el verdadero libro. Son la fuente verdadera. El poeta cuando menos le da la espalda a los que no escriben es cuando está a solas (pero poblado de sus voces) poetizando lo que ellos le han soplado al oído. Hay cierta impostura cuando los poetas se encuentran con poetas. Hay cierta tensión que no deja que baje la leche de la poesía, porque todos están ocupados purificando el habla de la tribu. O engastando el oropel de su ego. Pero si los poetas están junto a los que no escriben, entonces la celebración es lo más auténtico que hay. La palabra del poeta adquiere pleno sentido y vitalidad es en los que no escriben porque tienen un oído virgen y si prejuicios, pleno, para captar las palabras del poeta.

¿Has dicho la verdad cuando has mentido o mentido cuando hablabas en serio?

Hablar es mentir si entendemos mentir como la reproducción de un copioso número de fórmulas gastadas, que se dicen automáticamente sin sopesar su substrato. “El poeta es un mentiroso que siempre dice la verdad” expresó Jean Cocteau. Eso de la verdad y la mentira es un asunto para pinocho y sus compinches. Se dicen verdades a medias. Por ejemplo: estoy respondiendo el test de Bonifacio. Esto es posible que sea verdad. Ahora, lo que respondo en el test de Bonifacio es mentira y como soy un mentiroso entonces es verdad. Esto quiere decir que la lógica discursiva es mentira. Cuando hablo en serio digamos que la verdad está entre líneas. Como expresa Nietzsche: “Ignoramos todavía de dónde proviene el impulso a la verdad; pues hasta aquí solo nos hemos enterado de la obligación que establece la sociedad para existir: ser veraz, esto es, usar las metáforas corrientes; o moralmente hablando: mentir con arreglo a un esquema convencional, mentir colectivamente en un estilo obligatorio para todos”

¿Qué o a quién no soportas?

Cosas insoportables: entre muchísimas más, la crueldad con los pollitos, la caca sobre las rosas, la baba coprolálica, el humo de los carros, la depresión de las mascotas, los niños decapitados, los crímenes de estado, los discursos electoreros, la cháchara cultural, la marihuana con sabor a colchón, el capitalismo mundial integrado, las multinacionales y sus crímenes contra la naturaleza; los estragos de la guerra, los crímenes de lesa animalidad, de lesa terredad y de lesa humanidad, como los 1020 millones de seres humanos que padecen hambre crónica.

¿Cuál es tu principal fobia o miedo, cuál tu principal placer o amor?

La principal: ofidiofobia. Yo veo una culebra y es como el elefante con el ratón. Ni en la tv soy capaz de verlas. Es una mezcla de miedo y repugnancia. Tengo muchas fobias de acuerdo a la hora, clima y lugar. Si estoy soñando que hablo ante una audiencia tengo hipopotomonstrosesquipedaliofobia que es, según el diccionario de fobias, el miedo irracional a pronunciar las palabras largas o complicadas. También sufro de selacofobia, que es miedo irracional a los tiburones. También sufro de necrofobia, politicofobia y, en general, de polifobia. Esas fobias son más repugnancias que miedos.

De los placeres, el principal es: flotar.

Si alguien te dijera que en realidad no le gusta tu trabajo literario, del tipo que sea, aunque muchos digan lo contrario, ¿cómo te sentirías y qué le dirías?

Me sentiría muy bien, no me afectaría para nada. Todo lo contrario, me gustaría porque por fin hay alguien con igual gusto al mío. En caso de que me dijera por qué, sería muy bueno. Si no lo hace, igual da. Como a los cantantes famosos: mientras más hablen mal de sus obras, mejor les va. Pero imagínate que uno se mantuviera corriendo detrás de este o de aquél preguntándoles cómo les parecen mis escritos. Eso de enamorarse tanto de lo escrito por uno mismo, no deja de ser una bobada.

¿Qué le diría? Que tiene la razón; hay que darle la razón al que la necesita. Yo no necesito de ese arte del simulacro que son los argumentos: por lo general, son una farsa.

¿Alguna opinión sobre los políticos y la política de tu medio?

Opinar es asunto de los columnistas de periódico. Te respondo con los versos de e.e. cummings:

Un político es un culo
Sobre el que se sienta todo el mundo
Excepto el hombre

Eso es válido para los de todo el mundo. Esa casta infame es lo que más ofende. Su existencia es la medida de cuánto nos falta como humanidad. Ojalá llegue pronto el día en que esos especímenes desaparezcan, para lo cual es preciso que todo se derrumbe y no quede títere con cabeza.

¿Por qué no has leído todos los libros que reposan en tu biblioteca? ¿Haces poda periódica de ellos?

Si los leyera todos no me dignaría a responder test de bonifacios, estaría sumergido quién sabe en qué piscina de signos muertos.

¿Crees que ya has llegado a escribir el libro que querías

En el poema “Ariosto y los árabes”, Jorge Luis Borges expresa:

Nadie puede escribir un libro. Para
Que un libro sea verdaderamente,
Se requieren la aurora y el poniente,
Siglos, armas y el mar que une y separa.

Creo en lo que se va haciendo lentamente, día a día. Tal vez un poema que he escrito hace veinticinco años, aún no ha sido superado por la obra posterior. Todos sabemos que en asuntos de la escritura poética no existen certezas.

De lo anterior, ¿por qué seguir escribiendo si, en su momento, ya se dijo bien lo que se tenía que decir? ¿Por qué seguir usando las palabras?

Para no contestar el teléfono. Para mentir de manera veraz y placentera, sin remordimientos. Por la ilusión que da la escritura de que no perecerás. No todo se ha dicho. Cuando cada cual logra su propia alquimia verbal, lo que tiene que decir es un nuevo decir, un nuevo nombrar. En ese nuevo decir del poeta, se llega a sentir que el poeta no sigue “usando” las palabras sino que las palabras son las que lo siguen usando a él y él se deja, ese es su gozo y su misterio. Se vuelve canal y cuando se es canal las palabras dejan de ser el “simple deporte de los vocablos”.

¿Libros de cabecera, de sala, de micro, de metro, de baño?

De cabecera, de nochero. Aunque están por todos lados. Están los que leo sin darme cuenta de lo que leo (método de Lispector y son los que más me gustan), los libros para leer sentado ante un escritorio con libreta de apuntes. En micro, metro o baño es preferible no leer sino algo light como los pasquines de distribución gratuita o las técnicas de aikido.

¿Qué sucedería si no existieran las ostras y las uvas Malbec?

Los acusarían del crimen de la creación del universo. Los siete días en que una ostra planificó la belleza del caos mientras comía unas uvas y se tomaba su vino. No habría epopeyas de perlas tapizando el fondo marino y las botellas estarían melancólicas añorando su elixir. Toda una escena de película cursi para las horas suicidas de los domingos.

Si no fueras humano, ¿qué cosa concreta o abstracta te gustaría ser?

Una piedra, para cantar mejor en la hora luminosa. Para poder decir…

¿Has amado u odiado más de lo debido?

Siempre se me va la mano. Luego el pie y después meto la pata, tanto en lo uno como en lo otro.

¿Piensas que el mundo sería distinto si no existiera la poesía?

No sería mundo. Porque este mundo acostumbrado a comer vagina cocinada en salsa verde (Artaud) reverbera en poesía y gracias a la poesía aún permanece. Toda esa epopeya de papel maché que nos toca en este mundo, tiene un substrato esencial y es la poesía.

¿Qué prefieres: al poeta o su poesía?

Prefiero al poeta bien lejos mientras lo leo y cerca si no tiene los humos subidos. Prefiero al poeta como señal de humo blanco, para poder decir: habemus poeta.

Los artistas, como ellos así lo creen, ¿sufren y gozan más intensamente que los demás mortales?

Para nada. Los artistas son unos mortales más de esta película de pésima factura.

¿Algún problema con el suicidio?

Ninguno. Solamente que si te vas a matar no lo hagas en mi casa porque no me gusta barrer ni trapear. Pensaba suicidarme después de este estúpido test pero me sentí más estúpido que él y además lo terminé muy temprano para matarme. Prefiero un cafecito. Un baretico y echar un polvito (la petite morte).

¿Qué tanto de lo que crees que proyectas en los demás consideras cierto en ti?

0.03%

¿Cuál ha sido tu déjà vu más persistente?

Volver a encontrarme con ese tigre que le roba el alpiste a los canarios.

Si hoy a la medianoche fuera el fin del mundo, ¿exactamente qué es lo que harías?

Un curso práctico e intensivo de cunnilingüística después de trabarme y escuchar a Paganini.


JAIRO GUZMÁN (1961), poeta colombiano.

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