miércoles, 5 de noviembre de 2014



                                  Sobre críticos y llaveros




A duras penas termino de leer la última novela de NN, quien tiene varias décadas en el oficio. Como había muchas notas de prensa que lo celebraban, tenía especial expectativa en él. Muy pronto, sin embargo, su lectura me resultó insufrible no solo por lo inusualmente engolado y postizo de su lenguaje -infrecuente en él en obras anteriores-, sino además porque tanto la historia como sus personajes eran inverosímiles, huecos, acartonados, triviales; en fin, fallidos en todo el sentido de la palabra. Cuando a duras penas llegué a la palabra “FIN”, junto con el alivio que experimenté por haberla podido terminar para poder decir algo cabal al respecto, sentí también una mezcla de pena y de ira: pena porque el autor que yo siempre había seguido con interés había involucionado hasta un punto cercano al cero; ira porque me había dejado llevar -una vez más- por los comentarios de gente que no sabe nada de literatura, aunque haya obtenido varios doctorados, o que por insondables o no tan santas razones se dedican no solo a la crítica sino incluso hasta escribir novelas. Entiendo que todos queramos ser Joyce o Pound o Edmund Wilson, pero muy pocos les llegan siquiera a los tobillos. Habría que darse cuenta a tiempo de eso y recién entonces escribir y comentar con más tino o bien dedicarse a otra cosa, como recoger conchitas en la playa o empezar a coleccionar llaveros. En mi caso, me he inclinado por esto último.


A propósito de dichos autores y críticos, copio un poema muy pertinente del brasileño Fabricio Marques (1965), quien estuvo en el Segundo Festival Internacional de Poesía de Lima (Fiplima 2013):



Miniletanía de política editorial



Suplícame que yo te publico

Reséñame que yo te critico

Estúdiame que yo te edito

Critícame que yo te suplico

Edítame que yo te cito

Analízame que yo te critico

Cítame que yo te publico





De: Bitácora de poeta”


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