martes, 4 de noviembre de 2014

Sobre "Austin, Texas. 1979"




Acabo de leer, de un tirón, la bien escrita novela de "Austin, Texas. 1979" de Francisco Ángeles. En efecto, de lo mejor publicado por un joven peruano en estos últimos años. Mucho nervio, autenticidad y real desasosiego es lo que ella transmite. Inevitable pensar en otras novelas como posibles referentes, empezando por "El túnel" de Sábato hasta "La invención de la soledad" de Auster, pasando por la magnífica "La conciencia de Zeno" de Italo Svevo, en lo que se refiere a la presencia de desequilibrados, padres e hijos y médicos (veterinarios) y psicoanalistas. 

Sin embargo, será por cuestiones de edad, por propia e inconfesable experiencia o qué sé yo, el drama del padre (quien, irónicamente, de alguna manera termina convirtiéndose en paciente del atormentado hijo), aunque bien narrado, me deja frío por lo inverosímil de la represión que experimenta frente su "amada" alumna o, en todo caso, como si esa represión pudiera ser la verdadera causa originaria del fracaso no solo del padre sino también del propio hijo. Casi me recuerda a la celebrada "Pais de Jauja" de Edgardo Rivera Martínez: de las casi 600 páginas en que se extiende la novela, tienen que pasar por lo menos cien para que el protagonista se decida a tomarle la mano a su novia. Asimismo, lo del conejo, como símbolo de su conexión con el pasado que hay que superar, creo que tampoco va. 

Como sea, sin contar con el aparato marquetero de las grandes editoriales que suelen hacer de las piedras simples falsos diamantes, me alegra por Francisco y por la buena literatura en general. Si no un rubí, es una joyita. (Renato Sandoval)

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