sábado, 6 de diciembre de 2014

De sol y sombra




En la visita obligada a la arbolada Plaza de Armas de Santiago de Chile, un enésimo encuentro con la gran comunidad desempleada y marginada del Perú, que suele congregarse ahí para compartir la soledad, el desarraigo y acaso las aún vivas esperanzas de ganarse el pan que, ni prostituyéndose ni humillándose como algunos lo hacen aquí, pueden conseguir en su tierra de origen. El desamparo y la tristeza al menos se ven aliviados por la compasiva sombra de los árboles que inundan el soleado sitio y que, a diferencia de la yerma Plaza Mayor de Lima, acoge sin distincion a ganadores y perdedores. Entonces recuerdo las líneas de Vallejo que aparecen a continuación, y una ternura desbocada inunda mi corazón y lo termina de quebrar en mil pedazos. ¡Ah, si al menos hubiera árboles que proyectasen amable sombra en todas las calles de Lima, donde prolifera tanto desdichado!:

 

"Existen también entre las niñas que hoy recorren las calles buscando novio, muchas que no se hacen cortar el cabello, que viven sin la esperanza de un amor y que, además, carecen del pan del día y de medios honestos de ganarlo por sí mismas. Estas son las bohemias, de una bohemia inquerida, como reza en el poema de Dano. ¿Conocéis la bohemia inquerida? iOh qué dolor! Yo sé de esta bohemia y conozco su hueso amarillento, su martillo sin clavos, su par de dados, su gemebundo gallo negativo. (“Desde Europa, II, 77).


De "Bitácora de poeta"

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