miércoles, 12 de noviembre de 2014

Atajo




"Viajar es una pena sin nombre
que lucha a labios llenos
por engullirse así la vida.
Es decir no a la muerte sin fronteras.
Es alentar en vano una esperanza,
la plegaria amarga de un suicida
estercolando el paso de una condena"

(RSB, 1993)
Foto: Tomboctú, Mali.

martes, 11 de noviembre de 2014


De lo sustantivo y lo adjetivo en literatura








Hay novelas sustantivas y hay novelas adjetivas. Las primeras tienen sustancia, fuerza, sentido, verosimilitud, así como una trama atractiva y con personajes bien logrados que le dan a uno qué pensar o qué sentir. Las otras son ralas, débiles, incongruentes, nada creíbles y con personajes acartonados,  medio zombies o “walking dead”, que no le mueven ni siquiera un pelo al lector. Para colmo, usan y abusan literalmente del adjetivo, de manera que la sustancia es solo un accidente y todo el conjunto se convierte en algo impostado o postizo. Me temo que ese es el caso de “La iluminación de Katzuo Nakamatsu” y “Gaijin”, del peruano Augusto Higa Oshiro, quien además acaba de publicar sus cuentos completos (estos bastante buenos, eso sí) por la editorial Campo Letrado. Por añadidura, dichas novelas están plagadas de adjetivos, cuyo real significado parece que ignorara el autor, razón por la cual el lector avisado se desconcierta y desvía su atención de lo que dicho autor quiere narrar debido a lo equívoco de su lenguaje. Marco Aurelio Denegri (¡uy!) estaría de plácemes poniendo al desnudo cada inexactitud semántica de este interesante escritor, para quien sin embargo el género de la novela le queda un tanto grande. Asimismo, no basta con usar nombres japoneses para que una obra refleje esa cultura o, si cabe, una manera de ser “japonesa” o, en el caso de Higa, un desadaptado niséi que busca, insomne y sin éxito, un lugar en este multicultural país que es el Perú. Por eso es que lo adjetivo no es lo mismo que lo sustantivo; por eso lo  adjetivo sabe a impostura, a trampa, a engaño. Más aún si buenos escritores, como Miguel Gutiérrez, lo avalan y lo alaban sin miramientos, acaso por amistad generacional (ambos pertenecieron al grupo “Narración”), lo que a fin de cuentas constituye un mal servicio tanto para el mencionado autor como para sus potenciales o fieles lectores. ¿Será que Gutiérrez habrá leído otra novela? ¿Será que yo, más bien, la leí mal, como suelo hacerlo? (RSB)
(...)


Hay algo pues que cala y yo no digo,
hay lo que se va, lo que nunca estuvo,
lo que vino entonces trayendo la delicia,
allí mismo donde hubor rubor y palidez
y en donde ahora entono
la nota viva del labio pasajero.

[RSB, 1983]

Foto: En Borj Mokhtar, Argelia, frontera con Mali
Tres poemas quechuas




Poemas resaltados por Sebastián Salazar Bondy. A propósito de la valiosa recopilación de poesía quechua huanca que hiciera Sergio Quijada Jara ("Canciones de ganado y pastores", Huancayo: P.L. Villanueva, 1957), dice SSB. "La característica especial que se desprende de los textos españoles de esta serie puede fijarse en la pureza de las alusiones, en las cuales la brevedad, la síntesis metafórica, determina [sic] aciertos literarios a veces extraordinarios. He aquí dos ejemplos:

El cuerno de mi vaca
no es cuerno,
es vaso de cristal,
es vaso de la China.
El rabo de mi vaca
no es rabo,
es cinta de seda fina
desatada.
("Cuerno de vaca)"


Los peces del río
no se dan cuenta,
los peces del agua
no malician,
que en cajas de sardina
pueden estar encerrados
y en cajas de portola
pueden estar con llave.
Así lo mismo
yo no presiento
que en el corazón de mi negra
puedo estar con llave,
así lo mismo
yo no malicio
que en los brazos de mi amada
puedo estar encerrado.
("Peces del rio") "








Y SSB sigue diciendo: "Los poemas de amor y dolor proponen una imagen pesarosa de la vida, un escepticismo en lo que respecta a la relación de la pareja enamorada, a lo cual se une, en un solo haz, cierta sutil y aguda protesta social, insinuada apenas, de tal modo que no afecta la efusión que el poema, de por sí, entraña. Las muestras abundan, pero baste una para ilustrar lo dicho:


Pobre paria
pobre llamero
mi casa es de calamina, has dicho
mi casa es de teja, has dicho.


Cuando no era de calamina
cuando no era de teja
cueva de piedras era tu casa
de piedras menudas había sido.


A una muchacha amorosa
estoy buscando
en el centro de una rosa en botón
en medio de un clavel, "


Tomo esto de "La luz tras la memoria", de Sebastian Salazar Bondy (Lima: Lápix Editores, 2014, tomo I, pp-357-7; edición de Alejandro Susti). Luego pondré más textos -en quechua y español- del citado libro de Sergio Quijada Jara, que por especialmente notable exigiría una urgente reedición.

i

lunes, 10 de noviembre de 2014

De verdades y mitomanías




Ante un incumplimiento de la otra parte, como excusa prefiero mil veces una increíble y alucinante mentira que una sosa y muy plana verdad. No es lo mismo que te hayan dejado porque simplemente se les olvidó o no les importó la cita que habían pactado contigo a que traten de convencerte de que un elefante multicolores interrumpió por horas el tráfico de camino a esa cita o que justo, antes de salir a tu encuentro, hubo un demoledor terremoto de grado nueve en la escala de Mercalli en el barrio de esa persona, que vive a solo cinco cuadras de tu casa. No hay nada como la ficción para hacer más bella y aceptable la muchas veces pálida y desilusionante verdad.

De: "Bitácora de poeta"

domingo, 9 de noviembre de 2014

César Moro (Lima, 1903-1956) 
por André Coyné 

César Moro

"En apariencia, nada: un ser más sutil, físicamente, y más cortés que este o aquel; en realidad, una presencia de un nuevo orden, que ponía en cuestión todas las otras; voz, mirada, dulzura de la voz, pero para decir cosas terribles o simplemente justas, terriblemente justas, sin apelación; dulzura igualmente de la mirada, pero dulzura de llama que penetra y abrasa y, para purificar, consume".

Tomado de "La luz tras la memoria" de Sebastián Salazar Bondy. (Lima, Lápix Editores, 2014, p. 219. Edición a cargo de Alejandro Susti.


André Coyné

La memoria de Sebastián Salazar Bondy


Felicitaciones a Alejandro Susti por su trabajo de recopilación, edición y fino estudio de buena porción de los artículos literarios de ese talentoso polifacético que fue Sebastián Salazar Bondy (Lima, 1924-1965), autor, entre muchos otros títulos del ensayo -en gran parte aún vigente- de "Lima, la horrible" (título que proviene en realidad de César Moro). El crítico Gérald Hirschhorn señala que SSB redactó unos 2231 artículos, de los cuales 500 dedicados a la crítica literaria. En este caso, se trata del primero de dos tomos que constituyen "La luz de la memoria" (Lima: Lápix Editores, 2014, 390 pp.) y que recuperan para nosotros una serie de luminosos artículos sobre literatura y cultura, con la elegancia, la perspicacia, la honestidad y el buen estilo que caracterizaron siempre al autor de "El tacto de la araña". En lo particular, de las dos grandes secciones en que está dividido el primer volumen -una sobre el problema del libro y la lectura junto con el de la circulación de revistas y editoriales; la otra acerca de la tradición literaria peruana-, a todas luces es esta última donde se encuentra lo más valioso de esta publicación, en la medida en que esto se patentiza en la variedad de temas y autores que toca, la sutileza y el ángulo novedoso con que los aborda, así como el nervio y la sensibilidad que no pocas líneas suyas rezuman cuando de asuntos espinosos y conflictivos se trata. 

Menos interesante para mí es la primera parte, donde se reiteran hasta el exceso ciertos análisis y propuestas de solución, si bien estos son acertados y hasta ahora válidos. El segundo tomo -de muy próxima aparición- promete una serie de artículos sesudos y enjundiosos, divididos a su vez en seis secciones y cuyo título general es "¿No hay escritores peruanos?". 

Un libro que no tiene pierde y que todo el mundo tendría que leer, empezando por las autoridades que, sin rumbo alguno, siguen sin amparar y fomentar la cultura peruana como debieran, hasta las nuevas generaciones de lectores y escritores de esta patria grande, antigua y dolorosa que es el Perú. 


sábado, 8 de noviembre de 2014

Dos poemas de Francis Catalano




Dos poemas del canadiense FRANCIS CATALANO, que estuvo en el Primer Festival Internacional de Poesía de Lima (Fiplima), y de quien la Editorial Nido de Cuervos pronto publicará una suculenta antología en edición bilingüe francés-español.

*


No confundir “NADA” con “NADIE”
aquí terminan los lugares posibles
a menos que este no sea
propiamente el fin
de los lugares
en esta playa virgen y
desierta en forma de U
que no haya nadie no significa
que no haya nada
hay pues acantilados el mar
esos buitres llamados zopilotes
cactus agaves
sin contar las nubes
la curva de las montañas la bahía Cacaluta
no hay pues nada y
aun si no hubiera nada
habría todavía alguna cosa:
esa dicha de encontrarse en los
lindes de la lengua
en su sustancia leñosa
y poder gritar a todo
pulmón sin ser oído por na-
die ni nada…
aquí en este antepenúl-
timo verso listo para hundirse
en el infinito

(El fin de los lugares)


*


En apnea entro en el lenguaje
de los peces de cola amarilla y
de los peces flauta
me meto en la pendiente
en equilibrio y transformado
en algo inmune
a las medusas
sobre esta afilada cresta entre dos vertientes a pico
tan lejos como lejos puede ser lejos
pienso en esto encima
del abismo en el hecho que los peces
en su medio no son
exactamente peces
no menos que yo inmerso
soy perfectamente
anfibio minusválido ex-
tendiendo la mano a
bebidas exóticas:

(Sobredimensiones acuáticas)

(Traducción del francés de RSB)
Ilusiones verdaderas





La obra de arte suscita fuertes y auténticas emociones mediante recursos del todo artificiales. Nada más alejado de la capacidad "aristotélica" de producir conmoción y asombro que la expresión ingenuamente llana y directa de los sentimientos y de las pasiones que nos animan en la vida diaria. El arte cierto da cuenta de nuestra verdad más profunda a través de fuegos artificiales. Quien no sabe usarlos, simplemente es como la polilla: se aproxima mucho a la luz, se deslumbra y luego se quema. Y lo peor de todo: el destinatario de ese inútil alarde y torpe sacrificio ni se entera.
 
De. "Bitácora de poeta"

viernes, 7 de noviembre de 2014

          Sobre ecos y olvidos en  
                                     Dora Bruder






¡Qué buena novela la del último Nobel Patrick Modiano! Turbadora, potente, contenidamente rabiosa e indignada por la vergonzante y execrable inhumanidad en tiempos de la ocupación parisina por los nazis. No obstante, una enorme "ternura entristecida" -parafraseando al escritor maldito Jean Genet, como lo hace el narrador de este estupendo libro- recorre todas sus pocas páginas con una aparente frialdad propia de toda investigación que se pretende objetiva, pero que felizmente, para agradecimiento y conmoción legítima del lector, apenas si disfraza su preocupación, desconcierto, desorientación, horror y orfandad. Dora Bruder, la quinceañera en principio desaparecida y luego asesinada en un campo de concentración, es también Modiano mismo, pero además cada uno de nosotros, eventuales víctimas de la prepotencia, del fanatismo, de la arbitrariedad, de las muchas cosas que nos tratan de aniquilar por todos los medios. Llegar a saber la verdad y no olvidar nunca si no es la solución a estos problemas, es al menos una necesaria reacción para impedir que la bestialidad nos gane por completo y se extinga de una vez "la raza humana" (sic).

Copio los últimos párrafos del antepenúltimo capítulo de "Dora Bruder" (Seix Barral: Barcelona, 2014, 127 pp. Traducción de Adolfo García Ortega):

"Me dije que nadie se acordaba de nada. Tras el muro [de la prisión] se extendía una tierra de nadie, una zona de vacío y de olvido. Los viejos edificios de Tourelles no habían sido derribados como el pensionado de la calle Picpus, pero esto carecería de importancia.

"Y no obstante, bajo aquel denso manto de olvido, se oía, de cuando en cuando, algo, un eco lejano, ahogado, pero era imposible saber qué. Era como encontrarse al borde de un campo magnético sin péndulo para captar ondas. En la duda y por mala conciencia habían colgado el cartel de 'Zona militar. Prohibido filmar y hacer fotografías'." (p. 117)


De: "Bitácora de poeta"

miércoles, 5 de noviembre de 2014

 Umbral






Empujo la puerta. Un solo paso,

a los ojos del enfermo

el corredor no tiene fin. Mi bigote

mira siempre abajo, el rostro

del sujeto a quien últimamente odio. No

diré mi nombre en vano, rueda el

aliento por ese pasillo hacia la gloria. Quién

dijera que fui olvido o un vil secreto

si ahora confío en este día. Solo así

aceptaré

ir de paseo a donde saltan los delfines.

(RSB)


                                  Sobre críticos y llaveros




A duras penas termino de leer la última novela de NN, quien tiene varias décadas en el oficio. Como había muchas notas de prensa que lo celebraban, tenía especial expectativa en él. Muy pronto, sin embargo, su lectura me resultó insufrible no solo por lo inusualmente engolado y postizo de su lenguaje -infrecuente en él en obras anteriores-, sino además porque tanto la historia como sus personajes eran inverosímiles, huecos, acartonados, triviales; en fin, fallidos en todo el sentido de la palabra. Cuando a duras penas llegué a la palabra “FIN”, junto con el alivio que experimenté por haberla podido terminar para poder decir algo cabal al respecto, sentí también una mezcla de pena y de ira: pena porque el autor que yo siempre había seguido con interés había involucionado hasta un punto cercano al cero; ira porque me había dejado llevar -una vez más- por los comentarios de gente que no sabe nada de literatura, aunque haya obtenido varios doctorados, o que por insondables o no tan santas razones se dedican no solo a la crítica sino incluso hasta escribir novelas. Entiendo que todos queramos ser Joyce o Pound o Edmund Wilson, pero muy pocos les llegan siquiera a los tobillos. Habría que darse cuenta a tiempo de eso y recién entonces escribir y comentar con más tino o bien dedicarse a otra cosa, como recoger conchitas en la playa o empezar a coleccionar llaveros. En mi caso, me he inclinado por esto último.


A propósito de dichos autores y críticos, copio un poema muy pertinente del brasileño Fabricio Marques (1965), quien estuvo en el Segundo Festival Internacional de Poesía de Lima (Fiplima 2013):



Miniletanía de política editorial



Suplícame que yo te publico

Reséñame que yo te critico

Estúdiame que yo te edito

Critícame que yo te suplico

Edítame que yo te cito

Analízame que yo te critico

Cítame que yo te publico





De: Bitácora de poeta”


martes, 4 de noviembre de 2014

Sobre "Austin, Texas. 1979"




Acabo de leer, de un tirón, la bien escrita novela de "Austin, Texas. 1979" de Francisco Ángeles. En efecto, de lo mejor publicado por un joven peruano en estos últimos años. Mucho nervio, autenticidad y real desasosiego es lo que ella transmite. Inevitable pensar en otras novelas como posibles referentes, empezando por "El túnel" de Sábato hasta "La invención de la soledad" de Auster, pasando por la magnífica "La conciencia de Zeno" de Italo Svevo, en lo que se refiere a la presencia de desequilibrados, padres e hijos y médicos (veterinarios) y psicoanalistas. 

Sin embargo, será por cuestiones de edad, por propia e inconfesable experiencia o qué sé yo, el drama del padre (quien, irónicamente, de alguna manera termina convirtiéndose en paciente del atormentado hijo), aunque bien narrado, me deja frío por lo inverosímil de la represión que experimenta frente su "amada" alumna o, en todo caso, como si esa represión pudiera ser la verdadera causa originaria del fracaso no solo del padre sino también del propio hijo. Casi me recuerda a la celebrada "Pais de Jauja" de Edgardo Rivera Martínez: de las casi 600 páginas en que se extiende la novela, tienen que pasar por lo menos cien para que el protagonista se decida a tomarle la mano a su novia. Asimismo, lo del conejo, como símbolo de su conexión con el pasado que hay que superar, creo que tampoco va. 

Como sea, sin contar con el aparato marquetero de las grandes editoriales que suelen hacer de las piedras simples falsos diamantes, me alegra por Francisco y por la buena literatura en general. Si no un rubí, es una joyita. (Renato Sandoval)

sábado, 1 de noviembre de 2014

Día de los Muertos / Day of the Dead

Como en otros muchos países, en el Perú también se mata y se remata impunemente. Y ser matado es gratis, todo una ganga. ¡Bienvenidos al país de su inigualable chancho al palo y de su poderosa gastronomía, que nos enorgullece y dignifica! Lo mismo pasa con nuestro maravilloso respeto a la vida y a los derechos humanos. Sin embargo, sugiero que el Día de los Muertos sea rebautizado como el Día de los Asesinados Inocentes. 


About the All Saints' (sic) and the Dead' Days, as in many other countries, also in Peru there are killings and overkillings with impunity. And to be killed is for free, a real bargain. Welcome to this country with its unique passed-though pork and its powerful gastronomy that makes us proud and dignified! The same with our wonderful respect for life and human rights. However, I suggest that the Day of the Dead shoud be rebaptized as the Day of the Innocent Assassinated.






Muertos


En el día de Todos los Santos y en el de los Muertos (políticos), este poema inédito de Affonso Romano de Sant'Anna:

UN POEMA SOBRE LOS MUERTOS (PRINCIPALMENTE)

Los muertos no tienen que cepillarse los dientes por la mañana,
no se desperezan cuando despiertan, además ni se despiertan;
tampoco se preocupan de lo que van a hacer por la tarde.

Los muertos no tienen que salvar el país,
ir al motel, pagar impuestos.
Los muertos no sufren de mal de amores,
no se matan unos a otros,
no leen los diarios, no discuten en las esquinas
ni conversan en el ascensor
sobre los partidos del domingo.

Envidiables, los muertos.
No se preocupan de los vivos
ni de sus semejantes, los muertos.

La búsqueda de la felicidad
fue del todo rebasada.
Los muertos lograron (por muertos)
lo que los vivos anhelan:
La neutralidad absoluta.

No están presos en el tiempo
y se ríen de la eternidad.

(Trad. de Renato Sandoval Bacigalupo)



UM POEMA INÉDITO SOBRE MORTOS (PRINCIPALMENTE)
Os mortos não têm que escovar os dentes de manhã
não se espreguiçam quando acordam, aliás, nem acordam.
também não se preocupam com o que vão fazer à tarde.

Os mortos não têm que salvar o país
ir ao motel, pagar tributos,
Os mortos não sofrem de mal de amor
não se matam uns aos outros
não lêem os jornais, não discutem nas esquinas
nem conversam no elevador
sobre os jogos de domingo.

Invejáveis, os mortos .
Não se preocupam com os vivos
nem com com seus semelhantes, os mortos.

A busca da felicidade
foi totalmente ultrapassada
Os mortos atingiram, (porque mortos)
o que os vivos almejam:
a neutralidade absoluta.

Não estão presos ao tempo.
e riem da eternidade.