martes, 6 de enero de 2015

Cantos sin encanto



 
Hablando de bellezas absolutas, tengo para mí que la fealdad o lo que, por diversas razones, consideramos dañino y repulsivo, debe de tener una razón de ser positiva, en la línea de la ley de necesidad universal de la que hablaba Henri Bergson: si existe algo, es porque es necesario que exista; de lo contrario, no existiría. En ese sentido, pienso, por ejemplo, en las cucarachas o en las ratas; la primeras aparecieron sobre la faz de la Tierra hace trescientos millones de años; las otras, hace treinta millones. Ambas especies -temidas y despreciadas por los seres humanos- han demostrado una resistencia a toda prueba, y se dice que si hubiera una conflagración nuclear, las cucarachas serían las primeras que volverían a poblar la Tierra. Esto para decir que en esas "horribles" especies a lo mejor se encontrará un día la cura definitiva para el cáncer, el sida y cualquier otra enfermedad degenerativa que atente contra la supervivencia del hombre. Gran ironía la que nos toca frente a esa insospechada posibilidad de volvernos casi eternos y resistentes como tales seres, tan abyectos para nosotros. Si hay justicia en la Poesía, también a ellos habría que celebrarlos como se lo ha hecho hasta hoy con las dulces flores y las amables aves (sic). A su retorcida manera, Gottfried Benn lo hizo. ¿Será por eso que alguna vez el oscuro y visionario Paul Celan dijo: "Es sind noch Lieder zu singen jenseits der Menschen" ("Aún hay cantos que cantar más allá de los hombres")? (RSB)


De "Bitácora de poeta"

(Foto: Carátula de la primera edición de "La metamorfosis" (1916), de Franz Kafka.

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