sábado, 24 de enero de 2015

Un poema, claro, de Cesare Pavese (1908-1950)







Las mañanas discurren claras
y desiertas. Así tus ojos
se abrían en un tiempo. La mañana
transcurría lenta, era un remanso
de inmóvil luz. Callaba.
Tú, viva callabas; las cosas
vivían bajo tus ojos
(sin pena sin fiebre sin sombra)
como un mar en la mañana, claro.

Donde estás, luz, es de mañana.
La vida eras y las cosas.
En ti despiertos respirábamos
bajo el cielo que aún está en nosotros.
Sin pena ni fiebre entonces,
sin esta grave sombra del día
agolpado y distinto. Oh, luz,
claridad lejana, afanoso
respiro, vuélvenos tus ojos
inmóviles y claros.
Es sombría la mañana que pasa
sin la luz de tus ojos.

        30.3.1950

(Traducción del italiano de Renato Sandoval Bacigalupo. Vendrá la muerte y tendrá tus ojos. Lima: Editorial Nido de Cuervos, 1989)
 

 



I mattini passano chiari
e deserti. Così i tuoi occhi
s'aprivano un tempo. Il mattino
trascorreva lento, era un gorgo
d'immobile luce.
Taceva. Tu viva tacevi; le cose
vivevano sotto i tuoi occhi
(non pena non febbre non ombra)
come un mare al mattino, chiaro.

Dove sei tu, luce, è il mattino.
Tu eri la vita e le cose.
In te desti respiravamo
sotto il cielo che ancora è in noi.
Non pena non febbre allora,
non quest'ombra grave del giorno
affollato e diverso. O luce,
chiarezza lontana, respiro
affannoso, rivolgi gli occhi
immobili e chiari su noi.
È buio il mattino che passa
senza la luce dei tuoi occhi.


             30.3.1950

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