martes, 17 de febrero de 2015

Un poema antiguo a Ahasverus




Es decir, al Judío Errante, es decir, a mí. (Imagen: Marc Chagall). 


Ahasverus

De ser así como la tarde desvaría
en el desierto de sombras y sudores,
combatiendo entre sí misma y la alada hora
que gris se extiende y encendida me supura,
carnal espina de verano lisonjera
al socaire y al destiempo de otros vientos,
heme aquí sobre la hoja vacua que prosterna,
engendro y forastero de las sombras
palpitando el palmo y bebiendo el polvo
de esta sed que muere y solo ahora desespera.
Ni en este reino ni en el confín hermano
donde el amor proficuo humilde discurría,
no en la algazara de lo esculpido por mis labios
ni en esta curva que sesga al ras todas mis laderas.
Tan solo ahí donde el ojo es pez de nieve
y escala abismos de savia premurosa,
en donde el ansia es el don de la memoria
y el dolor la llave ciega
que a tientas lee la voz del peregrino.

Roma, 3-6-1991


(RSB)

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