lunes, 30 de marzo de 2015

Dos poemas de John Updike
(1932-2009) 



El primero, muy ecológico; el segundo, dedicado a los colegas que disfrutan de los reflectores y de las presentaciones. Falta el tercero, titulado "Klimt and Schiele confront the cunt" ("Klimt y Schiele enfrentan a la chucha" - Disculpen, por ahora, el peruanismo). Lo colgaré cuando encuentre el original en inglés. Tal vez, si lo tiene, alguno de ustedes me lo pueda enviar.


Fellatio

Qué hermoso pensar
que cada una de estas pulcras secretarias
por la noche, para complacer a su amante, lleva
una fuente a su boca
y deja que sus entrañas, cargadas de semillas,
florezcan en sus paisajes:
prados regados con aliento de bebé.
ásperos y espigados bosques, aves retozando en el agua,
una multitud de cielos con nubes, arada tierra hediendo
a humus revuelto, y pequeñas granjas cada
una con un silo de plata.


Al final del arcoíris


¿Es esta la gloria por la que has tratado de vivir?
El cuarto de motel, 10:45, solo,
el último libro firmado, el aplauso atronador
aún resonando en tu cuerpo. Los corteses
intercambios con los parientes lejanos
que manejaron cien millas o algo así (como si
no creyeran en algo hasta no verlo con los propios ojos),
el nervioso parloteo con tu chaperón,
el barbado director del programa de escritura
(entre ustedes, en el auto oscuro, como una daga,
su propia y delgada obra), las alumnas con rostros sedosos,
sus sonrisas tan cálidas como húmedos sus calzones,
ya pasó todo, lo soportaste. La cama cuadrada, el despertador
high-tech, digital. El retrete. El cheque.

(Traducción del inglés de Renato Sandoval Bacigalupo)


Fellatio

 

How beautiful to think
that each of these clean secretaries
at night, to please her lover, takes
a fountain into her mouth
and lets her insides, drenched with seed,
flower into her landscapes:
meadows sprinkled with baby's breath,
hoarse twiggy woods, birds dipping, a multitude
of skies containing clouds, plowed earth stinking
of its upturned humus, and small farms each
with a silver silo.


At the end of the rainbow

Is this the bliss for which you’ve tried to live?
The motel room, 10:45, alone,
the last book signed, the thunderous applause
still tingling in your body. The polite
exchanges with the distant relatives
who drove a hundred miles or so (as if
they didn’t trust a thing but down right seeing),
the nervous banter with your guardian,
the bearded chairman of the writing program
(between you in the dark car like a dagger
his own slim oeuvre), the silken-faced coeds,
their smiles as warm as humid underpants,
all gone, endured. The square made bed. Hi-tech
alarma clock, digital. The john. The check

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