domingo, 8 de marzo de 2015

Rilke y del ser humano femenino


Auguste Rodin. "Ídolo eterno" (1889)


Siempre me maravillarán las Cartas a un joven poeta de R.M. Rilke, no solo por su delicadeza y perspicacia en todo lo que concierne a la poesía, sino también por su inmensa capacidad visionaria y precoz sabiduría. Pasajes como el extenso que copio, en ocasión de este Día Internacional de la Mujer (en realidad, descreo de las efemérides de este tipo, pero el homenaje de hoy lo considero justo y necesario), pasajes como este que sigue, digo, confirman lo que opino.

"La joven y la mujer, en su nuevo desarrollo personal, serán transitoriamente imitadoras de los malos y los buenos modales masculinos, y repetidoras de las profesiones varoniles. Tras la incertidumbre de tales tránsitos se demostrará que las mujeres habrán pasado por esos abundantes y variados disfraces -con frecuencia risibles- solo para purificarse, en lo más peculiar de su naturaleza, de las deformadoras influencias del otro sexo. Las mujeres, en las cuales la vida se demora y habita más inmediata, fecunda y confiadamente que en el hombre, es preciso que en el fondo hayan llegado a ser humanos más maduros, seres más humanos que el hombre liviano -no atraído bajo la superficie de la vida por el peso de ningún fruto corporal-, quien, fatuo, precipitado, menosprecia lo que cree amar. Esta humanidad de la mujer, madurada en los dolores y las humillaciones, saldrá a la luz cuando la mujer haya mudado los convencionalismos de lo exclusivamente femenino, en las metamorfosis de su condición social; y los hombres, que aún hoy no sienten llegar esto, se verán sorprendidos y vencidos. Un día (de ello, sobre todo en los países nórdicos, ya hablan e ilustran signos inequívocos), un día la joven será, y será la mujer, y sus nombres no significarán más lo mero contrario de los masculino, sino algo por sí, algo por lo cual no se piense en ningún complemento ni límite, sino nada más que en vida y en ser: el ser humano femenino. " 


(Carta VII. Roma, 14 de mayo de 1904. A la sazón, Rilke tenía "solo" 28 años ).




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