martes, 24 de marzo de 2015

Sobre amigos y argollas





Cuando trato de entender por qué a lo largo de la vida uno en realidad no termina teniendo ni más ni menos amigos de los que hizo en sus años escolares o universitarios, sin importar lo popular o conocido que ahora sea; o cuando trato de entender por qué a uno le resulta imposible ingresar a ciertos círculos -sean los más encumbrados o los más corruptos-, leo el siguiente texto de Kafka y entonces lo comprendo todo, lo que es lo mismo que no entender nada. (RSB):

Comunidad

 
Somos cinco amigos; una vez salimos de una casa uno detrás del otro; primero vino uno y se colocó frente a la entrada; luego desde la puerta, vino o, mejor dicho, se deslizó tan ligeramente como se desliza una bolita de mercurio, el segundo y se paró no lejos del primero; luego el tercero, luego el cuarto, luego el quinto. Por último estábamos todos de pie formando una hilera. La gente se fijó en nosotros y señalándonos decía: los cinco acaban de salir de esa casa. Desde entonces vivimos juntos; sería una vida pacífica si un sexto no viniera siempre a entremeterse. No nos hace nada, pero nos fastidia, lo que ya es bastante; ¿por qué intenta meterse a la fuerza allí donde nadie lo quiere? No lo conocemos y no queremos tenerlo entre nosotros. Es cierto que antes nosotros cinco no nos conocíamos y, si se quiere, ahora tampoco nos conocemos mutuamente, pero lo que es posible y admitido entre nosotros cinco es imposible e inadmisible en ese sexto. Además, somos cinco y no queremos ser seis. Y, por lo demás, qué sentido puede tener esta convivencia permanente, si entre nosotros tampoco tiene sentido, pero pasa que ya estamos juntos y seguimos estándolo, pero no queremos una nueva unión, precisamente por causa de nuestras experiencias. Y, sin embargo, cómo hacerle ver todo esto al sexto, puesto que largas explicaciones supondrían ya una aceptación en nuestro grupo. Mejor es no explicarle nada y no aceptarlo. Por más que él frunza los labios, lo apartamos empujándolo con el codo, pero por más que lo empujemos, vuelve siempre otra vez.

(Traducción del alemán de Renato Sandoval Bacigalupo. En La metamorfosis y otros relatos. Lima: Pontificia Universidad Católica del Perú, 2004, 634 pp.). 



Gemeinschaft


Wir sind fünf Freunde, wir sind einmal hintereinander aus einem Haus gekommen, zuerst kam der eine und stellte sich neben das Tor, dann kam oder vielmehr glitt so leicht, wie ein Quecksilberkügelchen gleitet, der zweite aus dem Tor und stellte sich unweit vom ersten auf, dann der dritte, dann der vierte, dann der fünfte. Schließlich standen wir alle in einer Reihe. Die Leute wurden auf uns aufmerksam, zeigten auf uns und sagten: »Die fünf sind jetzt aus diesem Haus gekommen.« Seitdem leben wir zusammen, es wäre ein friedliches Leben, wenn sich nicht immerfort ein sechster einmischen würde. Er tut uns nichts, aber er ist uns lästig, das ist genug getan; warum drängt er sich ein, wo man ihn nicht haben will. Wir kennen ihn nicht und wollen ihn nicht bei uns aufnehmen. Wir fünf haben zwar früher einander auch nicht gekannt, und wenn man will, kennen wir einander auch jetzt nicht, aber was bei uns fünf möglich ist und geduldet wird, ist bei jenem sechsten nicht möglich und wird nicht geduldet. Außerdem sind wir fünf und wir wollen nicht sechs sein. Und was soll überhaupt dieses fortwährende Beisammensein für einen Sinn haben, auch bei uns fünf hat es keinen Sinn, aber nun sind wir schon beisammen und bleiben es, aber eine neue Vereinigung wollen wir nicht, eben auf Grund unserer Erfahrungen. Wie soll man aber das alles dem sechsten beibringen, lange Erklärungen würden schon fast eine Aufnahme in unsern Kreis bedeuten, wir erklären lieber nichts und nehmen ihn nicht auf. Mag er noch so sehr die Lippen aufwerfen, wir stoßen ihn mit dem Ellbogen weg, aber mögen wir ihn noch so sehr wegstoßen, er kommt wieder.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada