lunes, 6 de abril de 2015

El tercer poema de Updike que faltaba


Gustav Klimt


Egon Schiele


(Y que en verdad sigue faltando porque nunca conseguí la versión original en inglés para corregir esta antigua mía en español, que quería mejorar). Me temo que es demasiado "culto" porque para entenderlo a cabalidad habría que estar al tanto de la obra de John Ruskin, Munch, Freud y, por supuesto, de Klimt y Schiele, así como del romanticismo, positivismo, psicoanálisis y de un largo etcétera, que yo mismo ignoro ;-)  A veces la poesía se pone demasiado exquisita y elitista, a decir verdad. Pero no por eso deja de ser fascinante. De otro lado, como dije antes, perdonen el peruanismo "chucha". Remplácenlo por su equivalente en sus respectivos países. (RSB)

 

KLIMT Y SCHIELE SE ENFRENTAN A LA CHUCHA
(Klimt and Schiele confront the cunt)

 

El hecho de que las mujeres en su marmórea gloria aún
tuvieran vello púbico sorprendió tanto a Ruskin por
lo que se volvió impotente y tuvo que divorciarse.
El siglo diecinueve, a pesar de su amor
por los hechos, prefirió que el pelo de la mujer cayera en torrentes,
como emanaciones de la divinidad,
un río de espectros, meramente cerebral.

Viena, sin embargo, miraba más abajo. Freud
se sentaba prestando oídos en ese diván místico
donde cabezas doradas y castañas se materializaban
para destilar los líquidos de sus mentes, mientras Klimt
y Schiele dibujaban chuchitas negras en sus
desnudos e incluso resaltaban los labios
que enmarcan el inocente agujero que los hombres buscan y temen.

Para el estilista Gustav Klimt, cuya obra temprana
revela mucha de la histeria de Edward Munch
[¡esas tóxicas hembras fatales, de pelo ofídico y miradas fijas!]
la zona púbica (en un tiempo llamada
por la joven Adèle Astaire el “As de Espadas”),
juega a las escondidas tras una cabeza inclinada
o embutida entre las nalgas, como un tirabuzón.

Para Egon Schiele, que nació más cerca
de la fin de siècle (fin es femenino,
observarán los hombres), el lápiz indaga más profundamente
y algo parecido al hambre nubla la vista
mientras que los dedos buscan la ranura del masturbador.
La carne está tensa y salpicada de manchas pero viva,
y el apetito atormenta su boca desdentada. 



(Traducción -en borrador- del inglés de Renato Sandoval Bacigalupo)

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