jueves, 9 de abril de 2015



Segundo poema de El vino triste
de Cesare Pavese


 


Celos (2)



De día, el hombre viejo tiene la tierra, y de noche

una mujer que es suya -que era suya hasta ayer.

Le gustaba descubrirla, como si abriese la tierra,

y mirarla detenidamente, tendida en la sombra,

en espera. La mujer, con los ojos cerrados, sonreía.




Esta noche el hombre viejo está sentado a la vera

de su campo descubierto, pero no escruta la mancha

del seto lejano, no extiende la mano

para arrancarle un tallo. Contempla entre los surcos

un pensamiento en brasas. La tierra revela

si alguien le ha puesto las manos y la ha quebrado:

hasta de noche lo revela. Pero no hay mujer viva

que conserve la huella del abrazo del hombre.




El hombre viejo repara que la mujer solo sonríe

con los ojos cerrados, aguardando tendida,

y de pronto comprende que sobre el cuerpo joven

el abrazo de otro recuerdo pasa en ensueños.

El hombre viejo ya no ve el campo en la sombra.

Se ha hincado de rodillas apretando la tierra

como si fuese una mujer y supiese hablar.




Esta noche, tendida y con los ojos cerrados, la mujer

no habla ni sonríe, desde los labios torcidos

hasta el hombro morado. Por fin el cuerpo revela

el abrazo de un hombre: el único

que ha podido marcarla y le ha apagado su sonrisa.




(Traducción de italiano de Renato Sandoval Bacigalupo)



 2-3 de noviembre, 1937




Gelosia (2) 



L’uomo vecchio ha la terra di giorno, e di notte
ha una donna ch’è sua – ch’era sua fino a ieri.
Gli piaceva scoprirla, come aprire la terra,
e guardarsela a lungo, supina nell’ombra attendendo.
La donna sorrideva occhi chiusi.



L’uomo vecchio stanotte è seduto sul ciglio
del suo campo scoperto, ma non scruta la chiazza
della siepe lontana, non distende la mano
a divellere un’erba. Contempla tra i solchi
un pensiero rovente. La terra rivela
se qualcuno vi ha messo le mani e l’ha infranta:
lo rivela anche al buio. Ma non c’è donna viva
che conservi la traccia della stretta dell’uomo.



L’uomo vecchio si è accorto che la donna sorride
solamente occhi chiusi, attendendo supina,
e comprende improvviso che sul giovane corpo
passa in sogno la stretta di un altro ricordo.
L’uomo vecchio non vede più il campo nell’ombra.
Si è buttato in ginocchio, stringendo la terra
come fosse una donna e sapesse parlare.
 

Ma la donna distesa nell’ombra, non parla.

Dov’è stesa occhi chiusi la donna non parla
né sorride, stanotte, dalla bocca piegata
alla livida spalla. Rivela sul corpo
finalmente la stretta di un uomo: la sola
che potesse segnarla, e le ha spento il sorriso
.




No hay comentarios:

Publicar un comentario