sábado, 20 de junio de 2015

Kafka, el Perú y yo




Como lector y traductor esforzado y avezado que soy de Kafka desde hace mucho, he terminado vanidosamente convenciéndome de que en su compleja y maravillosa obra hay una serie de guiños hacia mi persona en particular. Un ejemplo de ello es la cita de abajo, procedente de sus Diarios, que está fechada el 6 de febrero (día de mi cumpleaños) de 1922 (annu mirábilis para la literatura mundial), en que menciona ni más ni menos que al para él mítico Perú, y donde habla, con desacostumbrado optimismo, de la posibilidad de tener grandes logros. En ese sentido, creo que si, pese a una cantidad inimaginable de dificultades que habrá que enfrentar, al final se concreta un tercer Fiplima en abril de 2016, el amigo Kafka habrá ratificado, con una anterioridad de casi cien años, la validez del lema de ese festival: "Todo lo imaginable es posible". (RSB)




"6 de febrero de 1922. Consuelo al enterarme de que, en París, Bruselas, Londres y Liverpool, alguien sirvió en un vapor brasileño, que siguió el curso del Amazonas hasta la frontera del Perú; soportó, con relativa facilidad, las tremendas penalidades de la campaña de invierno en las Siete Comunas, porque desde su infancia, estaba acostumbrado a los trabajos penosos. El consuelo no radica únicamente en la exposición demostrativa de estas posibilidades, sino en la gozosa sensación de que, con tales logros a este primer nivel, uno lucha por obtener, a la vez, otras conquistas a un segundo nivel: hay que arrancar muchas cosas de unas manos que se niegan a abrirse. O sea, que es posible."



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