viernes, 19 de junio de 2015

Kafka
o la orfandad y desubicación metafísicas



Un poco como Vallejo, pero no sentimental como este. (RSB)



Regreso a casa
(Heimkehr)



            He regresado, he atravesado el zaguán y miro alrededor. Es el viejo patio de mi padre. El charco en el medio. Objetos viejos, inservibles, yacen entremezclados impidiendo el paso hacia la escalera del desván. El gato acecha desde la baranda. Un trapo hecho jirones, atado alguna vez a una pértiga durante un juego, se agita en el viento. He llegado. ¿Quién me recibirá? ¿Quién estará esperando detrás de la puerta de la cocina? Sale humo de la chimenea, están haciendo el café para la cena. ¿Te agrada, te sientes en casa? No lo sé, me siento bastante inseguro. Es la casa de mi padre, pero cada quien está fríamente junto al otro, como si estuviesen ocupados en sus propios asuntos, que en parte he olvidado y en parte nunca he conocido. ¿De qué puedo servirles, qué soy yo para ellos, aun si soy el hijo del padre, del viejo hacendado? Y no me atrevo a tocar la puerta de la cocina, y solo escucho a lo lejos, solo desde lejos escucho. Y puesto que escucho desde lejos no oigo nada, solo oigo un golpe suave de reloj o tal vez solo creo oírlo, aproximándose desde los días de la infancia. Lo demás que sucede en la cocina es secreto de los que allí están sentados y que me ocultan. Mientras más se vacila ante la puerta, más extraño se vuelve uno. ¿Cómo sería si ahora alguien me abriese la puerta y me preguntará algo? ¿Acaso yo mismo no estaría entonces como alguien que quiere ocultar su secreto?

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