jueves, 30 de abril de 2015

Los siete uni/versos del jardín de Magdalena
de Manuel Pantigoso
(Lima: Ikono, 2015)





Manuel Pantigoso en el jardín


¿Cómo están, amigos? En primer lugar, quisiera decir que aunque esta noche no estoy físicamente presente en el lanzamiento de este importante libro -que seguramente marcará época-, sí lo estoy de todo corazón, no solo por causa de la gran amistad que me une a Manolo Pantigoso, sino también porque se trata de la aparición de una obra que de ninguna manera puede pasar desapercibida puesto que se trata del feliz resultado de un proyecto poético de muy grande envergadura, ambicioso como casi ningún otro dentro de la tradición poética peruana, y acaso también hispanoamericana. Creo que esta ya es una buena razón como para que se me permita -vía virtual- exponer algunas ideas generales sobre el libro, el cual sin duda merecería todo un estudio cuidadoso y exhaustivo.

Con todo, difícil, muy difícil, tratar de abordarlo como se debería, en caso de que realmente hubiera una adecuada manera de hacerlo. Lo primero que se me ocurre es estar con un Aleph borgiano entre las manos, donde todo el universo, con su infinita historia, con su espacio que sigue creciendo inconmensurablemente, viendo, por ejemplo, al decir de Borges “infinitos desiertos ecuatoriales y cada uno de sus granos de arena.”

Naturalmente, el mandala –que es una re-presentación oriental del círculo o de la esfera presocrática- es símbolo de la perfección, de la unidad, de la inmanencia, pero también del movimiento absoluto de la vida, del Ser. Todo lo existente e incluso lo que está por existir se encuentra recluido y bullendo incesantemente en él. Nada sobra en él ni tampoco nada falta. Está el Ser en su estado primigenio, que es lo mismo que decir el Ser en su estado final de plenitud y compleción; pero también está presente el proceso que lo lleva desde su inimaginable inicio -si tuviera uno- hasta su estadio final, que coincide con su propio principio.

Todo esto para decir que Los siete uni/versos del jardín de Magdalena, aspiran -a mi modo de ver- a dar cuenta, literaria, poéticamente, de esto que acabo de señalar. Para ello apela tanto a la figura del Mandala, de la Madre y de Magdalena. Del mandala para colocar en el marco infinito de este la inacabada historia del universo así como la más limitada, imperfecta y finita del fenómeno humano. La madre, por su parte, es símbolo de generación misteriosa tanto del Ser, del ser-ahí o ser en el mundo (el hombre), pero también, más específicamente, la dadora de vida del poeta, la piedra angular de un hogar mítico, utópico y transfigurado por el tiempo, donde la nostalgia de la leche y del amor nutricios de la madre apacigua de alguna manera los dolores y vicisitudes por las que ha debido pasar el poeta. Y Magdalena, en tercer lugar, es precisamente ese espacio y ese tiempo que aunque ya idos, regresan como por arte de magia a la actualidad, pues así como todos los caminos conducen a Roma, todas las Romas conducen al mismo camino, es decir, a uno mismo cuando la evocación de lo vivido y la necesidad de entender de algún modo eso vivido urgen al poeta por algún tipo de enunciación que les otorgue alguna forma inteligible.

Es así que la palabra se hace instrumento de creación al mismo tiempo que intento de comprensión. “Todas las cosas fueron hechas por la palabra; sin ella no se hizo nada de todo lo que existe”, dicen unos versículos del apóstol San Juan que sirven de epígrafe al tercer apartado de la primera parte (o primer uni/verso) de su libro, titulada “Deshojadura del jardín del Ser”. Lo de una eventual comprensión será más bien un movimiento progresivo que acaso se dé al final de libro (al que, claro, por su gran unidad y cohesión entre sus diversos uni-versos habría que leerlo como un solo y gran poema-río), pero que se va verificando poco a poco a medida que el poeta vaya repasando el devenir del universo, la tradición poética mundial, el recuerdo siempre vívido y presentísimo de su propia vida, sobre todo la de su infancia transcurrida en el jardín familiar, en esta ocasión no tanto paterno como materno, en la medida en que la madre aparecerá constantemente como fuente de vida, de alimento físico (aunque en la vida real fuera muy poco del que a fin de cuentas se pudiera disponer), pero más que nada afectivo, emocional, vital.

Pero antes de llegar a este jardín familiar -con todas las connotaciones positivas, aunque también negativas que pueda tener un jardín (por ejemplo, ser demasiado estrecho, nada fértil, una especie de prisión, un espejismo o una vana ilusión); antes de llegar a este jardín, decía, el poeta visita otros jardines de la historia y de la tradición literarias, lo que le sirve para dialogar fructíferamente, digamos en consecuencia- con las grandes literaturas de todos los tiempos, desde la grecolatina, a la medieval europea (Gonzalo de Berceo, el Roman de la Rosa de Guillaume de Lorris y Jean de Meung, siglo XIII), la oriental clásica (las 1000 y una noches, por ejemplo), la poesía popular española, la simbolista y surrealista francesa, la concretista brasileña, y un larguísmo etcétera, lo que habla no solo de las vastas lecturas asimiladas estupendamente por Manolo, sino en particular de su capacidad para nutrirse (otra vez aquí la función alimentadora madre-hijo) de ellas a fin de pergeñar su propio proyecto literario.

Hay que recalcar que este proyecto se sustenta no solo en la experiencia emocional, afectiva del poeta; también intenta razonar el mundo, entender lo que vive, cree y siente; se plantea interrogantes, acaso sin respuestas posibles; duda, vacila, a veces se tambalea y cae, para levantarse enseguida y proseguir su andadura por las cuestas escarpadas de la memoria y de la imaginación. Creo que por eso es que vemos y percibimos también en esta obra el hálito de filósofos y poetas metafísicos como Parménides, Mariano Ibérico, Martín Adán o del propio César Atahualpa Rodríguez, estudiado por Manolo y quien merecería una nueva oportunidad en el caprichoso e ingrato escenario poético nacional.

Pero volviendo a la tradición literaria, así como Manolo dialoga con la cosmovisión de todos los “jardines literarios” que visita, hace lo mismo a nivel formal, en el sentido que ensaya, y con éxito, distintas formas de escritura, a saber, versos libres (por supuesto), coplas, rondós, poesía visual, prosa poética, etc., y lo hace como jugando, sin mayor dificultad aparente. No olvidemos que el factor lúdico ha sido desde siempre una de las características de la poesía de Manolo (pienso, por ejemplo en Salamandra de hojalata, Sydal, Reloj de flora, Contrapunto de la mitomanía, Nazca y, más recientemente, Retablo de la naturaleza. El instante de la memoria.). En ese sentido, creo que él es, entre otras cosas, una especie de “Peregrín, cazador de figuras”, creación mágica de nuestro muy apreciado Eguren. Como dicen unos versos de Manuel, que están en la página 50 de este libro:

“jardinero instalado en la plenitud del silencio
en la soledumbre cuida sus plantas con esmero y harto reflejo
de esta cristalina fuente de inundado Jardín de la palabra

él corre tras la brisa y el eco de lejanas voces
sus curtidas manos saben podar el corazón de los abrojos
saben cortar espinas nazarenas”.

Y ya que cité estas líneas de Manolo, no puedo dejar de leer estos otros versos, más bien cortos (no largos o de carácter versicular a los que el poeta nos tiene gratamente acostumbrados), que por su gran musicalidad y belleza
son dignos de figurar en cualquier antología de versos de arte menor. Se titula
“Coral a la rosa de los vientos”  y, como no podía ser de otra manera, está compuesto en torno a Antonia, la madre del poeta (p. 149):


CORAL A LA ROSA DE LOS VIENTOS
(Revelaciones o diálogo con Antonia)

Tienen tus sueños
sueños que siembran
yemas y ramas
(háganse en mí
granos de piedra
espiga exacta)

tienen tus sueños
sueños que avivan
semilla a voces
(háganse en mí
cálida vela
coral de viento)

tienen tus sueños
sueños que aspiran
el propio canto
(háganse en mí
timón y ola
mi Madre Antonia)

Tienen mis sueños
el siempre vivo
Jardín exacto
(háganse en ti
trino de luces
templada el alma

lo que sembraste
por mis caminos
vástago en llamas
(háganse a mares
de corazón
mi enredadera)

el mismo aire
del propio rastro
a puro ensueño
(la duermevela
alagadiza
mi rosa Antonia).


Pero bueno, me doy cuenta de que me estoy extendiendo más de la cuenta –sobre todo si lo hago por este medio ante un público tan bueno y exquisito como seguramente es el que me ve y me escucha ahora, por eso me siento obligado a terminar aquí esta intervención, dejando por cierto muchas otras ideas que se me vienen a la mente a propósito de Los siete uni/versos de Magdalena.

Solo que no quiero terminar sin destacar junto con la aparición de este libro que, como dije al inicio, marcará época por la gran envergadura de su proyecto poético así como por sus logros más que evidentes que lo pondrán con justicia entre los poemarios fundamentales  de la poesía peruana actual, quiero destacar, repito, la magnífica intervención en él de Jesús Ruiz Durand, a quien de alguna manera considero coautor de esta obra, y con cuyas ilustraciones y fotografías, coordinadas, me imagino, con Manolo, hacen a esta publicación aún más única de lo que ya es, pues con ellas transporta a los que amamos intensa y apasionadamente la poesía al centro mismo del mandala de la vida, al corazón de ese Aleph que solo se deja ver -aunque nunca entender- a través del saber hacer y de la calidad de estos dos grandes artistas como son Jesús Ruiz Durand y Manolo Pantigoso.


Renato Sandoval Bacigalupo.
Lima, 29 de abril de 2015



Manuel Pantigoso

martes, 28 de abril de 2015

De Puno, 
noticia de último minuto





Acabo de recibir un bello e impresionante libro del poeta Boris Espezúa: Máscaras en el aire. Candelaria, fe y fuego (Puno: Gobierno Regional de Puno, 2014, 200 pp.), con estupendas fotos de Guido Serruto Rosselló y acuarelas de Mosho, y de diseño gráfico e impresión notables. Es evidente que nunca un gobierno regional o municipal de Lima se atrevería a hacer algo por el estilo. Uno de los argumentos o una de las cantaletas para justificar tal obstinada renuencia es que eso sería "gasto" y "no "inversión". ¡Pamplinas! Para los que somos incondicionales de Puno, la inminente lectura de este libro promete ser una fuente de deslumbramiento constante y de placer. (RSB)

lunes, 27 de abril de 2015

Tierra de Fuego / Fireland

Inevitable y necesario vivir al límite (borde) y siempre en el límite. Aquí más abajo de Ushuaia, en el mismo ápice del continente, en Tierra de Fuego de Argentina, pasando el Estrecho de Magallanes (2002). 

Inevitable and necessary to live on the edge and always on the edge. Here beyond Ushuaia, at the apex of the continent, in Argentina's Fireland,  on the other side of tje Strait of Magellan (2002).



Aún más noticias sobre Puno




Devorando libro tras libro sobre la historia, cultura, geografía, etc. de ese fascinante departamento que es Puno. De José Luis Ayala, El presidente Carlos Condorena Yujra (Lima: Editorial San Marcos, 2006, 468 pp.), personaje casi épico quien en 1923 fue nombrado presidente de la República de Tawantinsuyo en Wancho Lima, Puno. También de Ayala, ¡Mata a esa chola de la waraqa! ¡Mata a esa chola, carajo! (Lima: Arteidea, 2011, 310 pp.), sobre las diversas y recientes huelgas antimineras por parte del pueblo aimara. Por último, de Andrés Choquehuanca Huanca, Lago Titicaca. Maravilla del mundo (Puno, Universidad Nacional del Altiplano, 2013, 249 pp.), estudio geológico, geográfico y cultural del departamento de Puno. ¡Y seguimos! 





domingo, 26 de abril de 2015

"MOÚ ABEL TEL VEN ABEL EN EL TÉ"




Este verso es para mí un "enigma poético" en Carlos Oquendo de Amat. A propósito de su poesía clara y sencilla, pero no por eso menos elaborada y maravillosamente desconcertante, siempre me he preguntado cuál es el propósito o qué podría significar el penúltimo verso del "Poema al lado del sueño", perteneciente al penúltimo poema de Cinco metros de poemas (Lima: Minerva, 1927). ¿Tienen ustedes alguna posible respuesta al respecto? Yo creo tener finalmente una. (RSB)





Poema al lado del sueño

Parque salido de un sabor admirable
Cantos colgados expresamente de un árbol
Árboles plantados en los lagos cuyo fruto es una estrella
Lagos de tela restaurada que se abren como sombrillas
Tú estás aquí como la brisa o como un pájaro
En tu sueño pastan elefantes con ojos de flor
Y un ángel rodará los ríos como aros
Eres casi de verdad
pues para ti la lluvia es un íntimo aparato para medir el cambio
moú Abel tel ven Abel en el té
Distribuyes signos astronómicos entre tus tarjetas de visita.

sábado, 25 de abril de 2015

Sobre Oquendo de Amat y Xavier Abril



No pocas veces he pensado que de no haber partido tan prematuramente, Carlos Oquendo de Amat (1905-1936), quizás habría seguido escribiendo como lo hiciera su contemporáneo e íntimo amigo Xavier Abril (1905-1990), quien -como se puede ver por ejemplo en la radiografía poética que este hace de Charles Chaplin- usa el mismo tipo de imágenes y maneras de Oquendo. Aunque pensándolo bien, creo que Oquendo se prolonga en la escritura de Abril y a través de él su obra nunca escrita se desarrolló, amplificó y dio tantos buenos frutos. 

Con todo, me sigo quedando con la parquedad, la delicadeza, la timidez y la infinita potencia imaginativa y perfección formal del autor de Cinco metros de poemas. Hacer clic en cada foto y luego ampliarlas para poder leer mejor los textos. 

Lo de Abril está tomado del número 20 de la revista Amauta (Lima: enero, 1929), y está reproducido, con algunos añadidos, en El autómata y otros relatos del mismo Abril (Lima: PUCP, 2008, con prólogo de Jorge Valenzuela). 


De: "Bitácora de poeta".











"Hiperbóreos"




Un texto de Gamaliel Churata, seudónimo de Arturo Peralta (1897-1969), coetáneo de Arguedas y tan buen orfebre de la palabra como este. Aquí uno de sus "Tojjras" (rescoldos o tambien apachetas, es decir, montículos de piedras construidas a manera de ofrendas a la mamapacha o a otras deidades andinas). Aparecido en 1928 en el número 18 de la revista Amauta, dirigida por José Carlos Mariátegui. ¡Una joyita, que debe ser rescatada como los demás cuentos de Churata! 


Hiperbóreos

Pero no tuve otro conocimiento con la familia de León. Sólo la vi una vez. Había nublado sobre la pampa y yo venía de fiestas pataleando de embriaguez en los carrillos del alba. El ayllu me recibía con ladridos; yo le daba mis gritos y mi tórax. ¡Pocas veces me quedo atrás! 

¡Guá! ¡Guá! ¡Guá!

¡Oóo¡ ¡Oóo! ¡Oóo!

Un ala de viento helado pasó rozando el techo de la chujlla; las pajillas se resquebrajaron dejándole sitio. Adentro estaba la familia acurrucada en poyos de tierra, cubierta con mantones de tejido avasca, cernidero de fríos.

Sacando la cara de gesto fiero, gritó el padre:

¡León! ¡León! 

Su voz ronca se enlodó en el silencio.

Tenía sesenta años, pocas ganas de morir y muchas de sembrar todos los surcos del ancho mundo. 

Por la ventanilla enana la madre asomó dos ojos de una mirada fiel.

León... ¡Leoncito!…

Vieja de buen ánimo, era dulce en la palabra y suave en la acción. Tampoco pensaba en la muerte. La eternidad andaba a su lado en cada una de sus  wawas…

El relente madrugador le obligó a entornar los párpados. Venía afectuoso saturado en los alientos de la campiña aromada. ¡Viento de primavera, de claros ojos! Viento niño, amador de ovarios, amoroso viento de las mamaqunas...

Airosa y altiva, refregándose al viento que le abraza los muslos, salió también Auquilla, la phasña, hocico verde, y la teta atrevida por loscampos en flor. Sembradora de pájaros cantores, tienes risueño el sexo, dulces son tus caricias, mamay!

Gritó a su vez: 

¡Leoncito!... ¡Guá!... ¡León!…

Debajo de su corazón de mimos, Siliqito, vociferaba en el regazo de su madre: 

—¡Lelón! ¡Lelón! ¡Lelón! ¡Lelón!...

Reposadamente se acercaba por el ojo del cielo, Lelón, el indio forzudo.


jueves, 23 de abril de 2015


Adivinanzas puneñas




A manera de ejemplo, cuatro  adivinanzas (“katjañanaka” en aimara, “watuchikuna” en quechua) provenientes de Puno y de diferente tipo: comparativo, metafórico, humorístico, erótico, picaresco, etc. (Fuente: “Literatura aimara / quechua I. Mil adivinanzas”, de Dionisio Condori Cruz. Puno: Municipalidad distrital de Santa Lucía-Lampa, 2012). 


Aimara (A): Tisiwa manti, , liwirakiwa mistunxi.
Quechua (Q): K’aspi k’aspi satin, liwi liwi lluqsin
Español (E): Entra muy duro, sale muy flácido.

RESPUESTA: el fideo

A: Jikhanisa k’umt’ata maya achachilaxa,
     lakasa ch’uxñakamawa kuka akullt’atayna.

Q: Huk Turku wasu machu,
     kukachanta akullikun,
     siminpas q’umir q’umir kanankama.

E: Un viejecito jorobadito
     mastica coca hasta que sus dientes
     estén bien manchados de verde.

RESPUESTA: la hoz (a: jusi; q: rutuna)

A: Kunkata katt’ita,
     ukata kururuta jatt’ita.

Q: Kunkaymanta hap’iway,
     hinaspa puputiyta
     khituykuway.

E: Sosténme por el cuello,
     luego ráscame el ombligo.

RESPUESTA: la guitarra (a: yitara; q: hitara)

A: Paya qullu qullu tayita
     maya pilutjamawa phalli,
     ukata thujsapaxa nasaruwa puriraki.

Q: Iskay urqu chawpinpi
     huk piluta t’uqyan,
     hinaspa sinqaykimanpuni chayamun.

E: En medio de dos colinas
     revienta una pelota y llega
     directamente a la nariz.

RESPUESTA: el pedo (a: sira; q: supi)


Más noticias de Puno





Puno en los albores del siglo XXI. Un enfoque intercultural, de Andrés Arias L., Enrique Rivera V., Hugo Rodríguez B. y Norma Cano S. (Puno: Universidad Nacional del Altiplano, 2013, 318 pp.), evaluación crítica de la situación cultural, económica y educativa de Puno, desde que se impuso el modelo neoliberal y de cara a los próximos decenios. De interés público. 





Además, para los amantes de las lenguas andinas, y de los idiomas en general, este libro útil, divertido y hasta fascinante:  Literatura aimara / quecha 1. (Mil) Adivinanzas y trabalenguas aimaras, quechuas y castellanas y su aplicación didáctica en un contexto de educación intercultural, de Dionisio Condori Cruz (Puno: Municipalidad Distrital de Santa Lucía, Lampa, 2012, 282 pp.). Próximanente algunos ejemplos trilingües. 


miércoles, 22 de abril de 2015

Noticias de Puno



"Wiracocha, El código de Tiwanaku y Machu Picchu" (Puno: Universidad Nacional del Altiplano, 2013, 720 pp.) de Ricardo Bardales Vassi, una maravilla de libro. Trabajo monumental que, como dice Alan Kolata, analiza la forma cosmológica y simbólica de la civilización andina. Las numerosas e impactantes fotos e ilustraciones que aquí aparecen son, además, una verdadera contribución a la historia del arte y la arqueología andina. Todo un placer y un acicate intelectual y espiritual. A otro nivel, también de gran interés, "Travesía de un itinerante" (Puno: Universidad Nacional del Altiplano, , 2013, 310 pp.), enterado y perspicaz estudio del mexicano Arturo Vilchis Cedillo sobre Arturo Peralta, conocido más bien como Gamaliel Churata, importante poeta de la vanguardia peruana andina de la primera mitad del siglo XX, y aún no suficientemente leído, comprendido y valorado con conocimiento de causa. No hay duda de que la riqueza cultural de Puno es ilimitada. Fotos de carátulas de ambos libros y de Gamaliel Churata.  (RSB)





miércoles, 15 de abril de 2015

De palabras y silencios




He callado tanto que dejé de ser mí mismo.

I've kept silence so much that I stopped being myself.






Inversamente, dije tantas cosas que me volví otro. 

/ Inversely, I said so many things that I became (an)other.



De "Bitácora de poeta" / From ""Poet log"

martes, 14 de abril de 2015


El tránsito de Cesare Pavese


Con la actriz Constance Dowling


Cuando en la mañana del 28 de agosto de 1950, en la habitación más sombría de un hotel turinés, el ama de llaves encontró el cuerpo inerte del suicida Cesare Pavese, el mundo empezaría a lamentar la prematura desaparición de uno de los escritores más importantes y vitales de la literatura europea contemporánea.

            Pavese había nacido en 1908 en las verdes y sensuales campiñas de las Langhe piamontesas, envuelto por el amable perfume de heno y las siluetas acezantes de las túrgidas colinas del lugar. Así como sus días transcurrieron intermitentes entre el blando rumor de los arroyos y el tráfago sudoroso de la urbe, de igual modo, el narrador Pavese alternaría entre la terrestre y sanguínea representación de la campiña de sus orígenes y la de la ciudad, ora popular y proletaria, ora burgués e intelectual. Prueba de ello son sus poemas de Trabajar cansa, como casi toda su obra narrativa en la que, progresivamente, Pavese irá evolucionando desde una etapa de palabras y sensaciones, hasta un punto en que la anécdota se resuelve en mito y en realidad simbólica, y que tendrá en Diálogos con Leucó a su más insigne exponente.

            Pero, ¿cómo alcanzar dicho estadio sin antes desmitificar la prosa y la poesía, que a la sazón, en tiempos en que se consolidaba la terrible amenaza fascista, eran enunciado hermético o decadentismo dannunziano? Es entonces que Pavese, sin dejar de padecerse, se violenta a sí mismo volcándose a la campiña que vive íntima y feraz en su recuerdo, honda en tradición, en antiguo y mítico ritual recogido en los ojos; así como a la urbe, que es reflejo exterior, modernidad, presente y futuro de una nueva estirpe.

            De allí que el poeta acceda a un nuevo mito: en un primer instante, al del encuentro del campo con la metrópoli ‑que por rudo no deja de ser misterioso y fecundo‑, lo cual después lo llevaría a intuir, con trágica lucidez, la gran contradicción vital por la que el hombre con todas sus pasiones termina pereciendo sin comprenderse. Por ello el autor de Adiós Masino renunciará no sólo a la literatura sino a la vida misma.

            Como el Endimión de sus Diálogos..., el hombre, o por lo menos Pavese, tiene el sueño que se merece: el sueño de un infinito de voces y de ritos, de salvaje soledad repitiendo ad infinitum que el amor es la vida y es la nada. Y él puede afirmarlo, ya que durante su existencia amó fracasadamente a muchas mujeres, para terminar diciendo que nadie se mata por ellas. Uno se mata porque un amor, cualquier amor, nos revela nuestra desnudez, nuestra miseria, nuestro desamparo, la nada.

            Eso creía este poeta desamado, quien se quejaba de ignorar la mirada de reconocimiento que una mujer dirige a un hombre agraciado con los infinitos dones del amor. "¡Me asqueo! ¡Basta de palabras! ¡Un gesto! ¡No escribo más!", alcanzaría a decir en su último diario. Y así lo hizo. Días más tarde ingeriría una sobredosis de sedantes mientras repasaba la historia de su Endimión a la espera del ansiado tránsito.


            Al igual que el héroe, se diría que cuando uno no duerme quisiera dormir, y pasa a la historia como el eterno soñador. En eso habría estado pensando. También en Constance Dowling ‑su último gran amor‑, en la fiera campiña, en sus gatos de Roma, en el vino triste, cuando por fin, a los 42 años, como jugando, dulcemente la muerte le tomó los ojos. Amanecía. (RSB)


En Vendrá la muerte y tendrá tus ojos. (Edición bilingüe). Lima: Nido de Cuervos, 1989, Traducción del italiano de RSB)


Duodécimo poema 
 de El vino trste 
de Cesare Pavese

Laguna Umayo, Sillustani, Puno, Perú


Dos poemas a T.
(Roma, 1946)


1.
También eres el amor.
De sangre eres y de tierra,
como los otros. Caminas
como el que no se aleja
de la puerta de casa.
Miras como el que aguarda
y no ve. Eres tierra
que padece y calla.
Sobresaltos tienes y cansancios,
tienes palabras -caminas
a la espera. El amor
es tu sangre -solo él.

                                                                          
2.
Las plantas del lago
te han visto una mañana.
Los guijarros las cabras el sudor
están fuera de los días,
como el agua del lago.
El dolor y el tumulto de los días
no rasguñan el lago.
Pasarán las mañanas,
pasarán las angustias,
otros guijarros y sudores
te morderán la sangre
-no siempre será así.
Volverás a hallar algo.
Volverá la mañana
donde, pasado el tumulto,
estarás sola en el lago.


(Traducción del italiano de Renato Sandoval Bacigalupo)






DUE POESIE A T.
(Roma, 1946)

1.
Anche tu sei l’amore.
Sei di sangue e di terra
come gli altri. Cammini
come chi non si stacca
dalla porta di casa.
Guardi come chi attende
e non vede. Sei terra
che dolora e che tace.
Hai sussulti e stanchezze,
hai parole – cammini
in attesa. L’amore
è il tuo sangue – non altro.


2.
Le piante del lago
ti hanno vista un mattino.
I sassi le capre il
sudore sono fuori dei giorni,
come l'acqua del lago.
Il dolore e il tumulto dei giorni
non scalfiscono il lago.
Passeranno i mattini,
passeranno le angosce,
altri sassi e sudore
ti morderanno il sangue
- non sarà così sempre.
Ritroverai qualcosa.
Ritornerà un mattino
che, di là dal tumulto,
sarai sola sul lago.





lunes, 13 de abril de 2015

Undécimo poema
de El vino triste
de Cesare Pavese


Francis Bacon



Indiferencia


Ha estallado este odio doliente como vivo amor
y anhelante a sí mismo se contempla.
Pide un rostro y una carne, como si fuese un amor.


Han muerto la carne del mundo y las voces
vibrantes, un temblor ha invadido las cosas;
toda la vida pende de una voz.
En amargo éxtasis transcurren los días
en la triste caricia de la voz que nos vuelve
pálidos los rostros. No sin dulzura
esa voz en la memoria resuena temblorosa
e impía: una voz ha temblado por nosotros.


Pero la carne no tiembla. Solo un amor
la podría incendiar, y este odio la busca.
Todas las cosas y la carne del mundo
y las voces no valen la caricia encendida
de aquel cuerpo y aquellos ojos. En amargo éxtasis
que a sí mismo se aniquila, este odio reencuentra
a diario una mirada, una palabra rota,
y las aferra, insaciable, como si fuese un amor.

                                               24 de octubre, 1937



(Traducción del italiano de Renato Sandoval Bacigalupo)




Indifferenza


E' sbocciato quest'odio come un vivido amore 
dolorando, e contempla se stesso anelante. 
Chiede un volto e una carne, come fosse un amore. 

Sono morte la carne del mondo e le voci 
che suonavano, un tremito ha colto le cose; 
tutta quanta la vita è sospesa a una voce. 
Sotto un'estasi amara trascorrono i giorni 
alla triste carezza della voce che torna 
scolorendoci il viso. Non senza dolcezza 
questa voce al ricordo risuona spietata 
e tremante: ha tremato una volta per noi. 

Ma la carne non trema. Soltanto un amore 
la potrebbe incendiare, e quest'odio la cerca. 
Tutte quante le cose e la carne del mondo 
e le voci, non valgono l'accesa carezza 
di quel corpo e quegli occhi. Nell'estasi amara 
che distrugge se stessa, quest'odio ritrova 
ogni giorno uno sguardo, una rotta parola, 
e li afferra, insaziabile, come fosse un amore.
Décimo poema
de El vino triste
de Cesare Pavese






Despertar


Hasta el aire repite que aquel día no vuelve.
La ventana desierta se empapa de frío
y de cielo. Es inútil reabrir la garganta
al antiguo respiro, como quien de nuevo se encuentra
en pánico pero vivo. Pasó la noche
de los sueños y lamentos. Pero aquel día no vuelve.

El aire revive con vigor inaudito,
el aire inmóvil y frío. La masa de plantas
abrasada en el oro del antiguo verano
se espanta con la joven fuerza del cielo.
En el aliento del aire se disuelve cada forma
del estío y el horror nocturno se ha desvanecido.
En el recuerdo nocturno el verano era un día
doliente. Aquel día se ha desvanecido para nosotros.

El aire revive y la garganta lo bebe
en la vaga ansiedad de un sabor gozado
que no vuelve. Y tampoco vuelve el lamento
que ha nacido esta noche. La breve ventana
bebe el sabor frío que disolviera el verano.
Un vigor nos aguarda bajo el cielo desierto.

                                               7-8 de noviembre, 1937


(Traducción del italiano de Renato Sandoval Bacigalupo)






Risveglio


Lo ripete anche l'aria che quel giorno non torna.
La fìnestra deserta s'imbeve di freddo
e di cielo. Non serve riaprire la gola
all'antico respiro, come chi si ritrovi
sbigottito ma vivo. E' finita la notte
dei rimpianti e dei sogni. Ma quel giorno non torna.


Torna a vivere l'aria, con vigore inaudito,
l'aria immobile e fredda. La massa di piante
infuocata nell'oro dell'estate trascorsa
sbigottisce alla giovane forza del cielo.
Si dissolve al respiro dell'aria ogni forma
dell'estate e l'orrore notturno è svanito.
Nel ricordo notturno l'estate era un giorno
dolorante. Quel giorno è svanito, per noi.


Torna a vivere l'aria e la gola la beve
nella vaga ansietà di un sapore goduto
che non torna. E nemmeno non torna il rimpianto
ch'era nato stanotte. La breve finestra
beve il freddo sapore che ha dissolta l'estate.
Un vigore ci attende, sotto il cielo deserto.