domingo, 17 de enero de 2016

El pensamiento poético 
del estonio Juhan Liiv (*) 
(1864-1913)
                                                                                   
                                                                                          

                                                                    Ángel Lavalle Dios (**)






El pensamiento poético de Juhan Liiv (*) se estructura en torno al eje ser humano, tal como aparece en “Humano” (79), presto a ascender o descender en la naturaleza, misma que poeta y hombre necesitan y en la que se desarrollan en entorno unitario que se abre en dos escenarios: uno el natural en el que todo se origina y evoluciona; otro, la comunidad humana en cuyo seno se cumple el proceso de humanización, en interacción con nuestros semejantes y con la naturaleza. Solo en el proceso de humanización, que es la historia, cobra sentido el proceso de desarrollo natural unitario inerte, vegetal, animal y humano. 


Del poemario que aparece como un florilegio, y con fines de ilustrar la metapoética que intentamos delinear, abstraemos primero la dialéctica de la unidad material, así como se la concibe en “Materia y forma” (53) y “Todo el mundo tiene alma…” (93) y sobre la que el poeta proyecta y denota no solo sus vivencias de soledad “El cielo cobre sobre mí” (67); sino también sus aspiraciones poéticas como en “Si fuera poeta” (39); en ambas se percibe el rescoldo del aforismo kantiano “dos cosas llenan mi ánimo de creciente admiración y respeto a medida que pienso y profundizo en ellas: el cielo estrellado sobre mí y la ley moral dentro de mí”; pero, fundamentalmente, se infiere la postura coherente del poeta, (en parentesco con nuestro Martín Adán de “Machupicchu”), de que la naturaleza lucirá lozana en sus íntegros estados solo si el hombre luce en la plenitud de su ser, en caso contrario compartirá con él, en el mismo grado, sus carencias y pesares, entre muchos otros, “Hojas cayeron” (33), “Otoño” (47), “Al lago por el bosque” (81); muy al margen de cualquier supérstite romanticismo fatuo y cursi. Otro aspecto a destacar es la concepción del tiempo, (contrario a la postura agustiniana), en su particularidad de existencia objetiva, “El tiempo” (85), como historia acumulada según el expreso sentido de “El ser humano” (81); dentro de la que se articulan también los conceptos de la evolución “La vasija y el alfarero” (87), de determinismo “Busco la voz que calmaba…” (93), de fatalismo “Seas romano…” (95); así como su concepto sobre la eternidad, cuya discusión cobra hoy por hoy evidentes signos de actualidad, en los mismos términos en que el poeta intuitivamente los planteaba entonces, marginal aspiración para el más allá “Si fuera poeta” (39), “Oh, pobre Adán, condenado…” (103) e “Inmortalidad” (109); y, comprobación de utopía realizada en este mundo, tal “duermes” (89). Las vertientes escatológica y temporal sobre la eternidad vienen desde Platón y, en la actualidad, han sido retomadas, la primera por Juan Pablo II Fides et Ratio; y la segunda, por Robert Havemann Dialéctica sin dogma, y Mario Bunge Materialismo y ciencia.


En segundo término, abstraemos el proceso de humanización en el enfático matiz de la cuarteta cuarta de “No me pidan poemas” (77) y que el poeta denota a lo largo del poemario en distintos temas y niveles en los que se expresa el hombre. No obstante las sombras transitorias “Nuestro negro techo” (53), “Ayer vi Estonia” (55), se respira un palpitante y noble optimismo no solo como utópica aspiración “Tiempo de luz” (109); sino como posibilidad condicionada “Si fuera poeta” (39). El secreto de realización humana parte del principio de que cada ser humano es una unidad irrepetible cuyo desarrollo no se puede interferir y menos obstaculizar, “Un hombre no es más alto que su sombrero” (107) y “Ejemplos” (113); aunque sí estimular y facilitar la carga filo-ontogenética “A la joven Estonia” (65); y, hacernos conscientes de nuestras cualidades óntico-ontológicas “La última oportunidad“(41); en lo moral, nuestras propias fortalezas “Día y noche ocupan el mundo…” (97) y limitaciones “Luz celestial” (111); en lo epistemológico “Lo bueno y lo malo” (87), de resonancia cartesiana, y “Lo que dicen los padres” (63); en lo psicognitivo “Si el rayo del ingenio” (113); y, en lo psicoinnovador “Donde el corazón se libera de la rima…” (105); prefigurando, además, lo que, mucho después, César Vallejo inauguró, como vanguardismo, con Trilce, en la poesía en español.

Hay, sin embargo, una instancia en la que se expresa la plenitud de lo más íntimo y genuino de la fibra del ser humano y del poeta, de progenie campesina, es en su raigal identidad telúrica “Pinar” (25) y “Música” (23); y, comunitaria “Vuela hacia la colmena” (45), “Una cadena de flores” (51), “Vagabunda” (79) y “Lengua materna” (109), (que en el caso de José María Arguedas encarnó dramáticamente como choque entre quechua y español, marcando su producción literaria, en especial Todas las sangres y El zorro de arriba y el zorro de abajo); es decir, patria y cultura con el sello entrañado e indeleble del territorio que, en el caso del poeta, se expresa no solo con nostalgia sino con dolor y protesta, y como ofrenda de vida por la libertad de la patria, que padeció la dominación alemana en el XIX (que marcó la vida y la producción de Juhan Liiv); y la dominación Rusa en el XX en dos ocasiones, primero durante el régimen zarista cuya ruptura dio lugar a la Primera República estonia (1918-1939) ; y, luego durante el régimen socialista, después de la Segunda Guerra Mundial, hasta su liberación en 1991; que sin duda marcaron, en este caso, el desarrollo y la naturaleza de la cultura y, en particular, del arte estonios.



(*) Del poeta estonio Juhan Liiv (1864-1913), de estirpe autodidacta igual que nuestro José Carlos Mariátegui, disponemos de La nieve cae, mi voz canta, antología de sus poemas preparada por su compatriota Jûri Talvet, poeta y académico de la Universidad de Tartu, y publicada (2014), en edición bilingüe estonio-español, por el sello madrileño Ediciones Xorky. (Los de los paréntesis indican números de páginas).


(**) Ángel Lavalle Dios, (Tumbes- Perú, 1946), poeta, crítico y docente universitario de filosofía y pedagogía. Autor de los poemarios La palabra del sol, Los caminos del viento, Mullus, Agua vida, Semillas; entre otros; y de Vertientes del interior, crítica de arte. Dirige BELLAMAR, revista de cultura”, actualmente en su número 22. Ha sido incluido en Poesía y narrativa hispanoamericana actual y Nueva poesía hispanoamericana y poesía mexicana del siglo XX, por el sello madrileño Lord Byron Ediciones; y traducido al inglés, chino, bengalí, iraní y bosnio.


Jüri Talvet


Algunos poemas de Juhan Liiv



Música


En algún lugar del mundo escondida,
la armonía primera existe.
Está en la furia del infinito,
en las órbitas lejanas,
en la soberbia del sol,
en las flores, en los bosques,
en la canción de cuna
o en el sollozo.
En algún lugar se ha de encontrar
la inmortalidad, la armonía primera.
¡Cómo si no se colma
nuestra alma
con su música!



Materia y forma

La materia es eterna, solo cambia la forma.
Si deducimos materia, ¿cómo será la forma?
Pero si la forma es todo, ¿por qué entonces no lo es todo?



Humano

Que el humano sea más que animal,
¡oh!, eso es lo que más halaga.

El espíritu fatuo rastrea cielo y tierra,
¡hasta que encuentra su animal!



Duermes

Duermes en vida y en letras duermes,
pese a ello eres respetado.
Y en la inmensa multitud del mundo
uno es líder incluso durmiendo.



Lengua materna

Locura sería
la lengua materna callar,
¡incluso la gallina
enseña a sus crías!



Tiempo de luz

¿Llegará algún día un tiempo de luz
a ti, humano, hijo de la noche?



Luz celestial

¡Qué complicada es la luz celestial!
¡Es fácil escribir sobre ella,
mas vivir lo que uno predica!
¡durísimo es de alcanzar!



El tiempo

Vayan las cosas mal o vayan bien,
el hombre no es más que hombre.
Medir el tiempo antes o ahora
no sirve de nada.
Más suave o más fuerte sopla el viento:
¿cuándo sabremos qué tiempo es mejor?
Siéntate en la balanza, suplica o maldice;
no importa tu hacienda, el peso es único.
No puedes medir épocas,
Eres parte de ellas:
¡son ellas las que te pesan a ti!
                                                                                                 


Ángel Lavalle

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