martes, 9 de agosto de 2016

Sobre Prooémium mortis
de Javier Rivera



Todos los seres humanos acudimos en algún punto de nuestras vidas al terrible momento de las definiciones. Pero no acudimos solos. Vamos con todas nuestras historias, las propias y ajenas; vamos con todas las conclusiones y dudas que obtuvimos de propia mano y las que nos regalaron, tomamos la vía hacia el punto penal en el último minuto de nuestra historia. Allí, en ese punto, sembrada por la mano divina de Renato Sandoval, encontraremos a partir de ahora Prooémium Mortis, para afilar alma y seso en el camino hacia El Señor.
Después de cinco cirugías; Renato Corazón de León, Renato Inmortal; nos viene a regalar el secreto de los prolegómenos que le gustan a la Muerte, antes solo conocidos por Girondo. Renato aprendió a enamorar a la Muerte y conquistarla desde los movimientos preliminares: qué tócame aquí, qué bésame allá… y así, caliente como quedaba, esa señora de mortaja y guadaña, le dejaba en paz.
Los aprendizajes de aquellas jornadas romántico-eróticas que le fueron susurrados en la oreja los expone aquí, esta vez para hacernos inmortales a todos sus lectores, tal vez un poco menos inmortales que él.
La filosofía que permea este libro brota de un diálogo entre distintas definiciones de Dios que se hicieron en el siglo XI y la propia experiencia del autor, su propia idea filosófica de la divinidad, del ser.
Los enunciados sobre Dios que dan título a cada poema son ecuaciones matemáticas y conclusiones de silogismos perfectas: Dios es una esfera infinita cuyo centro se halla en todas partes y su circunferencia en ninguna/ Dios está todo él en cualquier parte de sí/ Dios se halla siempre inmóvil en el movimiento.
Además del epígrafe de Emil Cioran que elige Renato para su libro, yo le agregaría este otro del mismo autor, lema que sin duda concentra toda mi conciencia sobre Prooémium Mortis:
La lucidez es el único vicio que hace al hombre libre: libre en un desierto.


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