miércoles, 22 de febrero de 2017

Paseo en vano



¿Es que las esquinas se preguntan, esmirriadas, dónde están los hombres-pluma que las construyeron por error o por descuido, creyendo que la línea recta no es otra cosa que un equívoco de calles que no llevan a ningún lado o, simplemente, por un amor derruido entre palomas cósmicas, de esas que planean en aires remisos y nada virtuosos?

La mente sabe de tumbos y pesares, de ardores antiguos recostados en márgenes constantes, de esos que separan este mundo, apenas solo, apenas lleno, con el temblor de otros mundos que se deslizan por laderas de conos improbables o, mejor, de otros muchos más sorbidos a ritmo de adagio, vino invisible discurriendo libremente por gargantas transparentes o ese olor impalpable en una mano de plata que ya reposa por fin en una mejilla que nunca será mía.

Y las calles se tambalean entre pasajes y jirones de los que ya nadie repasa, alamedas de otrora, cuando lo de ahora aún no era lo de ahora, aunque tampoco era lo de ayer, si bien así todo lo pretenda. Amigo, rubia de árido aliento, morena de rabia que tus heridas me rasgan y hienden más que tus propias cicatrices; amigo, blonda algodonera; marino sin ruta en busca de islas donde ya no haya callejas, trampas, sirenas violadas o calvas arboledas.

(RSB)


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