martes, 25 de abril de 2017


Jaromír Typlt
(República  Checa, 1973)

Foto de Šárka Dohnalová


Jaromír Typlt (1973) es un poeta checo que vive en Praga. También es performista, ensayista y teórico de arte. Su trabajo empezó, influenciado por el surrealismo, con su libro Infierno perdido (1994), galardonado con el premio Jiří Orten. Poco a poco inició experimentos cruzados entre literatura y otras áreas artísticas. En los últimos años ha participado en un libro de poemas y prosas titulado Presión (2007), entre los que figura una composición texto-sonido titulado Garabatos, con la participación del músico Michal Rataj (CD 2014). Especialista en arte bruto, es también autor de una monografía sobre el vanguardista escultor checo Ladislav Zívr (2013). Acaba de publicar Despúes de tanto tiempo (2016).

Poemas

Traducción de Elena Buixaderas


Es el habla que tropieza

Estoy tendido
en un estrato
de repiqueteos y tamborileos
apenas audibles.
Apenas audibles,
pero persistentes. Insisten
y desde abajo penetran en mí,
llegan hasta mí, y ligeramente,
pero que muy muy ligeramente
me van
doliendo.
Como si algo retumbara
entre el techo y el suelo,
en alguna parte, donde aún son indistinguibles.
En especial
ese murmullo
agudo, casi afilado
y a ratos intermitente.
Es el habla que tropieza.
Seguramente charlan abajo unas mujeres.


En vida

Escribo sobre ello
aunque en ello no quiero pensar

No tengo ni idea
de por qué siempre me aferro a ciertas palabras
a algunas de esas palabras
en las que al final naufrago

«¿Eso te ocurrió aún
en vida?»

Aquella tarde estaba paseando un poco fumado
por el prado de atrás
y desde la hierba me observaba un gato blanco y negro
Fue mi fin
De pronto vi que todo llevaba hacia él
y que así,
según él estaba sentado
no podría evitarlo

Me vi cambiando a propósito mi trayectoria
y dirigiéndome a otra parte
solo por él
pero de un modo igualmente inútil y transparente
llegaba a la otra parte y regresaba a él

O bien dando rodeos
o directamente
El lazo se iba encogiendo hasta que el gato huyó

Lazo,
de nuevo otra de esas palabras

En cuanto me lanzo tras alguna de ellas
en su lugar empieza a acechar otra
con la que no debería haber empezado nunca

Y después ya no sirve ni tachar ni huir
tras otra palabra
            Ninguna es esa otra
Aunque todas la sugieran recíprocamente

No siento ya el poema, sólo un frío ahogo
y es que ninguno de nosotros los vivos
querría saber ciertamente
y menos aún experimentar
qué puede significar
            en vida

            Hasta que eso huya de mí
            Como entonces



Fragmento B 101

Dos nubes garabateadas con tiza
como emblema de la casa
en la pared junto a la puerta:
aquí vive la locura.

Con una sonrisa me sale al encuentro, justo el día en que pierde la cabeza.
Un par de pasos más y la sonrisa se desvanece,
nunca había visto a nadie oscurecerse así, de pronto,
derrumbarse con todo el rostro, olvidarse de sí mismo
y quedarse pasmado, dejarlo todo desamparado
y con los ojos desorbitados observar
cómo eso crece
cómo crece imparable.
Hasta que una voz lo trae de vuelta.
y lo llama por su nombre. Desde la muerte de su madre
František vive en la casa solo.

Me lleva por el pasillo,
asiente a cada cosa que digo,
los pantalones sueltos se le caen por los costados
y se deslizan bajo el negro vello púbico
que, con cierta intranquilidad, vislumbro,
adivino
antes de que se suba los pantalones de nuevo.

No comprendo al momento dónde me he metido.
Se comporta como siempre, responde como siempre.
Solo lo que ve alrededor es raro,
que hayamos entrado en su casa
y lo revolvamos todo, saquemos cosas, piquemos, taladremos
nos sentemos a la mesa, tomemos café
y se ríe de las bromas. Por fuera está de acuerdo en todo,
es muy complaciente,
demasiado complaciente,
aunque a punto de enfadarse.
No se ha tomado las pastillas. Dice que se ha olvidado.

Vuelve a su trabajo.
Con gran concentración, cuidadosa pero aleatoriamente,
pega papel de lija en una tabla de madera.
Del labio inferior descolgado le gotea la saliva,
a cada momento
gotea
esa saliva blanca
que ni percibe
aunque le caiga a chorros

            todo hay que pensarlo bien

es una advertencia,
pensarlo todo muy bien antes de empezar, ¡para no empezar
a lo tonto! dice, y tiene en mente
la casa;
aunque como si fuera otra cosa, como algo general

            el papel de lija es para lijar

esto es importante: el papel de lija es para lijar, claro,
se suele olvidar a menudo.

Y enseguida veo que no me subestima.
Arranca un trozo de la lija
lo rocía con jabón en polvo,
echa agua
y con los dedos lo hace papilla,
una papilla que nadie podría imaginarse
excepto nosotros dos.

Granulosidad áspera
espumosidad sucia.

La añade además algo de saliva,
se acabaron los escrúpulos inútiles,
todo alrededor necesita a gritos a una limpieza.
Y con esa repugnante papilla gris comienza a frotar
el mugriento fregadero, la estufa, el suelo, las tazas,
las manchas resecas de grasa y suciedad,
no se detiene ante nada,
incluso escupe directamente al suelo
y, mientras, pronunciará reflexiones sobre la naturalidad

            ¡sobretodo naturalidad!

Clarividencia,
qué otra cosa,
limpiarlo un poco más
porque ante todo y por todo
fue el papel de lija lo que expandió el universo en toda su extensión,
y la cuestión de la limpieza
llega incluso
por completo

            ¡míralo desde el punto de vista del papel de lija!

me exhortará,
me hará señas significativas con los ojos
y me verificará, me investigará estrictamente a ver si
entiendo que no me lo dice así sin más,
sino con una intención precisa, solo para mí,
considerando lo que es vitalmente importante
que yo sepa

            desde el punto de vista del papel de lija
            y de la mesa limpia
            entérate
            y de pronto lo verás claro
conocerás el futuro
            ¡REALÍZALO!

Por desgracia no lo consigo.
La memoria lo atrapa solo a trozos
y durante el vuelo éstos se desintegran
y se mezclan
como un recuerdo de una profecía anunciada hace mucho
al eco del resonar de las cuevas

            porque es necesario trabajar
            meditar la función del papel de lija
            después lo sabrás tú mismo
            no se dice en vano
            ¡CONÓCETE A TI MISMO!

Lo que decididamente no se dice en vano.

En esas aulas de las que vine,
donde me senté y pasé unos cuantos años
esta frase a veces se recitaba
en su idioma original, que suena tan interesante,
y en sus traducciones, que suenan tan interesantes,
pero siempre como si fuera solo una idea
que incluso podría significar algo, llegado el caso,
mientras que aquí
es como si a través del polvo, el humo, el moho y la inmundicia
apareciera de pronto el mismísimo Heráclito
con el corolario final
de Éfeso

Comprendo:
¡atento a lo que ocurre cuando coges con la mano este papel!
Comprendo:
la granulosidad de la lija refleja la granulosidad del mundo y a uno mismo como un grano en ella
Comprendo:
deslizar y frotar, analizar, rascar y brillar, desmenuzar y hacer polvo
Comprendo:
¡cautela!
Comprendo:
ese detalle decisivo, el punto único entre los puntos
el punto de retorno.

František,
punto de retorno.

Me mira y arranca unas pajas del colchón,
escupe al suelo, donde se levanta una nube de polvo
y comienza a limpiar febrilmente con la paja

            ¡el conocimiento y el saber son diferentes!

Ya ni creo lo que oigo

            el conocimiento y el saber son diferentes
            y ahora te voy a demostrar
            justamente ese

            ¡conocimiento!

Se moja los dedos en una taza y después airosamente
empieza a rociar con agua el suelo
como alguien que ordenara al polvo que se tumbe y no ahogue.
Y el polvo se tumba y deja de ahogarme.
Porque de eso se trata.
De mí,
de mi salvación,
porque ya me iba a asfixiar cada bocanada de aire.

Y a él no se le escapa,
el conocimiento es amistad.

El mismo lo dice con esas palabras

            el conocimiento es amistad

Después lo llevo afuera,
fuera de esa casa, en la que unos tíos con unas herramientas
siguen trabajando, picando la pared y levantando polvo,
no debería verlo,
voy con él por el campo bajo un brillante sol de primavera,
el esplendor por todas partes, las desnudas sombras de los árboles,
las piedras del camino que hacen tropezar a cada momento
un mundo nuevo, puro,
aún sin alisar.

De momento estaré con él pasando esto,
casi,
pero ese casi es decisivo.

Sería inútil dar explicaciones,
mis palabras de todos modos ya solo son sílabas sin sentido,
señala a través de la cerca un montón de arena, rechina con las suelas,
yo aspiro fuertemente el aire y él
enseguida asiente, emocionado, porque finalmente lo he entendido,
es algo fundamental,
aliento y polvo, frotar y brillar,
amistad y perspicacia.

Pero ese rechinante
casi.

Todavía, en el taller de cerámica,
esperando al psiquiatra
se inventará mejoras,
cómo rallar el papel de lija con colorante de arcilla
y modelar con ello, poner en marcha la producción

            ¡ya sabía yo lo que hacía falta aquí!

y con esa certeza, que lo cambia todo
y sobrepasa cualquier experiencia hasta la fecha,
llevo finalmente a František a ingresar.

Todavía incluso me hago cargo de eso.

Conocimiento y amistad.
Por completo
o casi.


Ni te muevas

En ese libro que no escribiste
había uno que no dejaba de repetir
«lárguense por la puerta trasera»

Pensaste en nuestra extinción.
Vaya, ¡aún queda algo bueno en ti!

¿Pero has visto cómo de noche revoloteaban las chispas por la maleza?
¿Como proyectiles entre las ramas?
Auténticos ríos,
atravesando distintos pisos como si fueran túneles
o puentes de autopistas. En los bronquios de los troncos apilados
unas líneas luminosas
revelaron la perforación, la libertad de la construcción.
La ramificación del fuego escapándose
la ramificación de la madera.
El dibujo del fuego prendiendo
el diseño de la madera
corría como la sangre por las venas.

Por la noche viste llegar
unas piernas y un abdomen
iluminados por una linterna.

Y en otra parte
había como un trozo de barco hundido a medias.
Revelación del paisaje, donde antes la vista
se topaba con una pared
Espacio abierto, obstáculos fuera,
el aire corre, de momento.
De los pisos cuelgan
miles de cables arrancados, tubos, chapas.
Un cuerpo
blanco desgajado.
Observas a las palomas, sentadas en los pisos de cemento agujereado
como en un acantilado.
La naturaleza habita esas nuevas formas, se las apropia en seguida;
aunque sean frescas, creadas ayer o esta mañana
a fuerza de excavadoras.

Una aleta que te arrancaron:
es hora de permitir peces aquí.

Y en otra parte
lo mismo pero en pequeño. Paredes
partidas por la mitad,
vislumbras el papel y sitios donde poner una mesa.
El viento atraviesa el edificio sin terminar, que solo tiene plantas
y una escalera desnuda.
Entras por una esquina, para volver de nuevo.
Habrá una verja rota,
una malla tirada y una columna caída.
Cuando entras y en el pasillo te cruzas con alguien,
te detienes. Hasta que ves que
él también se ha detenido.
Ninguno de los dos
debería estar ahí.

Pasáis uno al lado del otro como si fuerais translúcidos.
Al salir sin embargo borras lúcidamente
todos tus pasos hacia atrás

como si ya no tuviera que haber

ningún
afuera
ninguna sublimación.



La jarra
M. H.

Envejece instantáneamente
en cuanto la agarro con mi mano
y con cada roce envejece de nuevo

Es como si sus paredes justo se acostumbraran a desgastarse
aún chirrían
aún se desgarran y rechinan
dan calor a mi mano
como si las acabaran de cocer

el fondo de la tapa tiene una corteza reseca
las puntas de los dedos tamborilean en ella
las piedras afiladas del arroyo repiquetean entre ellas

y me parece que suena aún más cerca
de dentro de mi cabeza
una repentina falta de presión en el oído que me punzaron

un sonido que ocupa el lugar de todo sonido
un sonido que ensordece el sonido
y se transforma
en roce
en calado
bajo la superficie
donde la cabeza es un hueco cerrado en el que borbotea

secamente

Pero esto que sujeto
se inundará
las astillas desaparecerán en la jarra
la fragilidad del recipiente se empapará y ganará peso
el sonido agudo de los surcos se amortiguará
y su envejecimiento ya nunca estará a mi alcance

Chirríame de nuevo



Salta hacia arriba


Agrisada y alternadamente se pierde al alcance
de una polvareda gris
a la altura de los ojos

Ahora solo es la irritación del aire
que se recoge contra la roca aquí y allá
pero no espera de ella ni el más mínimo movimiento
y ahora hace ya años que viniste aquí
y años en los que ya no tendrás
de donde venir

Ahora todo suena
como un sinsentido porque esa vida más corta
y aún la vida más corta de todas
aquí mismo esboza unas esquirlas resplandecientes
donde cada una de las moscas elige un rayo

Ahora su enjambre salta hacia arriba

Ahora duda un momento todo entero
si volver abajo
pero ya has reconocido tú solo
que no conseguirás perforar el vacío
de ese titubeo te faltan filos
te falta el centro y la roca
rechaza el titubeo y tú
ahora finalmente ves esa roca

En ese gris abrumador que se endureció
tan rápido que lo que ha sido ahora
lo podrían contar todavía
los hijos de tus hijos

Y ahora ya no se extinguirá a tiempo
ni esa roca



En clave
L. K.

Me despertó algo en la columna.
Una tensión
casi como si se fuera a romper,
un terrible dolor, tuve que abrirme paso afuera:
nada de arco
nada de libro

ni libro
ni arco
ya no se podía soportar

Me levanté,
un rato sobre la cama, medio dormido

hasta que conseguí reconocer
qué claves eran
y por qué venían a mí

El arco
fue perdiendo su rigidez,
pronto se curvaba y se tensaba suavemente,
sin romperse.

El libro
finalmente se ablandó por el lomo,
dejó de deshacerse
y pudo abrirse por cualquier página.

Y el dolor se fue deshaciendo
mientras todo iba encajando,
enseguida pude tumbarme
y quedarme tranquilamente dormido.
En todo ese rato no pensé ni una sola vez
en mis vértebras.



Instinctea

Cuando nuestros perros hagan manada
y con una oscura persistencia se rindan
a las leyes de La Gran Escapada
y solo a veces se detengan
a husmear atentamente miles de olores
y con las orejas alerta recojan la improvisación aulladora del viento,
se intercambien miradas ardientes y echen a correr más,
después espero que merezca la pena, en el silencio ininterrumpido
de esos pisos asegurados, releer estas cartas amarillentas
Cuando las antiguas y ridículas costumbres de nuestros perros se disuelvan
en un instinto vigilante colectivo
y las distancias se mezclen en una profunda pista
de miles de solitarios extasiados
después espero que merezca la pena rasgar estos viejos papeles
y bajo la lluvia de trozos inventar frases nuevas
Cuando los perros lleguen cerca de nuestras ciudades de cemento
y con una tranquilidad impenetrable y fría se tumben expectantes
a veces ladrando salvajemente al eco sin más
después espero que merezca la pena
salir a los balcones con paso lento
y ver que ellos también ven



No hay comentarios:

Publicar un comentario