miércoles, 12 de abril de 2017

Un poema de la finlandesa
Henrika Ringbom



"No tengo por qué sacar todas las lámparas que están frente a las ventanas desde el piso hasta el techo para salir por ahí. Puedo huir sin ser observada, sin armar el menor revuelo, llevar mi maleta, la pequeña azul de ruedas, hablar distraídamente con los que están en la habitación -hay una apática e interminable fiesta en estos precisos momentos- girar el pestillo, salir por la puerta y bajar por el ascensor, un cubo enorme de vidrio con vista a las malignas y nevadas montañas barridas por el viento. Hay muchas salidas. Puedo calmarme y encontrar un lugar tranquilo, hacer una llamada, ir por el corredor, ver cómo están interconectados los cuartos, prender las luces una por una, abandonar la recepción y tomar el bus de regreso a la ciudad. Estoy en casa a las ocho, cansada, veo televisión, Law and Order, leo sobre la glándula pituitaria y la regeneración de las células cerebrales, me echo en el hipocampo, en el mar nocturno el resuelto caballo marino engendra rizos de luz que me envuelven, trenzándome con el flujo de la vida, de la muerte."

(De: Öar i ett hav som strömmar [Islas en un mar que corre]
Traducción del sueco de Renato Sandoval B.)

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