lunes, 5 de junio de 2017

Tres poemas de 
Edimilson de Almeida Pereira
(Minas Gerais, Brasil, 1963)




Baúl inglés

Casado, mi viaje empieza.
Dejo a la esposa y algún beneficio
para el recién nacido: pensaré
en él mientras el barco surca
el canal de la mancha. Entiende,
es para el bien de la familia la mudanza.
No amo Birmingham más que Faído,
pero el dinero se planta al otro
extremo del canal de la mancha.
Abriré un hotel distinto y cada
año volveré para saber de los hijos.
(¿Y la esposa? Aparte de lo casero
¿no pide otra merced?)
Entiende, la vida tiene sus suturas.
Conseguí un baúl macizo
donde caben las ansias de quien
se habituó a la montaña y a las
lides de la mañana. (La esposa, además del
delantal, ¿no querrá otro lazo?
¿El fuego que no se aparta y entre
un cariño y otro no se limita
al parto?). Entiende, Birmingham
no está lejos, y este baúl inglés
recibe los saldos que las castañas
de Faído no garantizan. (La esposa
no come, se descabella y las uñas
hieren el viento). Entiende, un hotel
no se abandona así: la lista
de clientes impide otra mudanza.
El amor que me ame entre Faído
y el canal de la mancha. (¿Sedujo la noche
a la esposa? Ella se entregó, qué importa).
Rentas sobran en el banco, clientes en el
hall. El idioma ajeno habla, si me callo.
Calienta la mesa de tanto fruto. Pero
el baúl, ¿por qué se vacía en el lucro?)


Señorita Desesperación

Llamen al amante de blues
voy a golpearlo como boxeur.

En la casa donde vive, lunas
revuelven los ojos hasta hervir.

Llamen al amante de blues
voy a matarlo a conseguir empleo.

Tengo que dañar su iris.
Veo su piel bajo la blusa

moviendo ríos incendios.
Voy a matarlo si me hace feliz.

Llamen al amante de blues
que perseguí días y noches.

Y supe miserable sin hermana.
Llamen voy a matarlo

después ganar dinero.
Quiero ser de las que bailan

hasta cerrar el club y herir
en el tórax a mi compañero.

Es de esos que entran al alma
y que lo hacen a uno arder,

Llamen al amante de blues.
Voy a golpearlo como boxeur.


Precepto

Si alguien quiere matarme
quite los cordones del amor.
No somos la primera sede
sino su querida familia.
La que almuerza el domingo
y se hace miseria por el revés.
El incendio nos asedia
y no come en nuestra mesa.
A menos que su ansia
sea otro mantenimiento.
Si alguien quiere matarme
de amor, baile la aspereza.
Nada aquí se hace sin ritmo.


(Traducción del portugués de Renato Sandoval Bacigalupo)


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