sábado, 27 de enero de 2018

Los dos últimos poemas 
de Edith Södergran
(Finlandia, 1892-1923)

LA TIERRA QUE NO ES

Ansío la tierra que no es,
pues todo lo que es de desearlo ya me cansé.
En runas de plata me habla la luna
de la tierra que no es.
La tierra donde maravillosamente saciaremos nuestro deseo,
la tierra donde caerán nuestras cadenas,
la tierra donde refrescaremos nuestra frente herida
en el rocío de la luna.
Mi vida fue un ardiente espejismo.
Pero he hallado una cosa y una cosa en verdad he ganado:
el camino a la tierra que no es.

En la tierra que no es
va mi amado con una corona esplendente.
¿Quién es mi amado? Es sombría la noche
y las estrellas tiemblan al responder.
¿Quién es mi amado? ¿Cuál es su nombre?
Los cielos se elevan cada vez más alto,
y un hijo de hombre se ahoga en brumas infinitas
e ignora la respuesta.
Pero un hijo de hombre solo es una certidumbre.
Y eleva sus brazos allende todos los cielos.
Y he aquí que llega una respuesta: Soy yo a quien amas
         y al que siempre tú amarás.


LLEGADA AL HADES

Mira, he aquí la ribera de la eternidad,
aquí resuena a su paso la corriente
y toca la muerte entre las matas
su misma monótona melodía.

Muerte, ¿por qué callaste?
Desde lejos hemos llegado
y tenemos hambre de escuchar,
jamás tuvimos un ama
que cantar pudiera como tú.

La corona que no adornó mi frente
en silencio a tus pies la deposito.
Me mostrarás un país maravilloso
donde existan elevadas palmas
y entre columnatas vayan
las olas del anhelo.



(Trad. del sueco de RSB)

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