miércoles, 17 de enero de 2018

Un poema largo, sinuoso, 
alterado y excelente de 
Michele Fianco (Roma, 1968)
UN POEMA DE MICHELE FIANCO
(Roma, 1968)


y me y te (una cuestión metapoética, de amor y demás)

y tú me dices, yo te digo, es la misma cosa en el fondo,
la misma cosa, en el fondo, que se ha, o nos hemos,
reanudado el tiempo en su cuarta dimensión.

(la tarde, el mar y aún demás cosas que no estoy aquí
para especificar), andando, hablando, un poco aquí, un poco allá
perdiendo esa alma veloz, acaso, adentro,

que así, si no el todo, al menos la nada,
que ahora tú me pides y que yo me busco aún,
pero ha sido un exilio para reír, digo lo nuestro,

para reírnos encima, ahora, sin distancias que no sé,
ni antidepresivos de los que te alejan,
un minuto al menos, yo de ti y tú de mí,

pero me parece extraño estar aquí, o casi, de tantos mundos a jirones
que no se puede decir de uno, no se acaba nadie, que,
abajo abajo, al medio, abajo, más o menos oculto, al medio
o bajo, más allá del otro, después de mí, cerca, o antes,
más allá del otro, decía, una pizca del yo, del yo perdido,
que en tanto perdido ya no es el yo y tampoco el esputo,
del yo perdido, de esta hemorragia, mía, de mí, me marcho,
o al menos eso quisiera, de un pensamiento negativo que piensa
solo en sí mismo y que ni siquiera siente el eco y el peso y los pasos
hasta el hueso (ajeno) y más allá, me marcho, o al menos eso quisiera,
y tú lo sabes, pero me parece extraño estar aquí, o casi, cada vez,
de tantos yos ausentes y a jirones, de tantos mundos que
al recordarlos, como recuerdas, no se puede recordar,
que al recordarlos luego, como me dices, no se logra decir,
pero dejo encendido todo, que luego, mientras, abandono,
a la espera, quizás, de un final de efecto, del tipo:
en el ecuador de tantos parloteos que nos (y a mí y a ti)

gira alrededor, si un nudo (esta tarde, en la playa) hemos hecho
es un nudo de agua, que me gusta, en el fondo, eso
de tirarnos adentro, en un silencio piensa en decir lo ya dicho,
al dividir el múltiplo multiplicando la unidad,
¿pero qué haces tú? ¿me esperas acá? bajo esta uña
de luna caída de punta, aquí en medio de la noche,

las tres y media de la madrugada, en extraño discurso,
partido ya, pero ya vuelto,
¿no por esto se puede decir acabado?

En todo caso, podría decirte de todas las cosas, de una cuestión
improbable, por ejemplo, sobre el hecho que me lo susurro
y me vocifero el pensamiento que pienso, que tomo, he tomado,
en préstamo por no sé quién o qué, y que me poco me importa,
que a nadie pertenece, como todo pensamiento, a nadie,
y para mí que me amo, más o menos, piensa si pensase
que fuese yo el pensamiento que pasase, no me sería
tampoco ya de mí mismo, dijese, pero yo lo pienso y,
de lograrlo, diría siempre de lo que no sé, pero de lograrlo,

pero de amor no te hablé, ¿recuerdas? antes de
no sé qué, del extraño giro de las orejas
y los cabellos que descubren, con un final, creo,

sobre la posibilidad de mí por ti (que eres un poco improbable,
¿lo sabes?), no recuerdo cómo, pero de amor,
de algún modo, te he hablado y pienso, pues,

que no hay nada que comprender, pero por favor, comprende, este
largo discurso, esta metáfora extraña,
algunas intuiciones en cadena que, ¡puta!, ya no las tengo

por un buen rato, pero aquí, por lo demás, nadie es mejor
que sí mismo, en esta periferia que no existe
en estos minutos de espera ante de no sé (acaso) qué,

advertir el final: pero yo estoy hecho así y me lloro hoy
el llanto de ayer que ayer lloraba y la espera, mañana
me la acabo desde hoy,
o aún: que se vive así una vida así, a las apuradas,
preparando un espacio donde se muera también así, encima,
no acabándose nunca,
o bien reescribiendo el todo en pocos, últimos versos:
y creo, así, mientras, entonces, acaso, que:
no se parte de, ni se llega a
y yo estaré lo que está al medio después,
emputado
de pie
desilusionado
en esta especie de foto de grupo en que yo.
nuevamente yo,
dígote y repítote,
soy un poco todos;
¿pero no te basta esto para buscarme?



(Traducción del italiano de Renato Sandoval Bacigalupo)

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