lunes, 5 de febrero de 2018

¡RILKE, CUMPLIDO!

Aquí los dos últimos poemas de la primera parte de su trilogía El libro de las horas, es decir, El libro de la vida monástica. Mañana colgaré sus 67 poemas. ¡Lo mejor para todos! (RSB)


Una hora de la orla del día
y a todos está lista la tierra.
Di lo que anhelas, alma mía:

Sé pradera y, pradera, sé lejana.
Ten viejos, viejos y raros túmulos
creciendo cuando haya luna en la
ya pasada meseta.
Date una figura, silencio. Dales figura
a las cosas (es su infancia
y te estarán dispuestas).
Sé pradera, sé pradera, sé pradera,
acaso entonces llegue también el anciano,
a quien apenas distingo por la noche,
con su enorme ceguera
hasta mi casa que escucha.

Lo veo sentado y pensando
sin pasar sobre mí;
todo en él es interior.
cielo y pradera y casa.
Solo las canciones ha perdido,
que ya nunca empieza;
de muchos millares de oídos
las han bebido el tiempo y el viento;
de los oídos de los mentecatos.

*

Y sin embargo me sucede
como si toda canción
honda en mí la evitara.

Él calla tras la barba temblorosa
y quisiera recobrarse
con sus melodías.
Entonces ante él me arrodillo:

y fluyen de vuelta sus canciones
rumorosas hacia él.


(Trad. del alemán de RSB)

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